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| 9/29/2011 5:00:00 PM

David Luna, cuestión de método

Sus competidores afirman que el candidato liberal es uno de los más ordenados, juiciosos y pilos de todos los que aspiran a llegar al Palacio Liévano.

Existen muchos expertos que analizan la personalidad según el tipo de letra de las personas. Si alguno de ellos lo hiciera con David Luna encontraría un hombre ordenado, metódico y responsable. David aspira en pocas semanas llegar al segundo cargo público más importante del país, la Alcaldía de Bogotá.
 
Es el comienzo de una reunión con la comunidad como la de todos los miércoles, asisten habitantes de todas las localidades de la ciudad. Después de unas breves palabras resumiendo su programa de campaña, David pasa literalmente al tablero.
 
Usa un papelógrafo común, con una gran hoja rectangular en blanco, que se va llenando a medida que las personas participan en la reunión.
 
Luna, con muy buena letra, simétrica y ordenada, logra en poco tiempo completar el total del espacio. El resultado es un cuadro de dos columnas perfectamente ordenado donde alcanza a resumir las inquietudes y los comentarios de todos los asistentes.
 
Cada palabra está separada por un espacio simétrico, todos los enunciados tienen un número resaltado, y a continuación el nombre de la persona que participó. Todos se sienten importantes y todos son tenidos en cuenta. Finalmente el resultado es una lista de las preocupaciones y problemas que enumeran los asistentes.
 
Esta forma de trabajar es solo una muestra de lo que ha sido la vida profesional y política de David Luna. Es un hombre joven que ha hecho la tarea. Metódicamente ha ido adquiriendo experiencia para poder hoy aspirar a ser alcalde de Bogotá. A pesar de su entusiasmo, en varias oportunidades durante la reunión salen a relucir los resultados nada satisfactorios de las encuestas.
 
En las últimas elecciones Samuel Moreno llegó a la alcaldía con 920.000 votos, correspondientes al 43,94 por ciento de la votación. Enrique Peñalosa se ubicó en el segundo lugar con 591.373 sufragios (28,24 por ciento), mientras que por William Vinasco votaron 351.098 personas (16,7 por ciento). Con un potencial electoral de 4 millones de votos en Bogotá y un abstencionismo mayor al 50 por ciento se espera que en las elecciones del próximo 30 de octubre acudan a las urnas cerca de 2 millones de votantes.
 
En 2006, cuando participó en las elecciones por la Cámara, Luna logró 103.795 votos. Esto se podría considerar como su fuerza electoral. Este valor corresponde a una cifra muy cercana al porcentaje que hoy le dan las encuestas en la campaña para la Alcaldía de Bogotá.
 
En algún momento de su exposición Luna cita una frase de Winston Churchill y sale a relucir una coincidencia. Ese personaje, considerado como uno de los hombres fuertes de la Segunda Guerra Mundial, tenía una figura bonachona, cara grande y redonda, frente alta, mejillas abundantes y papada generosa. En el caso de Luna, algunos se atreven a decir que es una persona carismática, pero que con su cara infantil no logra la credibilidad y la confianza que la Alcaldía de Bogotá necesita. Es difícil creer que la causa de la poca acogida que ha tenido su campaña se pueda deber solo a eso.
 
En su hogar él es el primero que ha tenido cargos de elección popular. Su familia, liberal, siempre le inculcó el gusto y la dedicación por el servicio público. Su papá se desempeñó como secretario de Gobierno de Bogotá y Cundinamarca. Desde el colegio se interesó por participar en las actividades de servicio.
 
Estudió en el Gimnasio Campestre en Bogotá, como su competidor por la alcaldía Enrique Peñalosa, quien con 12 puntos más que David en las encuestas es uno de los más opcionados a ocupar el cargo.
 
Sus estudios los continuó en la Facultad de Derecho de la Universidad del Rosario. Posteriormente, hizo una especialización y una maestría. Su vida académica la continuó vinculándose como profesor a algunas universidades en Bogotá.
 
Inició en la vida pública como edil, luego fue concejal durante dos periodos, y finalmente escaló al Congreso de la República, donde fue reconocido como el mejor representante del país.
 
La juventud que muchos envidian a él se la critican. Nació en Bogotá el 27 de febrero de 1975, tiene 36 años. Junto con Gyna Parody, con 37 años, y Carlos Fernando Galán, con 34, forman el grupo de los llamados jóvenes en la actual campaña.
 
Pero es importante anotar que en 1988 Andrés Pastrana llegó a la alcaldía con 34 años, lo cual muestra que la edad no es impedimento para ganar las elecciones.
 
Verlo ante la comunidad es ver a una persona vital. Habla de manera fluida, no se equivoca, conoce el discurso. Su tono de voz es enérgico, enfatiza sus palabras con algunos movimientos de sus manos. No se esconde, tiene los brazos relajados, pero con la camisa remangada adoptando una actitud desafiante.
 
Deja ver un reloj naranja y es evidente la ausencia de las múltiples pulseras y adornos que solía usar. Posiblemente la decisión de dejarlas tiene que ver con la popularidad que les dio con su uso el anterior alcalde. Si algo tienen en común todas las campañas actuales, es lo mucho que se esfuerzan por alejarse lo más posible de la imagen del saliente alcalde Samuel Moreno.
 
Cuando habla va caminando por el salón, se acerca a la gente y hace contacto visual. Interrumpe para dar la bienvenida a quienes llegan tarde. Frecuentemente cita a los asistentes recordando su nombre y su inquietud, es lo que muchos llamarían la base de la política participativa y comunitaria.
 
En su exposición anota que los bogotanos hemos sufragado en las últimas elecciones en contra de un candidato, cita varios ejemplos y queda en el ambiente otra posible explicación sobre por qué la campaña nunca ha sido considerada como una opción seria.
 
Los asistentes son diversos como la ciudad. Jóvenes, adultos y niños. Se destaca un hombre mayor, canoso, con buena postura, que luce orgullosamente una corbata roja con un pañuelo vistoso en el bolsillo. Cuando le dan la oportunidad de hablar pasa al frente, lo hace de forma enérgica y cita al glorioso Partido Liberal, lo cual le recuerda a los asistentes que David es candidato por uno de los movimientos tradicionales de Colombia.
 
Se termina la reunión, la gente se para y sale del salón con una sonrisa, han sido escuchados y tienen esperanza, se identifican con una causa. Hay un ambiente festivo y las encuestas que le dan solo el 7 por ciento de favorabilidad se olvidan por un momento.
 
No es difícil imaginárselo en unos años, con algunas canas y luciendo algunas arrugas en la cara, exponiendo sus ideas como lo hace ahora. David seguirá en la política a pesar de los resultados en las próximas elecciones, de eso no cabe la menor duda.

* Estudiante de la Maestría en Periodismo de SEMANA y la Universidad del Rosario.
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