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| 9/28/2011 12:00:00 AM

Gina Parody, con aroma de mujer

Es la única candidata en el grupo de aspirantes. Joven, bonita, inteligente. ¿Qué le falta para ganar?

Dicen que Gina Parody tiene un campo energético tan fuerte, que hace que todos los micrófonos que ella utiliza fallen, no importa el modelo o la marca. Pero su fuerza electoral parece hacer corto circuito. En la última semana las encuestas la ubican en el cuarto lugar de intención de voto de los bogotanos, con el 11 por ciento, y aunque parece poco probable que gane las elecciones, prefiere no hablar sobre el tema.
 
Tiene 37 años y es la única mujer dentro de un grupo de 10 candidatos que luchan por ocupar el segundo cargo político más importante del país, la Alcaldía de Bogotá.
 
Su interés por la política nació en 1995 de la indignación que sintió cuando el entonces ministro de Defensa, Fernando Botero, reveló que el presidente Samper sí sabía que a su campaña habían entrado dineros del narcotráfico. Por esa época, Gina era estudiante de derecho en la Pontificia Universidad Javeriana y al escuchar esta declaración salió a la Plaza de Bolívar con una bandera creyendo que los jóvenes de entonces también saldrían a la calle, pero se encontró con que ella y su gran amigo de la universidad eran los únicos en la plaza dispuestos a expresar su inconformismo.
 
Así llegó a la conclusión de que para empezar a hacer el cambio debía ingresar a la política. Era la manera de no seguir admitiendo muchos de los manejos que se le daban a la política nacional y con los cuales ella no estaba de acuerdo.
 
Esa convicción de una política transparente fue lo que la llevó años después a renunciar al Partido de La U y, por ende, a su curul en el Congreso, al conocerse los nexos de varios congresistas con grupos paramilitares y de la complacencia de su partido y del propio Presidente de la República con estos al no separarlos de sus filas.
 
La sede de campaña de Gina Parody es una casa ubicada en la carrera 7 con calle 69, frente al hospital de reposo La Inmaculada. No hay manera de perderse, en la parte superior de la fachada se puede ver el rostro de la candidata en un cartel gigante. Ya adentro no hay pared alguna a la que le falte un afiche oficial de la campaña. Aún no conozco personalmente a Gina, pero al ver su rostro en cualquier lugar a donde dirijo la mirada la siento cercana.
 
Hoy Gina comenzó su día asistiendo a un foro en la inauguración del Social Media Week junto con los demás candidatos a la Alcaldía de Bogotá. La demora del evento retrasó su agenda y, por supuesto, nuestro programado encuentro.
 
Una hora más tarde llegó a la sede, vestía camisa blanca, pantalón oscuro, zapatos de tono gris plateado de tacón bajo y, como siempre, sus inconfundibles gafas cuadradas. Su arribo parecía más una reunión entre familiares que el encuentro entre una jefa y sus empleados.
 
Una mujer cálida y cariñosa fue la que vi saludando a cada uno de sus colaboradores, los abrazó como si hace días no se vieran, una personalidad que pocos conocen y que contrasta con la imagen de mujer fuerte que a diario vemos en la televisión y oímos en la radio.
 
Imagen que con la precisión de un camaleón vuelve a asumir cuando el bombillo rojo de una cámara de video le indica que está grabando y es momento de presentar su política para los habitantes de la calle. Su postura cambia, es más rígida, lo mismo le pasa a su voz, que cambia a un tono más fuerte que enuncia las palabras con más vehemencia, y a su mirada, que se posa fijamente sobre ese lente de donde no se moverá durante toda su exposición.
 
Es complicado creer que una mujer que en los dos últimos años se ha preparado para asumir este reto, al día de hoy no haya logrado convencer a la mayoría de los bogotanos, a pesar de haber comenzado con el pie derecho la carrera por el Palacio de Liévano cuando las primeras encuestas la ubicaron en segundo lugar, detrás de Enrique Peñalosa.
 
Muchos analistas políticos incluso creyeron que podía subir aún más en las encuestas impulsada por la misma condición que hasta no hace mucho tiempo no le era favorable a alguien que quisiera entrar a la política, ser mujer. Además se infería que posiblemente la buena gestión que han llevado hasta ahora la fiscal general, Viviane Morales, y la contralora general de la República, Sandra Morelli, favorecería la imagen de que las mujeres también pueden asumir estas grandes responsabilidades.
 
Desde cuando comenzó la campaña, Gina no ha tenido tiempo para nada más que recorrer Bogotá y escuchar los problemas de las propias bocas de los ciudadanos en cada localidad. El domingo anterior a nuestro encuentro en la sede, en la mañana, comenzaba una de las tantas jornadas en el sector del Codito, una zona enclavada en las montañas del nororiente de la ciudad.
 
Subir a visitar estos barrios marginales es conocer la otra realidad de Bogotá que la mayoría de ciudadanos no conocen. Los habitantes de este sector tienen que caminar por calles destapadas, que gracias al invierno se convierten en campos de barro, muchas veces habitadas por indigentes y jóvenes que a cualquier hora se detienen solos o en grupo a consumir marihuana u otras sustancias psicoactivas. Las pocas vías pavimentadas, curiosamente, son por las que pasan los alimentadores de Transmilenio. Lo demás está abandonado, según una habitante del sector. Ni siquiera la Policía se toma el trabajo de subir.
 
Estos son sólo unos pocos de los muchos problemas que llevaron a unas 60 personas a reunirse en el viejo salón comunal. Allí esperaban ser escuchadas por la candidata y que ella les ofreciera un salvavidas a tanta injusticia. Infortunadamente esta fue una cita que Gina no pudo cumplir.
 
* Estudiante de la Maestría en Periodismo de SEMANA y la Universidad del Rosario.
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