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| 5/2/2014 12:00:00 AM

Entre las sacadas de piedra y los gamines

¿Por qué el episodio que protagonizó Germán Vargas Lleras llamó tanto la atención? Análisis de Semana.com.

La discusión por el calificativo de gamín dado por el candidato a la Vicepresidencia Germán Vargas Lleras al ciudadano Juan Carlos Santamaría es el hecho más consultado en las páginas web y al que más tiempo le dedicaron en la mañana de este viernes los comentaristas radiales.

¿Qué significa esto? A propósito o no, las campañas de Juan Manuel Santos y Óscar Iván Zuluaga lograron captar todos los focos mientras se invisibilizaron las de Enrique Peñalosa, Marta Lucía Ramírez y Clara López. Así que la primera consecuencia tangible del suceso es la ninguneada a tres de los competidores en la carrera presidencial. Al margen de la valoración negativa o positiva, en términos de conocimiento de los candidatos sacaron provecho.

Con la visibilidad ganada, desde las campañas de Santos y Zuluaga se ha reaccionado con intensidad para defender su punto de vista. “Fue una evidente provocación”, “obedece a una estrategia de sabotaje calculada”, “se trataba de un infiltrado que llegó con la notoria intención de hacer daño”, dicen desde la sede oficial. “El gobierno de Santos se muestra complaciente con las FARC mientras se ponen bravos con los ciudadanos que preguntan legítimamente los asuntos de su región”, “¿Acaso la gente no tiene derecho a averiguar sobre las regalías y del programa de las casas gratis?”, argumentan desde la orilla opositora.

Cada campaña está a esta hora mirando con lupa cómo rentabilizar lo grabado en el video que Semana.com publicó el miércoles en la tarde. Para muchos se ha magnificado un hecho anecdótico. Pero, la pregunta es: ¿pudo haberse evitado? Eugenie Richard, coordinadora de la Especialización en Marketing Político y Estrategias de Campaña de la Universidad Externado de Colombia, le dijo a Semana.com que “lo aconsejable en términos de marketing político es no responder a la provocación y mucho menos generarla”.

Para ella, “Vargas Lleras que ha sido acusado de pertenecer a la política tradicional confirmó esta posición. No fue una buena respuesta la suya. Sin duda había una mejor manera de manejar el asunto sin generar agresividad. Como oligarca de la política tradicional bogotana ha intentado demarcarse, pero esta situación lo comprometió”.

¿Habría tenido el mismo efecto esta discusión sin las posibilidades que brindan las nuevas tecnologías? No. Eso es tan sabido, que quienes se iban a lanzarle tomates a Álvaro Uribe Vélez, como ocurrió durante su campaña al Senado, llegaban con sus celulares en la mano para captar el momento y subirlo de inmediato a las redes.

También en la campaña al Congreso Antonio Navarro fue protagonista de un hecho similar. Navarro estaba promoviendo su campaña política en Cúcuta cuando entró a una tienda. Allí, el líder estudiantil venezolano Lorent Saleh lo criticó con sorprendente agresividad. Durante la mayor parte de la conversación, Navarro intenta guardar silencio y en un momento dado se aleja de Saleh. Este lo llama “cobarde” y Navarro se devuelve para hablarle de trompadas y decirle “cabrón”. Al final de la grabación, Saleh le grita a Navarro que es un viejo financiado por Maduro, quien “está apoyando a esos políticos sinvergüenzas”. Mientras dice esto, una persona se ríe y le dice que todo quedó bien grabado. En segundos, el video está en el ciberespacio y la opinión se empieza a confrontar.

En los tres casos es evidente que hay una intencionalidad para hacer que el político respectivo pierda la compostura ante la cámara. Se trata de llevar al candidato a una situación extrema para saber cómo reacciona. Y eso en plena campaña tiene una dinámica distinta. Mónica Pachón, docente de Ciencia Política de la Universidad de los Andes, cree que la reacción de Vargas Lleras puede explicarse por los momentos de tensión que viven los candidatos. “Siempre el mejor consejo es tratar de argumentar, de ser sensatos, pero son momentos muy difíciles: Ellos están cansados y evidentemente, la gente está en un momento electoral muy intenso”.

En algunas ocasiones, el agresor, sin embargo, no sale bien librado. Fue, por ejemplo, lo que le ocurrió a Antanas Mockus cuando le lanzó un vaso con agua a Horacio Serpa para medir su temple y su capacidad ante la intolerancia en un acto de simbología que fue rechazado por todos. Mockus tuvo que salir a pedir perdón. La solidaridad con Serpa en su momento fue abrumadora y Mockus perdió afectos.

Con Navarro, Uribe y Vargas Lleras, las opiniones están divididas. Quienes los censuran no entienden cómo políticos profesionales que llevan décadas en la discusión, en el debate, en la pelea verbal pueden perder los papeles.

Para ellos tres hay un ejemplo, en el tramo final de la temporada más difícil que ha tenido el Barcelona en la última década. Se trata del defensa Dani Alves a quien un hincha le tiró un banano en pleno partido de fútbol cuando iba a cobrar un tiro de esquina mientras le gritaban: “Mono, mono”. El lateral brasileño con tranquilidad, ante semejante agresión de racismo, se agachó, recogió la fruta y cobró el tiro de esquina.
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