Viernes, 28 de noviembre de 2014

| 2014/06/06 02:00

"En la segunda vuelta hay que votar con la cabeza"

La excandidata presidencial Clara López habla del proceso electoral, de la votación de la izquierda y de las diferencias entre los candidatos.

"En la segunda vuelta hay que votar con la cabeza"

MARÍA JIMENA DUZÁN: Al anunciar su voto por Santos, es claro que usted no cree como su copartidario Robledo, que Santos y Zuluaga son iguales…

CLARA LÓPEZ.:
En muchas cosas son muy parecidos. Lo son en materia del modelo económico. Ambos han defendido los tratados de libre comercio, la apertura indiscriminada que ha llevado a la desindustrialización de país y a la quiebra del campo; ambos han sido partidarios de la privatización no solo de los servicios públicos sino de los sociales y ambos han suscrito el modelo del consenso de Washington. Pero la diferencia sí surge en el tema de las negociaciones de paz en La Habana. El presidente Santos ya lleva tres puntos del acuerdo suscritos y todo indica que el proceso va por buen camino y no tiene sentido que a estas horas de la partida, se ponga en riesgo ese proceso con un cambio de reglas poniéndole nueve condicionamientos que son los que surgen del acuerdo suscrito entre el doctor Zuluaga y la doctora Marta Lucía Ramírez. Esas nuevas reglas podrían llevar finalmente a un rompimiento de los acuerdos y creo que con un proceso de paz tan avanzado no se debe jugar.

M. J. D.: ¿Qué opina de la posición del escritor William Ospina según la cual es mejor votar por Zuluaga porque es el candidato que se opone a la oligarquía?

C. L.:
Sí leí su columna y le quiero decir que me sorprendió. Encontré en ella algo que no me funcionaba bien. El modelo que ha defendido el expresidente Uribe y que ahora defiende el candidato Zuluaga, es el mismo que han defendido todos los gobiernos desde la Constitución del 91. Por eso, decir que el uno es distinto del otro, me parece que no pasa la prueba ácida de los hechos. Y en el tema de la paz y de sus implicaciones en las relaciones internacionales, especialmente con los países vecinos donde hay evidentemente una diferencia fundamental con Zuluaga, Ospina creo que no lo trata con la perspicacia con que él siempre ha hecho sus análisis. Esos vacíos me parecieron fuera de carácter y le vi además una altísima dosis de resentimiento que no conocía en él.

M. J. D.: La  alianza que Santos hizo con Petro no le funcionó porque en Bogotá la gente de izquierda votó por usted. ¿Qué puede pasar en Bogotá para la segunda vuelta?

C. L.:
Yo le dije a un periodista que me lo preguntó hace ya un tiempo, que no pensaba que a Petro le fueran a obedecer los votantes. Habiendo una candidatura de izquierda nadie podía entender que votara por uno de los candidatos tradicionales. Lo que pasa en la primera vuelta es que uno tiene que votar con el corazón por el candidato con el que más se identifica. La segunda vuelta ya es otro cuento. Ahí la persona tiene que votar no con el corazón sino con la cabeza. Bogotá es un electorado libertario que tiene un corazón que palpita la izquierda, que no tiene dueño. Sin embargo la gente libertaria quiere un cambio y está consciente de que ese cambio pasa por la paz de La Habana. En las grandes decisiones que suponen dilemas morales uno no se puede quedar al margen. Y estas decisiones no se pueden tomar en función de quién va a ganar, sino en función de quién eres tú.

M. J. D.: ¿Y usted pensó que iba a tener una votación tan alta, luego de los escándalos que han empañado la imagen del Polo en Bogotá?

C. L.:
Mire, nosotros tuvimos una votación histórica. Dos millones de votos en un partido que viene de tener unas dificultades dramáticas y con una decorosa votación para el Congreso de la República. Pero además, en Bogotá sacamos 500.000 votos, 30 menos que Óscar Iván Zuluaga. Y ese triunfo lo logramos con Aída Avella, en función del respeto, escuchando a la gente, tomándole el pulso a las necesidades reales. El voto no se endosa si no se le dan respuesta a las necesidades legítimas de esas personas. ¿Qué les hemos dicho a nuestros electorales cuando los invitamos a que examinen nuestra argumentación y nos acompañen con su voto en la decisión que tomamos? Que la paz es un fundamento necesario para poder generar las condiciones que permitan que una fuerza como la nuestra pueda seguir creciendo hasta convertirse en una nueva mayoría.

M. J. D.: ¿Si santos gana, le va a deber su triunfo no a los Vargas Lleras, ni a los Gaviria, ni a los ñoños, sino a la centro izquierda?

C. L.:
Sin lugar a dudas,  y no lo digo por vanidad, los votos de izquierda pueden ser definitivos. Pero para que estos le den el triunfo tiene que dar la certeza de que en su próximo gobierno va a unir a lo que se firme en La Habana, un avance en materia social. Usted no construye paz sin hacer cambios fundamentales en la sociedad. Santos le debió su elección como presidente de la república a un sector de derecha-derecha, y si la nueva composición de fuerzas es de otro carácter creo que va a tener las manos más libres. Esta campaña electoral le tiene que haber demostrado al gobierno que tiene que gobernar más conectado con la gente. Cuando usted se acerca a la gente, usted no tiene más remedio que sacar la política social, porque al fin y al cabo para eso se hizo el gobierno: para satisfacer las necesidades de las grandes mayorías y en Colombia desafortunadamente se ha venido gobernando para muy poca gente. Y empezar a gobernar para toda la gente es algo que exige la Constitución. ¿Por qué no podemos empezar a analizar una política real de salarios en este país para que todos se beneficien del aumento del producto? Nadie se escandaliza cuando las utilidades de las empresas del sector financiero suben al 10 o al 15 por ciento anual y se escandalizan cuando el salario sube un 4 por ciento, cifra que es menor que el crecimiento económico, lo cual quiere decir que se está concentrando la riqueza cada vez que el salario crece menos que la economía.

M. J. D.: ¿Y cuándo le picó el bicho de la política?

C. L.:
Pues mire, yo misma no lo sé. Fui dirigente estudiantil, me he propuesto hacer las cosas bien. Hay un gran pecado nacional que tiene que ver con la falta de atención en el detalle. Siempre estoy mirando el concepto, pero sin descuidar el detalle. Sigo el consejo de  mi padre que decía que quien no lee no tiene derecho a hablar y creo haber aprendido a escuchar. Pero además, la política es una devoción. Hace unos días unos muchachos me contaron lo que dijo el presidente Mujica frente a unos jóvenes cuando uno de ellos le confesó que a él le gustaba la plata pero quería ser político. “Mire, si a usted le gusta la plata”, le respondió Mujica, “métase a empresario, comerciante. Pero si le gusta la plata, no se meta a la política”. Yo creo que ese es un muy buen mensaje de lo que se requiere para ser político.

M. J. D.: ¿Por qué mientras a los demás países de América Latina la izquierda llegó al poder, en Colombia eso es una quimera?

C. L.:
Después de la votación que obtuve, creo que estamos en una etapa de expansión. Hace rato que la gente no se venía a afiliar al Polo y ahora eso está volviendo a suceder. Yo soy una fiel exponente de una izquierda moderna que tiene la voluntad de llegar al poder para gobernar bien, con serenidad, con flexibilidad y con atención de los intereses de todos los sectores. Por eso creo que estamos cerquita de ser alternativa  de poder. Lo que pasa es que para eso tiene que cambiar la sociedad.

M. J. D.: ¿Cómo así?

C. L.:
No hay un país de América Latina en el que la violencia política hubiera sido utilizada para poner a la gente hacia la derecha, como Colombia. Y este proceso electoral demostró que hay un país que no está dispuesto a seguir esa estrategia polarizante y que quiere ver más puntos de vista. Mire, en la campaña yo estuve invitada a Fedegán por el doctor Lafaurie, al lado del candidato  Zuluaga y de la candidata Ramírez. Cada cual expuso su oposición y a mí me escucharon con un enorme respeto, hecho que demuestra el cambio de clima que ha habido en el país. Lo digo porque hace algún tiempo a uno ni lo invitaban a esos auditorios supuestamente hostiles. Y le cuento que cuando fui lo hice con la intención de salir por lo menos con un nuevo voto y creo que me  conseguí más de uno.

M. J. D.: ¿Y no será que la guerra ha contribuido a la debilidad de la izquierda en Colombia?

C. L.:
Mire, a los izquierdistas nos pasa lo mismo que a las mujeres con el tema de género. Hace años se le echaba la culpa a la mujer víctima de abuso sexual porque se había puesto una minifalda. A nosotros en la izquierda nos ha pasado lo mismo con el tema de la lucha armada. Si hay unos sectores que han tomado ese camino, pero hay otros que no. Yo represento un partido político civilista que jamás ha tenido que ver con la lucha armada. Y lo que ocurre es que de la misma forma como se estigmatiza a una mujer abusada por haber usado una minifalda, se utiliza el tema de las Farc para estigmatizar a la izquierda que funciona bajo la Constitución y la ley.

M. J. D.: ¿Y cuándo vamos a dejar atrás ese sectarismo que atrapa a la izquierda y que es tan poco moderno?

C. L.:
Eso es cierto, pero en ese campo también estamos mejorando. Mire que por primera vez el partido decidió dejar a sus votantes en libertad para que votaran en conciencia.  

M. J. D.: ¿Cómo una joven izquierdista terminó de novia de Álvaro Uribe?

C. L.:
Conocí al doctor Uribe cuando él era secretario  general del Ministerio del Trabajo del gobierno del doctor López Michelsen, cuando yo era secretaria económica de la Presidencia. Eso fue en la prehistoria. Yo tenía 25 años, y sí salimos, como lo hacen los muchachos. Él era liberal de izquierda y una cosa que me impactó mucho fue que una vez declamó de una manera muy sentida un discurso de Gaitán. Y como yo era de izquierda, eso me llegó al alma. El que veo hoy, es otra persona, tiene otra ideología y lo veo transformado.

M. J. D.: ¿Cree que estamos listos para tener una mujer de presidenta?

C. L.:
No le niego que no es fácil hacer política siendo mujer. Uno se encuentra con casos en los que lo retan a uno como si fuera un hombre. ¿Cuál pelea?... respondo yo…¡si no voy a pelear!  ¿Y qué tal le pareció la pregunta de qué iba a hacer mi esposo si yo era elegida presidenta? Yo no escuché a nadie preguntarle al doctor Zuluaga qué iba a hacer su esposa si él fuera elegido presidente. Me sonó a prejuicio de género. Es la tesis de que las mujeres no pueden ser autónomas y de que el marido les va a estar respirando en la nuca, como ciertos expresidentes le respiran a ciertos candidatos. Eso sucede porque el mundo de la política ha estado reservado para los hombres, pero hasta eso también está cambiando porque ahora ese tipo de comportamientos no son políticamente correctos. Pero mire, el país está pidiendo un cambio y los cambios suceden de pronto. Estuve en Europa la semana antes de la destrucción del muro de Berlín y le quiero asegurar que la víspera nadie pensaba que eso fuera a pasar, ni mucho menos que se fuera dar tan rápido y con tan poco traumatismo. Colombia tiene que hacer eso: tiene que romper la barrera de la desigualdad, de la exclusión, tenemos que aprender a vivir todos en este hermoso país.

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