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| 1/29/2014 12:00:00 AM

Convenciones políticas y la guacherna de carnaval

¿Amañaron Ramírez, Santos, Peñalosa y Zuluaga las convenciones? ¿Por qué? Análisis de Semana.com

Los colombianos deben estar aterrados. ¿Se imagina confiarle los destinos del país a un tramposo? Pues eso, según las acusaciones que hoy gravitan en el ambiente, es lo que va a ocurrir.

Nadie se salva. A Juan Manuel Santos, Óscar Iván Zuluaga, Marta Lucía Ramírez y Enrique Peñalosa, por lo menos, los acusan de amañar los resultados de las respectivas convenciones de sus partidos en las que los eligieron como sus candidatos a la Presidencia de la República. Estas son las denuncias que los propios militantes de La U, Centro Democrático, Partido Conservador y Alianza Verde ventilan sin pudor alguno.

Las quejas abundan en las redes sociales. Y ahí precisamente es donde radica la diferencia con el pasado. Jaime Castro, un curtido liberal con casi medio siglo de experiencia en la arena política, lo dijo alguna vez: “Todas las convenciones están previamente arregladas. Allí se va solo a formalizar una situación”. A esa instancia se acude con el conocimiento previo del deseo de quienes manejan el partido.

Y siempre ha habido inconformes. Incluso algunos han llegado al extremo de armar disidencias que han cambiado la historia del país. Lo hizo Alfonso López Michelsen en 1959, cuando con un grupo de estudiantes de la Universidad del Rosario fundó el Movimiento de Renovación Liberal (MRL) en respuesta al acuerdo ordenado por los jefes del Partido Liberal. El propio López, después, ya en condición de hombre fuerte del partido, armó su maquinaria para impedir el debate con Luis Carlos Galán, quien decidió entonces, en 1982, fundar el Nuevo Liberalismo. Y también, posteriormente, Álvaro Gómez Hurtado creó, en 1990, el Movimiento de Salvación Nacional en disidencia del Partido Conservador.

En su momento, los tres se mostraron indignados, alegaron que era una injusticia y se manifestaron en contra de los poderosos. El eco de sus voces era opacado por la fortaleza de los partidos que eran más fuertes y que, además, contaban con los grandes periódicos que siempre se inclinaban al oficialismo.

“Hoy la cosa es radicalmente opuesta porque cada militante de un partido tiene Twitter”, dice el analista político Ricardo Galán. “Cada cual tiene la posibilidad de hacer llegar la denuncia al ciberespacio”, agrega. Por eso, mientras Pacho Santos iba sintiendo que la aplanadora del uribismo le pasaba por encima, él –en tiempo real– iba dando testimonio de su situación.

Ahora la indignación es inmediata. La lista de lo ocurrido en esta campaña que recién arranca es extensa. Veamos. Primero fue la convención que aprobó la fusión entre los verdes y los progresistas –que dio a luz al movimiento Alianza Verde– y que comenzó con una sonora rechifla a Enrique Peñalosa, a quien sus detractores acusaban de derechista. Aunque no se le pudo derrotar en ese escenario, el representante a la Cámara Alfonso Prada, uno de los hombres de mayor peso entre los verdes, impugnó la convención ante el Consejo Nacional Electoral (CNE) porque, según él, lo que allí pasó “fue un asalto al Partido Verde”.

La convención del Centro Democrático fue una de las más escandalosas. ¿Qué tal el caso de la mesa 31? Resulta que se habían instalado 30 mesas de votación, pero por orden del expresidente Uribe se habilitó una nueva, la misteriosa 31, en la que debían votar las personas que tuvieron problemas a la hora de la acreditación. Esta mesa fue la que recogió el mayor número de votos y la que retardó la votación. Uribe dijo: “Traigan sánduche y gaseosa que esto va para largo”.

En la convención del Partido Conservador la polémica arrancó por la entrega de tiquetes aéreos, hospedaje en hotel cinco estrellas y denuncias según las cuales algunos de los llamados congresistas santistas habían seducido a convencionistas para asistir a Bogotá y votar a favor de la reelección. Durante la convención se abucheó a Roberto Gerlein, la cabeza de lista al Senado del partido, encargado de pronunciar los argumentos por los cuales el partido debía hacer una coalición con otro candidato para las presidenciales. No lo dejaron hablar. “Esto me recuerda la guacherna del Carnaval de Barranquilla”, exclamó.

También en la asamblea de La U hubo hechos llamativos. Los concejales y diputados que tuvieron derecho al voto tenían que ser avalados por los propios congresistas. De los 2.200 concejales aproximadamente con los que cuenta el partido, solo participaron 600. La asamblea se hizo a puerta cerrada, aunque contó con transmisión en streaming. Esta, sin embargo, sorpresivamente se interrumpió cuando en Bogotá le dieron la palabra al opositor Juan Lozano. En su intervención, Sergio Díaz Granados intentó silenciarlo. Como era previsible, Santos ganó la convención y Lozano sigue denunciando.

Estos hechos, sin embargo, no son nuevo. Ha sido una constante en nuestra historia política. La diferencia es que ahora todos estos sucesos son ampliamente conocidos porque, entre otras cosas, pasan entre los electores de Twitter en Twitter.
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