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| 2/26/2014 12:00:00 AM

¿A Antonio Navarro ya no le gusta el ‘sancocho nacional’?

Qué lleva al candidato al Senado a excluir a sus compañeros de la Alianza Verde. Análisis de Semana.com

“No”. Así de corto, así de contundente, respondió hace unos días el cabeza de lista del partido Alianza Verde, Antonio Navarro Wolf, a los moderadores del programa de análisis y opinión Semana en vivo -transmitido por Cablenoticias- cuando se le preguntó si votaría a la presidencia de la República por Enrique Peñalosa en caso de que ganara la consulta de esta colectividad.

En otros reportajes, Navarro ha sido todavía más excluyente y ha anunciado la posibilidad de votar en blanco antes que hacerlo por uno de los considerados mejores alcaldes que ha tenido Bogotá. Y en unos más, ha llegado al extremo de desechar el mecanismo de donde saldrá el candidato presidencial de su movimiento porque se trata de un asunto que no es con él.

“No voy a votar en la consulta ‘verde’, no me compromete”, le respondió el domingo en una entrevista al diario El Tiempo. El periodista le contrapregunta qué por qué, que cómo se explica eso, y él responde escuetamente: "Porque no". El diario le insiste y le dice que en esa elección participa un representante de los Progresistas, Camilo Romero, a lo que Navarro responde firme: “Él no es de Progresistas”.

Pero ¿qué le pasó a Navarro? ¿Por qué está tan duro con Peñalosa? ¿Por qué desprecia a Romero? ¿Hablamos del mismo Navarro que presidió la Asamblea Nacional Constituyente que escribió la Carta Magna que hoy rige en Colombia? Es posible que tanta faena política le haya marchitado el romanticismo.

¿Estamos hablando del ingeniero que sacrificó una carrera promisoria y que dejó a su familia por irse al monte a jugarse la vida con el ideal de que los demás debían vivir mejor, del dirigente guerrillero soñador, del hombre que dejó medio cuerpo en su lucha por ampliar nuestra democracia?

Eran otros tiempos en los que Navarro era el modelo de la inclusión. Su discurso era de acogida para todos los sectores políticos. Insistía, hasta el cansancio, de la necesidad de llegar al poder, y para eso había que hacer el ‘sancocho nacional’, como llamaba el fundador y carismático líder del M-19 Jaime Bateman Cayón la necesidad de juntar a todos los sectores para construir un país en donde hubiera espacio de todos y para todos.

Eran los días en que el M-19 había dejado las armas y estaba decidido a jugársela por la vía legal. “Ofrecemos algo elemental, simple y sencillo: que la vida no sea asesinada en primavera”, decía junto a Carlos Pizarro León Gómez, el sucesor de Bateman.

En el camino, la extrema derecha asesinó a Pizarro. Aun así, Navarro y su combo insistieron en seguir el camino. Llegó la Asamblea Nacional Constituyente y esta fuerza obtuvo la más maravillosa de las recompensas: el voto de la gente. Diecinueve escaños, sólo superados por el Partido Liberal y muy por encima del Partido Conservador.

En esa época Navarro era tan romántico, que lideró un grupo de asambleístas en el que figuraban la poeta María Mercedes Carranza, el conservador Álvaro Leyva y hasta el técnico de fútbol Francisco Maturana, que al final ni siquiera asumió. Semejante lista tan heterogénea respondía a la premisa soñadora de Bateman de trabajar todos unidos para cocinar ese sancocho nacional que tanto deleitaba a Navarro.

Y se produjo el hecho más insólito de la apertura que impulsaba Navarro. Él y el M-19 incluyeron en el puesto 17 de la lista a Augusto Ramírez Cardona, un representante del paramilitarismo del Magdalena Medio. En esta convulsionada región fue donde se puso el huevo de la serpiente de esa máquina de la muerte que desplegaría sicarios por todo el país asesinando inocentes.

En un artículo del portal Verdad Abierta se cuenta la historia. Allí se recuerda que Iván Roberto Duque Gaviria, alias ‘Ernesto Báez’, narró ante fiscales de la Unidad de Justicia y Paz en Medellín cómo se cocinó ese acuerdo con el M-19 porque se lo comunicó personalmente Henry Pérez Morales, comandante de uno de los escuadrones de la muerte en Puerto Boyacá.

“Una vez Henry me mandó llamar y me dijo que me iba a dar una gran noticia -relató alias ‘Ernesto Báez’-. El M-19 estaba dispuesto a incluir un representante de las autodefensas para que ocupara uno de los renglones en la lista de candidatos a la Asamblea Nacional Constituyente, que ese grupo estaba conformando”.

De acuerdo con ‘Báez’, para comienzos de la década del 90, era frecuente la presencia de dirigentes del M-19 en Puerto Boyacá, pues estaban asesorando a la dirigencia de las autodefensas en una posible desmovilización. De ahí la cercanía entre unos y otros. Por ello, ante el propósito de la organización exguerrillera de conformar una lista amplia, de diferentes matices, les ofrecieron un cupo a las autodefensas. “En esa reunión, Henry me dijo que nos habían asignado el renglón 17”, dijo ante la justicia.

En ese reportaje, Álvaro Jiménez Millán, exmiembro del M-19 y uno de los gestores de la inclusión de las autodefensas de Puerto Boyacá en la lista de esta organización política a la Asamblea, justificó la presencia del representante de los paramilitares: “En el año 1989, el M-19 quiere hacer un proceso de paz y decidimos hablar con todos los sectores de poder institucional”.

El propósito de la dirigencia del M-19 era exponer a los paramilitares los puntos centrales de su agenda de negociación, con la consigna de hacer un proceso de paz para el país, no para el M-19; y no quedarse en un simple tránsito de una guerrilla a la vida política, sino transformar la sociedad y la política colombiana, según contó Jiménez Millán. Buscaban el poder con todos los actores de este país. Sin importar su cuestionable pasado y a los criminales que representaba.

Pero ¿cómo le fue al representante de los paramilitares en la redacción de la Constitución que hoy rige al país? “Augusto Ramírez Cardona, probablemente, había sido el más anodino y anónimo de los 74 delegatarios que participaron en la Asamblea Constituyente. Prácticamente nunca abrió la boca. Se limitaba a decir ‘presente’, y la opinión pública escasamente se enteró de que existía”, anota un reportaje de SEMANA de la época.

Sin embargo, tomó visibilidad por un video que fue motivo de amplia discusión: “Esta es una contribución para que amplíes tu consultorio en Puerto Boyacá. Solamente estamos enterados tú, Pablo y yo”, se escuchaba en el audio de un hombre que se autoidentificó como un emisario de Pablo Escobar y en el que terminaba salpicado el asambleísta en medio de la sangrienta pugna entre las autodefensas del Magdalena Medio y su enemigo, el capo del cartel de Medellín.

Eran otros tiempos. Era una época en la que Navarro les abría las puertas a personajes con semejante historial. Entonces, ¿por qué ahora despreciar a uno de los hombres que más saben de urbanismo y que defiende la educación como forma de superación? ¿Si en este momento la Alianza Verde tiene a su lado gente valiosa como Claudia López, Carlos Lozano, Antonio López, Ángela Robledo y Angélica Lozano? ¿Se imaginan a todos ellos jalando el carro para el mismo lado?

Hoy Peñalosa tiene una opción real de pasar a segunda vuelta. Si a su alrededor logran articular un movimiento de centro, que propugne por la modernidad, la decencia y la renovación de las ciudades, podrán soñar incluso con la posibilidad de alcanzar la Presidencia. Entonces, ¿por qué darle palo? ¿Y por qué no invitarlo a participar en el 'sancocho nacional'?
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