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| 5/31/2014 6:00:00 AM

El peso de la maquinaria en las elecciones

En unos comicios reñidos como los que se avecinan, la maquinaria podría hacer la diferencia.

La diferencia entre los candidatos Óscar Iván Zuluaga y Juan Manuel Santos en la primera vuelta para la Presidencia fue de 458.000 votos.

No es una diferencia tan abultada como la que Santos le sacó a Mockus hace cuatro años en primera vuelta (más de 3 millones de votos) pero tampoco tan estrecha como los 18.439 votos que Samper le sacó a Pastrana (en 1994) o los 33.729 votos con los que Serpa asustó al mismo Pastrana (en 1998).

La gran pregunta entonces es si el próximo 15 de junio, cuando se lleve a cabo la segunda vuelta, esa diferencia se mantendrá en favor del candidato del Centro Democrático o se invertirá para beneficio del hoy presidente. Si bien no hay una respuesta contundente, la novedad en esta ocasión es que la maquinaria puede jugar un papel clave para decidir el ganador.

¿Por qué? Basta dar dos datos. El primero es que el domingo pasado, el candidato Juan Manuel Santos sacó 1’674.000 votos menos de los que sacaron en la elecciones legislativas en marzo los partidos que lo apoyan (La U, el Liberal y Cambio Radical). Se dio una operación tortuga de tal tamaño que Santos solo sacó más votos que los que había obtenido su alianza de partidos en Cauca y en los consulados.

Ese fenómeno, además, fue exactamente contrario en los otros cuatro candidatos: todos sacaron más votos en la primera vuelta que los obtenidos por los partidos que los apoyaron en las legislativas de marzo. El caso de Óscar Iván Zuluaga (con 1,7 millones votos más que el Centro Democrático) y el de Clara López (que multiplicó por cuatro la votación del Polo) fueron los más notorios en ese sentido.

Es decir, si las elecciones fueran una ciencia exacta podría pensarse que con que Juan Manuel Santos recupere para la segunda vuelta los votos ‘perdidos’ de sus partidos aliados podría dar un paso clave para voltear la torta a su favor.

Y el segundo dato es que ese fenómeno de votos que se ‘desaparecieron’ de las cuentas de los partidos tradicionales entre las elecciones de marzo y las de mayo se dio sobre todo en los siete departamentos de la costa: el presidente Santos sacó 745.000 votos menos de los que habían obtenido en marzo los tres partidos que lo apoyan y Marta Lucía Ramírez sacó 504.000 votos menos que el Partido Conservador.

Esos sufragios ‘desaparecidos’ en la costa (1’250.000) si llegan a ser capitalizados por alguno de los dos candidatos –Santos o Zuluaga– podrían llegar a ser decisivos. En teoría, el llamado a ganarse una tajada grande de esos votos es Juan Manuel Santos, pues son el caudal electoral de los congresistas de su coalición y de algunos de los gamonales conservadores que se aliaron a su campaña la semana pasada.

En otras palabras, la costa todavía tiene mucho para llegar a su techo de votación. A diferencia, por ejemplo, de otras plazas claves como Bogotá o Antioquia, en donde por el contrario votó mucha más gente el pasado domingo que en las elecciones parlamentarias.

Un congresista costeño, de la bancada de Juan Manuel Santos, hace la siguiente cuenta: “Los votos que recupere Santos en la costa tienen que alcanzar para equilibrar los que Óscar Iván Zuluaga va a recoger en Antioquia y el Eje Cafetero, que es su fuerte. Pero no va a ser fácil”. Si las cosas se dan de esa manera, Bogotá se convertiría entonces en el fiel de la balanza (ver artículo).

¿Por qué la maquinaria no funcionó como suele hacerlo?

En el caso de la maquinaria conservadora, la respuesta es lógica. Los congresistas que estaban del lado de Santos, pero que eran parte de un partido que tenía como candidata a Marta Lucía Ramírez, no movieron su maquinaria, de más de 600.000 votos en la costa, por temor a incurrir en la doble militancia. Como se recordará, el procurador Alejandro Ordóñez les había hecho una advertencia en ese sentido.

En cuanto a la Unidad Nacional, SEMANA habló con varios congresistas y todos coinciden en que la maquinaria no se movió por tres razones: unos dijeron que los logros del gobierno no se han divulgado y la gente no se animó a salir a votar, otros afirmaron que estaban guardando esfuerzos para la segunda vuelta y la queja más generalizada es que la campaña de Santos no dio plata “para los buses, la camiseta y el sancocho” que, según ellos, se necesita para que un líder mueva a su gente el día de votaciones. “Es que a diferencia de las elecciones de marzo, en las que hay que pagar por el voto, en estas, que son más de opinión, lo único que se necesita es llevar a la gente al sitio de votación”, le dijo a SEMANA uno de los congresistas. Y así lo ratifica una líder de Córdoba, citada en El Heraldo: “Antes había vehículos disponibles a todo momento. Le faltó logística a los partidos. Además no hubo recursos para ofrecerle a la gente un refrigerio o una comida, como en otras ocasiones”.

Y es que, de cierta manera, están siendo víctimas de su propio invento. La estrategia de ‘zonificación’ que les ha resultado tan rentable a algunos congresistas para salir elegidos, en las presidenciales se les vuelve un dolor de cabeza. La zonificación consiste en que los candidatos obligan a sus electores a que inscriban sus cédulas en puestos de votación de sitios diferentes a su domicilio para controlar mejor los votos. Por eso, el domingo de elecciones del Congreso, en ciudades como Barranquilla, es prácticamente imposible conseguir un bus o un taxi en la calle porque todos están contratados para transportar electores. Cuando llega el día de las elecciones presidenciales, esos electores, la mayoría de las veces de escasos recursos, no están dispuestos a pagar transporte para ir a votar y sus jefes políticos tampoco tienen mayor estímulo para volver a contratar los buses.

El caso del Atlántico es digno de estudio. En las elecciones parlamentarias fue el gran fenómeno político, pues aumentó de ocho a 11 el número de sus senadores. El departamento con mayor cuota en la cámara alta. Sin embargo, el domingo de la elección de primera vuelta presidencial en sus calles espantaban: solo votó el 24 por ciento de los habilitados para hacerlo.

No es extraño entonces que el presidente Juan Manuel Santos, un día después de su derrota en la primera vuelta, en entrevista en Caracol radio saliera a defender a Ñoño Elías y Musa Besaile, los dos grandes electores de marzo y por ende los reyes de la maquinaria. “Uno no puede condenar a una persona que no ha hecho nada ilegal y decirle que se tiene que ir al ostracismo político o a la cárcel, eso no creo que sea lo más justo”, dijo Santos en defensa de ellos. Aunque luego añadió: “Si se han robado un peso que se pudran en la cárcel”.

El diario El Heraldo de Barranquilla recordaba por estos días que en 1982, cuando Belisario Betancur derrotó a Alfonso López, este último sorprendido porque la votación no fue masiva por los liberales en esa región del país preguntó: “¿Qué pasó en la costa?”.

Ahora la pregunta clave, que puede definir el nombre del próximo presidente de Colombia, es muy parecida: ¿Qué va a pasar en la costa?
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