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| 6/15/2014 12:00:00 AM

La noche en la que Zuluaga perdió la Presidencia

El pasado lunes, en televisión, el candidato del Centro Democrático echó por la borda una exitosa campaña.

¿Qué le pasó a Óscar Iván Zuluaga en la noche del lunes 9 de junio en televisión? ¿Qué lo llevó a insultar al presidente Juan Manuel Santos en vivo y en directo? ¿Por qué? ¿Por qué? La respuesta la tienen él, su familia, su equipo más íntimo de campaña y unas cuantas personas, entre ellas el expresidente Álvaro Uribe Vélez.

Lo cierto es que en la cita con los medios de El Tiempo y La W, Zuluaga echó por la borda la que hasta ese momento había sido una muy cuidada y exitosa campaña política. Hace apenas unos seis meses, Zuluaga era un discreto hombre, tanto que provocaba hilaridad en las redes sociales y que no causaba entusiasmo en las huestes uribistas.

Algunas encuestas incluso lo ponían cerca del margen de error, lo que en plata blanca significa el fin de cualquier aspiración política. Sin embargo, en un esfuerzo monumental y una terquedad sin límites, él continuó la marcha. Madrugaba mucho; cumplía todas las citas; se subía a buses, aviones, carros, el medio que fuera, para honrar su palabra empeñada y llegar a donde había prometido.

Punto a punto fue escalando en las encuestas, punto a punto se fue dando a conocer, punto a punto se ganó la confianza de miles de ciudadanos anónimos que un día decidieron enviar un correo a su favor; poner un afiche con su rostro en la ventana, una cinta al carro con su apellido, hasta que ganó la primera vuelta y sacudió el tablero electoral del país.

Inteligente, conceptual, pacientemente argumentativo, Zuluaga empezó a darle forma a la ilusión de alcanzar la Presidencia. La campaña decidió entrar en un terreno más confrontación pero sin que él entrara a ring. Ese trabajo lo hacían Uribe, Pacho Santos y una guardia pretoriana que con una disciplina férrea y un mismo mensaje iba de medio en medio golpeando a Santos y alabando a Zuluaga como modelo de un cambio necesario.

Zuluaga, sin embargo, se mantuvo en una línea de respeto por el adversario. Dicen quienes lo conocen a fondo que ese ha sido su carácter. Yo quiero testificar que ha sido amable conmigo en las ocasiones que hemos hablado incluso en momentos de tensión por los temas tratados. Por ejemplo, cuando escribí un artículo que se llamó ‘Los líos de los candidatos uribistas con los paramilitares’ publicado en Semana.com.

En el texto recordaba que Francisco Santos, Luis A. Ramos y Óscar Ivan Zuluaga habían tenido escándalos por presuntos vínculos con paras. Tres de los cinco aspirantes del movimiento Centro Democrático, que lideraba en ese momento Uribe, y que buscaban enfrentarse en una consulta popular para elegir el candidato presidencial, habían tenido que aclarar ante la justicia esos nexos.

En el texto afirmé que “en abril del 2007 la revista Cromos publicó un amplio reportaje con Maribel Galvis, en su momento la única mujer investigada formalmente como miembro de los grupos paramilitares. Como dirigente del Movimiento del Pueblo, ella apoyó varias campañas políticas de La Dorada, entre ellas la del entonces exministro de Uribe. Según la explicación de Maribel Galvis, ella brindaba su apoyo a las personas que compartieran su ideario político. Por eso, estuvo en gira con Zuluaga y la excongresista Adriana Gutiérrez. Ese apoyo quedó plasmado en una serie de fotografías que Cromos divulgó”.

Zuluaga me llamó muy respetuoso y me dijo que yo no había escrito la historia completa. Le dije que cuál era la otra parte. Entonces dijo que personalmente vendría a Semana.com para dar la cara por ese asunto. Llegó cumplido, muy formal, con varias carpetas llenas de copias de expedientes. Durante toda la charla fue sereno, tranquilo, llevándose la mano al corazón para defender su honestidad.

Me dijo que no quería hacer una rectificación sino que hiciera una nota de la redacción en la que añadiera que “Semana.com informa que en este artículo periodístico se omitió una información relevante en el caso citado sobre el precandidato presidencial Óscar Iván Zuluaga, en el cual ya hay decisiones judiciales de la Fiscalía y la Procuraduría. El ente acusador decidió ‘inhibirse de abrir investigación en contra’ de Zuluaga, mientras el Ministerio Público determinó ‘decretar el archivo de la actuación adelantada en contra’ del precandidato presidencial”. ¿Nada más?, le pregunté. “Nada más, señor”, me dijo.

Luego nos volvimos a ver para entrevistas y siempre fue educado, a pesar de las preguntas que naturalmente buscaban indagar el pensamiento de este hombre que estaba a punto de convertirse en presidente.

¿Entonces? ¿Qué lo llevó a perder esa compostura ante Santos y decirle lo que le dijo? “Con usted no se puede ser respetuoso.”, “Con usted no se puede ser respetuoso.”

¿El hombre que aspira a gobernar a los colombianos no respeta al jefe del Estado? Si así actúa como candidato, ¿qué irá a hacer cuando tenga el poder?

El uribismo carga un pesado lastre por las acusaciones diarias, reales unas, infundadas otras, de irrespetar las normas, de saltar las leyes porque sí. Eso, sin embargo, no le quita adeptos sino que, por el contrario, le suma. Pero una cosa es Uribe y otra, Zuluaga. Una cosa es que lo diga el político más adorado por una gran parte de colombianos en los últimos años y otra, alguien diferente así lo haga en su nombre.

Para completar, en el debate hubo un corte de comerciales que en teoría habría podido servirle de oxígeno a Zuluaga, pero aumentó su nivel de agresividad y no por él mismo sino por el comercial que se convirtió en una sensación con el nombre de “La loca de las naranjas”.

Al día siguiente, Zuluaga fue a La FM y allí continuó con un nivel de belicosidad que no iba a tono con él, que lo alejaba de quienes habían visto en él a un estadista.

Es una versión que naturalmente en la campaña niegan, pero por eso se tomó la decisión de esconderlo y de incapacitarlo por una gripa para los debates a escasos días de este domingo crucial. Algo inédito en cualquier campaña. La perspicacia aumentó cuando en efecto reapareció para atender medios adeptos y se le vio con buena voz, contrario a lo que se podría pensar de un paciente que sufre una laringitis aguda.

Ya, sin embargo, la suerte estaba echada. Por más humilde o importante que sea todos en Colombia merecen respeto. Las personas y las instituciones.

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