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| 4/1/2014 12:00:00 AM

Las dificultades de Santos para enamorar a Bogotá

El enorme reto del presidente para seducir al electorado capitalino. Análisis de Semana.com.

El solo enunciado estremece: El 60 % de los ciudadanos de Bogotá está en contra de la decisión del presidente Juan Manuel Santos de acatar una orden de la Procuraduría, de destituir e inhabilitar por 15 años al alcalde Gustavo Petro.

Así lo refleja la encuesta Polimétrica de la firma Cifra & Conceptos divulgada en las últimas horas. Santos decidió cumplir el fallo de destitución de Petro por el Ministerio Público, al considerar una falla gravísima el cambio del sistema de recolección de basuras en la capital. Queda claro que el severo castigo fue fijado por Alejandro Ordóñez y que el mandatario se limitó a darle un trámite de rigor, pero también es evidente que a la gente no le gustó lo hecho por el jefe del Estado.

En cualquier otro momento estaríamos en una sonora discusión que se iría apagando con el paso de los días. En este caso es diferente porque el electorado puede pasarle la factura de cobro en las urnas. De hecho, en Bogotá, según la misma encuesta, aumento 11 puntos el rechazo a la reelección al pasar del 58 % al 69 %. En las regiones más cercanas a Bogotá subió escandalosamente del 73 % al 80 %. 

La caída en imagen de Santos también en Bogotá es tenaz. Pasó de tener una imagen ligeramente positiva a una claramente negativa: perdió 17 puntos de imagen positiva (51 % a 34 %) y la negativa se trepó 16 puntos (49 % a 65 %). Si en paralelo a estos números se pone la caída en la intención de voto a nivel nacional en 8 puntos, que, según la encuesta de Polimétrica para Caracol Radio y Red+Noticias, cayó del 31 % al 23 %, el frío entra en el cuerpo.

A la campaña del candidato-presidente le ha costado mucho trabajo enamorar a Bogotá. Al contrario, los últimos hechos muestran una separación que va camino a un divorcio definitivo. Primero fueron los resultados de las elecciones legislativas del pasado 9 de marzo.

El Centro Democrático, del expresidente Álvaro Uribe, logró cinco curules en la Cámara de Representantes por la ciudad y dobló en votos al Partido de la U, el de Santos, que sólo obtuvo dos. Una derrota que es mayor si se compara con los resultados de hace cuatro años, cuando la colectividad que acompañaba a Santos había sido mayoría con siete escaños. Para Santos fue una doble frustración no sólo porque perdió de local, sino porque cayó ante su máximo opositor.

Y eso que en los días previos, el 6 de marzo, Santos había lanzado su campaña para la reelección en el suroccidente de Bogotá en compañía de todos sus barones políticos y en una demostración de su interés por la ciudad. Casi en simultáneo, Santos ordenó a Germán Vargas Lleras, su fórmula presidencial, empezar a recorrer a pie plazas, barrios, tiendas, centros comunales, para contarles a los bogotanos de las virtudes de su reelección. Pero las cosas, parece ser, no calaron.

Cuando Santos tomó la decisión de firmar el documento que sacaba a Petro del Palacio Liévano nombró a Rafael Pardo, un hombre serio, con rango de ministro, excandidato presidencial, para recuperar la ciudad. Así, tras un consejo de ministros, Santos salió en una alocución televisada a anunciar nueve acciones urgentes para sacar la ciudad del estado de postración. Fue un mensaje impactante en las primeras de cambio, pero de inmediato Petro lo acusó de que esas iniciativas eran, en su mayoría, un simple plagio porque ya estaban en el Plan de Desarrollo de la Bogotá Humana de Petro. Un nuevo revés.

Pardo, por su parte, empezó a moverse en varios frentes con los que ganó aplausos. Sin embargo, terminó enredado porque desde el Palacio Liévano se dio la orden de poner a la Policía a borrar los grafitis al considerar que “afean” y “no son artísticos”, y también porque se le ocurrió que el tema del pico y placa se decidía a través de una encuesta. ¿Si a Petro se le acusaba de improvisar por tomar decisiones que afectan a los ciudadanos sin mediar un riguroso estudio técnico, ¿qué decir en este caso?

Y, finalmente, por más que Santos haya dicho de labios para fuera que su intención es nombrar de manera inmediata el reemplazo de Pardo, la decisión de la Casa de Nariño de enviar una consulta al Consejo Nacional Electoral para saber si la terna debe ser de Progresistas o de la Alianza Verde se prestó para acusar al presidente de querer quedarse con el cargo. La Alianza Verde incluso había dicho que de antemano ratificaba la terna que consta de Antonio Navarro, María Mercedes Maldonado y Guillermo Jaramillo. “Que nombre a cualquiera, pero que lo haga rápido”, le dijo una fuente de esta colectividad a Semana.com.

En conclusión, la relación Santos-Bogotá no marcha bien. Y este martes ya el jefe del Estado entró en una agria discusión con Petro en la que se acusan mutuamente de haberse declarado “la guerra”.  Así las cosas, al presidente le ha costado mucho trabajo, tanto en las formas como en el fondo, volver a enamorar a la ciudad. Si no lo hace pronto, habrá más reclamos, más disputas y, como en cualquier pareja que prometía amor eterno, pueden terminar odiándose. Y eso a escasos días de las elecciones es jugar con candela.
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