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| 6/6/2014 9:00:00 AM

Las Fuerzas Militares y las elecciones

Como pocas veces en la historia, los militares y la Policía se volvieron protagonistas del debate presidencial.

La lucha por los corazones y las mentes está que arde. Pero no la clásica que se libra por la simpatía de los civiles en las zonas de conflicto armado, sino, paradójicamente, por los corazones y las mentes de quienes menos se espera: los militares y policías. Por primera vez en muchos años, están en el centro del debate de la recta final de la campaña electoral.

La semana que pasó, la paz, que venía concentrando la energía discursiva y publicitaria de los candidatos, cedió paso a un tema potencialmente muy delicado. Una serie de pronunciamientos, desde ambas campañas presidenciales y desde frentes tan diversos como la Alcaldía de Bogotá y las FARC y el gobierno en Cuba, ha puesto a los militares en el epicentro de un debate que puede tener consecuencias de grueso calibre para la democracia.

El detonante fue un comercial de televisión. El 29 de mayo, la campaña del presidente Santos lanzó una pieza publicitaria en la que este preguntaba a un grupo de personas: “¿Usted prestaría a sus hijos para la guerra?” El mensaje de la campaña pretendía hacer una reflexión para poner fin a un conflicto que ha cobrado miles de vidas de uniformados y civiles. Pero para muchos sectores tuvo un efecto contraproducente y mancilló el honor castrense. Acore, la asociación de militares retirados, publicó una “enérgica protesta” por lo que consideró “un lesivo y humillante mensaje de propaganda electoral” y pidió al Consejo Nacional Electoral ordenar su retiro del aire. En las redes sociales el hashtag de protesta contra el comercial, “#YoPrestoMiHijoParaLaGuerra” hizo furor.

El mensaje se dejó de pasar por los canales privados, pero siguió en el institucional. El martes 3, con la intervención de los dos principales escuderos del presidente-candidato, el tema cobró más vuelo.

El candidato a la Vicepresidencia, Germán Vargas Lleras, le dijo a María Isabel Rueda, en El Tiempo: “Jamás en mi vida había visto integrantes activos de la Policía Nacional involucrados directamente en actividades proselitistas a favor del candidato Zuluaga”. Acusó a los rivales de estar “desinformando a la fuerza pública” sobre sus prestaciones laborales y de hacer “afirmaciones calumniosas” como que en La Habana se estaría discutiendo reducir las Fuerzas Armadas o poner a miembros de las FARC al frente de un eventual nuevo Ministerio de Seguridad Ciudadana. Al parecer, el candidato se refería a una carta firmada por el general retirado de la Policía Héctor Darío Castro, en la que se criticaba ese eventual ministerio.

El expresidente César Gaviria, jefe de debate de Santos, fue más lejos. “Infortunadamente no sólo hay policías sino también del Ejército, hemos recibido quejas de todo el país, nunca en la vida había visto que se perdiera la neutralidad de la fuerza pública de esta forma”, dijo a Caracol Radio.

Otras dos declaraciones enardecieron el avispero. El alcalde Gustavo Petro llamó a que, luego de la firma de un eventual acuerdo de paz, los desmovilizados pudieran entrar a las Fuerzas Armadas. “Me parece que personas que han tenido (vocación militar) puedan permanecer en la carrera militar”, dijo. El ministro de Defensa calificó la idea como “sin pies ni cabeza”.

Al día siguiente, desde La Habana, Andrés París, vocero de las FARC, contestó así a las preguntas de la prensa sobre si se están negociando en la mesa la doctrina militar y los salarios de los militares: “En la Mesa no estamos pidiendo las cabezas de los generales. Estamos exigiendo que se cambie la doctrina militar que tienen en la cabeza esos generales”.

En algunos círculos, como ha ocurrido en otras ocasiones, se asumió que esta respuesta significaba que en la Mesa se estaban discutiendo, efectivamente, temas militares y no, como ha sostenido el Gobierno, que se trata sólo de posiciones declarativas de las FARC expresadas en sus intervenciones públicas, pero no de temas de negociación, pues la agenda los excluye. El ministro de Defensa llamó a “no manosear” a los militares y habló de sectores “que han desinformado, que han dicho mentiras”, sin precisar de quiénes se trataría.

El presidente-candidato revolvió el avispero con otra propuesta: “Si logramos la paz, y la vamos a lograr este año, inmediatamente voy a eliminar el servicio militar obligatorio”, anunció por radio, prometiendo cambiar esa figura por la de un “servicio social obligatorio para todos los colombianos”. La reserva activa militar y de Policía hizo un comunicado de protesta.

Con esta avalancha de pronunciamientos, propuestas y suspicacias, el debate no sólo pasó al centro de la recta final de la campaña, sino que está que ruge en el seno de los militares. Mensajes de texto, cadenas y otras comunicaciones informales que pasan de celular en celular hasta los sitios más recónditos del país tienen a los militares y a sus familiares en ascuas, discutiendo las candidaturas como asunto vital sobre su futuro.

Los retirados, entre otros, han sido de los más activos. Varias de sus asociaciones tomaron partido por Óscar Iván Zuluaga hace unos días, con duras intervenciones de generales retirados como Javier Rey y Harold Bedoya. “Santos da a Fuerzas Militares trato de parias”, trinó el expresidente Álvaro Uribe, una frase de este último en el evento. “Presidente Zuluaga, salve usted la patria”, le había dicho Acore al candidato uribista al darle su respaldo, en una reunión el pasado 21 de abril.

Los trinos del expresidente y su candidato han contribuido no poco a alborotar las cosas. “El presidente Santos hoy coincide con las FARC en que quieren acabar con las Fuerzas Armadas”, dijo en Quibdó el primero y así lo trinó. Zuluaga negó hacer proselitismo entre los militares, pero alegó que “no se puede acusar a los militares de lo que puedan estar pensando políticamente sus familias, se sienten engañadas con este gobierno, que ha retrocedido la moral de las Fuerzas Armadas y que se han deteriorado sus condiciones salariales”. Una orden secreta del segundo comandante del Ejército de cerrar todas las redes sociales de la institución salvo las oficiales, con el argumento de capacitar al personal que las maneja, fue denunciada por el expresidente Uribe en Twitter.

Ha habido hechos insólitos, como la polémica pública, a fines de mayo, entre dos generales retirados. Uno de ellos, Rafael Colón, publicó en el portal Las2orillas una columna en la que defiende la negociación en La Habana y llama “bravucones” a quienes se oponen. Jaime Ruiz, el presidente de Acore, le contestó con un fuerte comunicado y la columna fue retirada de la página web de esa asociación. Por otro lado, como informó Semana.com, tuvo lugar una inédita visita de Piedad Córdoba a Rito Alejo del Río y otros oficiales presos, uno de los cuales le agradeció, hace poco, su gestión con una sentida carta.

Como si todo esto no bastara, los candidatos compiten también por tocar el bolsillo de los uniformados. Un anuncio del presidente Santos, a mediados de mayo, de que restablecería dos bonificaciones para soldados y policías rasos indignó a muchos en las filas como una declaración tardía y electoral. Algo similar intentó Zuluaga, quien, en medio de este debate, prometió recuperar elementos perdidos hace 15 años del régimen prestacional para oficiales.

Desde La Habana, los negociadores del Gobierno intentaron frenar la ola de especulaciones. En una inusual y telegráfica intervención, el general retirado Jorge Enrique Mora, que todos identifican como uno de los ‘duros’ y les habla al oído hasta a los retirados más recalcitrantes, salió a tranquilizar las aguas y afirmó que en Cuba lo que se discute es el desarme y la desmovilización de las FARC. “A pesar de todo lo que han dicho en estos días (las FARC sobre las Fuerzas Militares), ellos tienen que entregar las armas para incorporarse a la sociedad y al sistema democrático de Colombia”, dijo.

Que ni siquiera la declaración del general Mora haya conseguido frenar la especulación es una prueba de lo polarizada que está la campaña y de la cantidad de rumores y desinformaciones que continúan corriendo en el seno de los militares y en la sociedad sobre lo que pasa en La Habana. Todo indica que la batalla por los corazones y las mentes de los militares va a llegar hasta el último minuto antes de la votación del próximo 15 de junio. Ojalá, gane quien gane, se pase esta lamentable página y se tranquilicen las aguas.
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