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| 3/19/2014 12:00:00 AM

Los efectos del caso Petro en Santos y Peñalosa

La solicitud de la CIDH golpea las campañas de dos de los favoritos para pasar a segunda vuelta.

Las medidas cautelares otorgadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) al alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, llegaron en el peor momento para las campañas políticas del candidato presidente Juan Manuel Santos, y del aspirante verde Enrique Peñalosa. “¿Y ahora qué hacemos con eso?”, era la pregunta más repetida en los cuarteles políticos de ambos.

Cualquier decisión que tomen, cualquier palabra que omitan, cualquier gesto, será visto con lupa. Los adversarios de Santos y Peñalosa están atentos para caerles encima digan lo que digan. Si Santos decide aceptar la solicitud le pasarán la factura de cobro. Le dirán que privilegió la opinión de un organismo internacional por encima de las más altas instancias judiciales del país, entre ellos la Procuraduría General de la Nación, el Consejo Superior de la Judicatura, el Consejo de Estado.

Además, en el interior de su colectividad podría tener el primer choque con su fórmula vicepresidencial, Germán Vargas Lleras, para quien Petro, sencillamente, debería hacerse a un lado porque “ha manejado con la mayor improvisación a lo largo de este tiempo la ciudad”. ¿Puede salir Santos indemne si decide proteger a Petro ante las miradas, por ejemplo, de Gina Parody, Carlos Fernando Galán, David Luna, quienes en mayor o menor medida apoyan a Santos y que coinciden en señalar a Petro como un pésimo administrador de Bogotá?

Es posible que si Santos hace lo que le dice la CIDH excusado en las palabras del director ejecutivo de ese organismo, Emilio Álvarez Icaza, que asegura que las medidas cautelares son “de obligatorio cumplimiento” para el gobierno de Colombia, al final pueda maniobrar para no enfadar a sus seguidores de Cambio Radical y La U, especialmente. Pero, por citar otro caso, ¿cómo lo verán los constructores y otros gremios que consideran que Petro es un obstáculo enorme para desarrollar sus proyectos? Todo esto en plena campaña electoral.

La otra opción es que Santos firme la destitución y la inhabilidad de Petro. ¿Qué pensarán los jefes guerrilleros de las FARC en La Habana? Desde cuando comenzó este largo proceso, la guerrilla periódicamente ha puesto en la mesa el tema para decir que aquí no hay garantías políticas para los desmovilizados. El Gobierno les ha aclarado que a Petro no se le inhabilitó y sancionó por su pasado como guerrillero del M-19, sino por haber tomado unas decisiones administrativas que a juicio del procurador fueron una “falta gravísima”. A las FARC ese argumento no les sirve. Se centran en que como Petro es desmovilizado y es de izquierda por eso es que se le persigue.

Para acabar de enrarecer el ambiente, en el documento de las CIDH se recuerda del pasado en la insurgencia de Petro. Es por esto que Santos, que está en plena campaña para la reelección en los comicios del 25 de mayo, está en una encrucijada. Tendrá que decidir en un plazo de diez días si obrará de acuerdo con las decisiones de las instituciones del país o si acata las medidas cautelares. Claro que también puede hacerlo en los próximos minutos como ha trascendido desde la Casa de Nariño. Sea como sea, le van a dar palo.

En la misma circunstancia está Enrique Peñalosa, el otro aspirante que según las últimas encuestas puede pasar a una segunda vuelta. Después de haber tenido confrontaciones muy fuertes con el núcleo duro del petrismo por su candidatura en la Alianza Verde las aguas se calmaron un poco gracias al propio alcalde, quien hizo un llamado público a sus seguidores, a través de su cuenta de Twitter, para que dejaran en paz a Peñalosa.

Pasaron los días y Peñalosa empezó a guardar un prudente silencio sobre Bogotá. Una verdadera paradoja. Si hay algo de lo cual se le valore es su conocimiento de la ciudad. Incluso, con frecuencia se afirma que él ha sido el mejor alcalde que ha tenido la capital.

Tras la consulta, Peñalosa se mostró optimista por la relativa distensión con el sector del petrismo, que es fundamental en su aspiración presidencial. “Estoy seguro de que Antonio Navarro terminará aportándonos sus conocimientos para gobernar este país”, dijo tras conocer la primera encuesta de esta campaña en la que lo daba como ganador.

Peñalosa nombró entonces su fórmula a la Vicepresidencia, la ex viceministra de Educación Isabel Segovia. Esta decisión fue tomada por el ala más radical de los verdes como una afrenta porque consideran que dicha elección es una concesión a Uribe. Peñalosa se defendió y argumentó que si bien ella trabajó en el gobierno de Uribe era excelente en el área de la educación, que es la columna vertebral sobre la que quiere montar el futuro del país.

En esas estaba cuando empezaron a llegarle noticias de la posibilidad de una disidencia de los progresistas, estimulados por la fabulosa votación que tuvo Camilo Romero en la consulta: 700.000 votos. Se trata de una cifra muy importante que ningún candidato puede desechar olímpicamente. Muchos de estos seguidores votaron por Romero porque lo ven como el representante de Petro y de su ideario. Así que Peñalosa también queda en una disyuntiva. Si apoya la salida de Petro, se le viene un amplio sector verde encima. Si no lo hace, se verá como incoherente consigo mismo.

Por eso, este miércoles, cuando Bogotá vive un estado de zozobra y nadie a ciencia cierta sabe a esta hora qué va a pasar, además de Petro, Santos y Peñalosa son los más preocupados por esa noticia que llegó a la media noche y que nadie se esperaba: las medidas cautelares otorgadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
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