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| 1/26/2014 12:00:00 AM

Marta Lucía Ramírez, un dolor de cabeza para Santos

La elección de la candidata conservadora altera los planes del Presidente para reelegirse en primera vuelta. Análisis de Semana.com.

La elección de Marta Lucía Ramírez, este domingo, como candidata única del Partido Conservador a la presidencia de la República, altera por completo la estrategia de Juan Manuel Santos para reelegirse en primera vuelta. Por eso, el triunfo de la exministra de Defensa del gobierno de Álvaro Uribe, debió hacer fruncir el ceño a más de uno en la Casa de Nariño.

En primer lugar porque en Palacio muchos daban como un hecho el apoyo del conservatismo a la causa reeleccionista. En realidad no sólo allí, sino en casi todas partes se creía difícil que esta colectividad decidiera, en las actuales circunstancias, renunciar a las mieles del poder, las cuales ha recibido por cuenta de su participación como segundo partido en la Unidad Nacional, y armar toldo aparte y lanzarse a competirle el cargo a quien hasta ahora era su aliado.

De hecho, buena parte del gabinete pertenece al Partido Conservador, y 18 de 22 senadores apoyan casi que de forma incondicional a Santos. Por eso, la nueva candidata presidencial afirmó que, como consecuencia natural de la Convención, el partido no podía seguir en la Unidad Nacional y sus ministros deben pensar en salir del gabinete, pues así lo decidieron las llamadas bases del partido, que contra todo pronóstico, se impusieron frente al músculo de la bancada parlamentaria. 

No quiere decir esto que mañana los ministros y los senadores vayan a renunciar a acompañar al gobierno, pero sí los pone en una encrucijada que simboliza las dificultades que desde ahora tendrá Santos. Omar Yepes, el presidente del partido, incluso dijo que estarán en la coalición hasta el 7 de agosto.

En segundo término, Martha Lucía Ramírez es una mujer estudiada y preparada. Fue ministra de Comercio Exterior de Andrés Pastrana y dirigió la política de seguridad democrática como ministra de Defensa de Álvaro Uribe. Tiene buena acogida en el establecimiento, es conocida por los militares y ahora apuesta por adueñarse de la maquinaria de uno de los partidos históricos del país.

Pero no quiere decir que tras ganar la Convención esto se traduzca en un pleno respaldo de la colectividad. En el 2010, Noemí Sanín ganó la candidatura del Conservatismo, pero los congresistas decidieron abandonarla y acompañar a Juan Manuel Santos. No sólo lo hicieron de forma escondida en la primera vuelta, sino que al día siguiente de las elecciones se pusieron la camiseta de Santos sin esperar a que su entonces candidata hiciera acuerdos programáticos para acompañarlo en segunda vuelta.

La rebelión de las bases azules

Si bien el triunfo de Martha Lucía fue mayoritario, no tuvo pleno respaldo. Para que la mayoría de convencionistas se inclinara por su candidatura se produjo un hecho con pocos antecedentes. Las bases del partido decidieron revelarse a quienes en teoría son sus líderes naturales, los congresistas, los dueños de los votos, y al cuestionarle el apoyo al gobierno, basado en la llamada mermelada, prácticamente los arrinconaron y los obligaron a abandonar la Convención.


Luego de que los precandidatos Álvaro Leyva, Pablo Victoria y la propia Marta Lucía expusieran sus argumentos para defender su tesis de que el partido debía tener candidato propio, el cabeza de lista de candidatos al Senado, Roberto Gerlein fue abucheado por los convencionistas.

Bronca a Roberto Gerlein en la Convención conservadora. El senador aseguró que nunca antes en un evento del partido Conservador había tenido en riesgo hasta su integridad física.
Guillermo Torres/SEMANA

A Gerlein no le quedó otro camino que reclamar garantías, pero ante el ambiente enrarecido, que amenazaba en convertirse en una auténtica trifulca, prefirió abandonar la Convención. Dijo que temía por su integridad física, y se llevó a más de una decena de parlamentarios, entre los que estaban los poderosos Efraín Cepeda, Hernán Andrade, Eduardo Enríquez Maya, Myriam Paredes, Arturo Yepes, Juan Manuel Corzo, Eduardo Enríquez Maya, entre otros.


A pocas cuadras del Centro de Convenciones de Bogotá, los parlamentarios liderados por Gerlein que no pudieron defender las razones por las cuales consideraban que el partido debía apoyar la reelección de Santos, y que salieron ‘bautizados’ como ‘los mermelados’, intentaron boicotear la convención. Se refugiaron en una pizzería del dentro Internacional de la ciudad y desde allí intentaron desbaratar el quórum y luego censurar la decisión del partido al calificarla de ilegítima.

Pero tras la huida de los parlamentarios, los convencionistas lograron conformar de nuevo el quórum y con 1.190 votos les dieron un golpe a los conservadores santistas al decidir que el partido tendría candidato propio.

Marta Lucía, la más fuerte entre la terna de precandidatos, mantuvo su favoritismo y consiguió hacerse con la candidatura con el respaldo del voto de 1.047 convencionistas. Venció a Pablo Victoria, quien en el ámbito nacional es un desconocido y quien en el pasado sonó por impulsar un 'ruido de sables' durante el proceso 8.000 en la presidencia de Ernesto Samper Pizano. El otro candidato derrotado es Álvaro Leyva, un conservador de izquierda que por la misma razón no le interesa al partido. Además, durante la convención se mostró demasiado visceral, estrategia que no le sirvió para mover la fibra de las bases azules.

La exministra de Defensa del gobierno de Álvaro Uribe asumió el reto de mantener la unidad del partido, que a la luz de la convención prácticamente quedó fisurado, pues por un lado las bases quieren que el partido dé la pelea para disputarle la presidencia a Juan Manuel Santos, mientras que 18 de 22 senadores aún no saben qué va ser de su futuro pues sufrieron una derrota que no estaba en los planes.

Solo cuatro senadores, Juan Mario Laserna, José Darío Salazar, César Tulio Delgado y Jorge Hernando Pedraza, resultaron ganadores en la Convención. Ellos fueron la base parlamentaria con la que Ramírez consiguió derrotar todas las apuestas.

El futuro de Marta Lucía

De la inteligencia de Marta Lucía depende su futuro político. Primer reto, conseguir que los parlamentarios del partido acompañen su candidatura. Incluso, en sus primeras declaraciones a la prensa, no descartó el escenario de que las directivas de la colectividad impongan la llamada “disciplina para perros” para asegurar el respaldo de la maquinaria conservadora.

Pero además, Ramírez puede atraer a Andrés Pastrana que aunque ya no tiene congresistas sí es una voz con eco nacional. Y lo más trascendental, puede incluso llevar a su lado a Álvaro Uribe. En efecto, Uribe tiene hoy su candidato propio que es Oscar Iván Zuluaga, quien no despega. En la última encuesta de Cifras y Conceptos incluso ya fue superado por Enrique Peñalosa que a estas alturas es apenas un precandidato de la Alianza Verde. Es casi natural que si Marta Lucía pasa a una segunda vuelta, todo el uribismo estará con ella. No en vano los primero dirigentes en saludar la elección de la exministra como candidata del Conservatismo fueron precisamente el expresidente Uribe y su candidato Óscar Iván Zuluaga.

Sin embargo, no todos son fortalezas. A pesar de su alta formación académica la gente no la identifica como una carismática líder de balcón en la plaza pública que es donde ahora empieza la campaña política. Por eso, las encuestas la castigan con apenas un 3 % en intención de voto. "Es lógico que las encuestas no me favorezcan porque yo llevaba un año luchando para que el conservatismo tuviera candidato propio. Yo no estaba en campaña sino haciendo un trabajo interno muy fuerte al interior de mi partido. Ahora sí empezaré a hacer campaña fuera", argumenta.

Casi todas las encuestas coinciden en que al final de cuentas, Santos saldrá victorioso y será reelecto presidente. Es bastante probable que esto sea así. Pero para su gobernabilidad era mejor que venciera en primera vuelta. Un hecho que se antoja ahora bastante complicado y aún más con una candidata de un partido que hasta hace muy pocas horas creía que tenía en su bolsillo. En menos de un año Santos pasó de tener el respaldo de cinco partidos políticos a tres.

Guillermo Torres/SEMANA

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