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| 5/10/2014 11:00:00 AM

¡No más guerra sucia en las elecciones!

Los golpes bajos se apoderaron de la campaña electoral. Espionaje, dineros calientes y toda clase de acusaciones salieron a flote. El fiscal tiene la palabra.

¡Qué semana! El sábado una columna de Daniel Coronell en SEMANA reveló supuestos pagos multimillonarios de mafiosos a J.J Rendón y a Germán Chica por un intento de negociación con el gobierno. El domingo María Isabel Rueda acusó a Óscar Iván Zuluaga de haber favorecido, cuando era ministro de Hacienda, a InterBolsa y a José Roberto Arango. El lunes Rendón renunció a su cargo como estratega general de la campaña de Juan Manuel Santos. El martes fue arrestado un hacker, quien le hacía guerra sucia a la campaña de Santos y quien tenía a Zuluaga entre sus clientes. 

El miércoles Fernando Londoño en su columna responsabilizó al presidente y a su hermano Enrique del atentado contra su vida. Ese mismo día Luis Alfonso Hoyos, la mano derecha de Zuluaga en la campaña, renunció después de que se revelara una visita suya con el hacker al noticiero de 'RCN'. El jueves el expresidente Álvaro Uribe acusó al presidente Santos de haber recibido 2 millones de dólares de J.J Rendón en su campaña de 2010. El viernes la campaña de Santos, a través de su gerente Roberto Prieto, demandaba a Uribe por injuria y calumnia. Y al cierre de esta edición, el tema era la noticia de una cuña en radio y televisión de Francisco Santos pidiéndoles a los colombianos que no votaran por su primo el presidente, acudiendo a su condición de familiar, lo que fue visto como un claro golpe bajo.

Los colombianos desconcertados y hastiados por todo este fuego cruzado no tenían claro qué era verdad y qué no. Y no era fácil descifrarlo pues todo se podía mezclar con todo. Uno de los protagonistas principales, J.J. Rendón, había trabajado tanto para Uribe como para Santos. El misterioso hacker que había aparecido en la escena trabajaba para Zuluaga, pero también había trabajado con Rendón y Germán Chica. Luis Alfonso Hoyos había sido embajador de Uribe, gerente del Sena de Santos, y era, en la práctica, el jefe de debate de la campaña de Zuluaga. El salpicón no podía ser más confuso. 

Uno de los ejes de esta guerra sucia es la mancorna J.J. Rendón-Germán Chica. Se conocieron en Miami cuando Chica viajó en 2005 a tomar un curso de estrategia política y J.J. Rendón era uno de sus profesores. Tuvieron buena química desde el primer momento. Cuando Santos estaba organizando el Partido de la U, uno de sus hombres clave fue Chica quien había trabajado muchos años en la Fundación Buen Gobierno y era uno de sus enlaces con la clase política. Cuando se estaba creando La U, Chica le recomendó a  Santos contratar a su profesor venezolano, a quien describió como un genio de la estrategia política. Fue así como Rendón aterrizó en esa campaña parlamentaria de 2006, la cual dio la sorpresa de convertir al nuevo partido en la primera fuerza política de Colombia. Todos los participantes en esa contienda reconocen que Rendón fue absolutamente clave en el éxito. 

Después de eso, Rendón y Chica se volvieron socios. No está claro en qué proporciones ni en qué negocios, pero en todo caso una parte era en la asesoría de políticos que aspiraban a cargos de elección popular. Ese servicio es que era bastante efectivo, muy caro y con dosis de propaganda negativa del adversario. Esa alianza inicialmente sirvió para elecciones de parlamentarios, gobernadores y alcaldes. No era una sociedad de tiempo completo y cada uno tuvo actividades por su lado. Chica llegó a ser candidato a la Gobernación de Risaralda por el Partido Liberal, y  Rendón manejó varias campañas políticas en otros países desde su sede en Miami. 

El dúo dinámico se volvió a unir en Colombia cuando se oficializó la candidatura de Juan Manuel Santos por el Partido de la U en 2010 y J.J. Rendón se convirtió en el estratega de esa campaña. Se le atribuye haber neutralizado a la ola verde dándole un timonazo en las últimas semanas a la campaña de Santos cuando el candidato había empatado en las encuestas con Mockus. Recomendó identificar al candidato con Uribe y dejar a un lado excesos de creatividad que lo desperfilaban.

El presidente Santos siempre ha reconocido el talento de Rendón, a tal punto que en su actual campaña a la reelección, a pesar de estar consciente de la controversia que despierta el personaje, lo volvió a contratar. ¿En dónde entra la propuesta de entrega de los capos el Loco Barrera y Comba en toda esta historia? Todo se remonta al primer trimestre de 2011 cuando Chica, quien era consejero político del presidente, buscó a los abogados de los más pesados narcotraficantes del momento y les hizo una inesperada sugerencia. Les recomendó que se unieran y que le hicieran llegar al gobierno una propuesta de sometimiento a la Justicia que implicara el desmonte del negocio a cambio de generosas concesiones penales. Los mafiosos le cogieron la caña y  Chica decidió reclutar a J.J. Rendón como punta de lanza dado su acceso al alto gobierno. 

Una vez preparada la propuesta se la presentaron a Santos, quien se limitó a decir que no negociaba con narcotraficantes y que si se trataba de un sometimiento real el tema era de la órbita de la Fiscalía y no de la Presidencia. La fiscal Viviane Morales estudió el caso y les notificó a los interesados que con la normatividad vigente era factible un sometimiento pero con penas de cárcel no inferiores a 20 años. Esto no les interesó a los mafiosos, quienes procedieron a buscar otras alternativas, incluyendo una negociación directa con Estados Unidos. El único que la logró fue Comba, pues los demás fueron capturados o dados de baja por el gobierno.  

Esa negociación se manejó con confidencialidad y como no se concretó, la cosa había quedado ahí hasta la semana pasada. La bomba fue cuando Comba desde la cárcel en Estados Unidos confesó ante las autoridades de ese país que él y los otros capos le habían pagado 12 millones de dólares a Rendón por su gestión en esa aventura. Esa confesión llegó a manos de Daniel Coronell, quien llamó al venezolano para confrontarlo. Este reconoció su participación en la transmisión de la oferta, pero negó haber recibido cualquier pago y se ofreció a poner a disposición del columnista la totalidad de sus cuentas bancarias y de sus estados financieros. Aclaró que si se había movido plata el que tenía que saber era Chica, quien era el gestor original de esa negociación. Este último, interrogado por Coronell, respondió que escuchó a “unos intermediarios” decir que le habían entregado a J.J. Rendón “5, 7, 9 o 10 millones de dólares”. Con esa afirmación, publicada en la columna de Coronell, el escándalo explotó. 

Chica decidió defenderse atacando. Como el documento base de la negociación fracasada con los narcotraficantes mencionaba únicamente al venezolano, Chica decidió filtrárselo a algunos medios.  Simultáneamente emitió un comunicado afirmando que Rendón había puesto en peligro su integridad personal y anunció que lo iba a demandar. A su turno Rendón contrademandó. 

Teniendo en cuenta que los dos tenían o habían tenido relaciones de trabajo con el presidente, la atención se centró en este. Santos confirmó esa relación y aclaró que como la negociación fue rechazada no había lugar a ningún debate sobre la conducta del gobierno. Puntualizó que en relación con las actuaciones de Rendón y Chica que tuvieron que ver con su campaña o con su Presidencia nunca hubo nada irregular. En el tono de su aclaración, sin embargo, parecía haber más solidaridad con el venezolano que con el colombiano. “Él está diciendo que no recibió un peso y hay que creerle hasta que no se demuestre lo contrario”, dijo. Los conocedores de Rendón no comparten esta afirmación pues su reputación es la de un hombre efectivo que nunca mueve un dedo gratis.  

En todo caso, en las siguientes 48 horas, Rendón había renunciado a la campaña reeleccionista y Chica a la Federación de Gobernadores y Municipios. Cada uno acusaba al otro de recibir dineros calientes por montos escandalosos. Chica, sintiendo pasos de animal grande en su contra, intentó buscar aliados en las filas del uribismo y al cierre de esta edición se rumoraba que lo habían recibido con bombos y platillos. También se decía que estaba resentido porque lo habían abandonado y que si caía no iba caer solo. 

Dado que Rendón y Chica habían trabajado en la campaña de Santos, el cuento de los 12 millones de dólares era un plato suculento para la oposición a 20 días de la elección. Para sorpresa de todos en 24 horas la torta se volteó y a la campaña a la cual se le vino el mundo encima fue a la de Óscar Iván Zuluaga. 

El fiscal general, Eduardo Montealegre, sorprendió el martes a media mañana con  una rueda de prensa en la que anunció el allanamiento de una oficina clandestina de interceptaciones ilegales y el arresto del hacker que la dirigía. Se trataba de un misterioso personaje de nombre Andrés Sepúlveda, quien habría hackeado a múltiples personalidades relacionadas con el proceso de paz “y posiblemente al presidente de la República”. Pero la verdadera bomba vino cuando agregó que uno de los clientes del hacker era la campaña de Óscar Iván Zuluaga. Aunque inicialmente no estaba probado que esa campaña hubiera utilizado los documentos interceptados, un video presentado por noticias 'RCN' disipó las dudas y puso a esa campaña contra la pared. En él aparecía Luis Alfonso Hoyos entrando al canal con el hacker para ofrecerle al director del noticiero, Rodrigo Pardo, información según la cual guerrilleros estaban intimidando a la población para que no votaran por Zuluaga sino por Santos. La prueba era un supuesto guerrillero desmovilizado, quien estaba dispuesto a contarle al editor judicial del noticiero, Juan Carlos Giraldo, todo lo que sabía. El periodista confrontó la información y la descartó por no considerarla confiable.

El problema era que Hoyos, además de tener el título moralista de ‘asesor espiritual’ de la campaña, es la persona más cercana al candidato y en la práctica su jefe de debate. La carrera política de Zuluaga se debe en gran parte al patrocinio de Hoyos. Él fue quien lo rescató del sector privado y lo llevó no solo a la Alcaldía de Pensilvania, de donde los dos son oriundos, sino que fue su segundo renglón en las listas que lo llevaron al Congreso. Como esta cercanía era de conocimiento público, Hoyos se vio obligado a renunciar a la campaña para apaciguar la tormenta que se avecinaba. El hacker, por otra parte, no era el único de su familia que trabajaba en esa campaña. También  su hermano Luis Carlos y su esposa, la actriz Lina Luna, quien había trabajado en el gobierno de Santos y se había convertido en una uribista rabiosa y en una fanática contra el proceso de paz. La madre de ésta, la suegra de Sepúlveda, también tenía un contrato para enseñarle al candidato a ser más carismático ante las cámaras. 

La guerra sucia ya había producido tres renuncias y el jueves se produjo otra más. La de Fernando Londoño, quien el día anterior había publicado una columna en la cual insinuaba la responsabilidad al presidente Santos y a su hermano Enrique del atentando contra él ejecutado por las Farc. En frente a la columna apareció un editorial distanciándose de ese exabrupto que, sin decirlo, no le dejaba opción distinta a renunciar. Londoño, quien había sido el faro intelectual del Centro Democrático en la cruzada antisantista, no logró que un solo uribista estuviera de acuerdo con su teoría. 

Pocas horas después de esa renuncia llegó otro plato fuerte. El expresidente Uribe, en entrevista con La W, denunciaba a la primera campaña de Juan Manuel Santos por haber recibido 2 millones de dólares de J.J. Rendón para pagar deudas. Maquiavélicamente asociaba esa supuesta donación con los supuestos 12 millones que Comba y el Loco Barrera le habrían dado al venezolano. Uribe capoteó a las fieras de La W pero no aportó ninguna prueba. Manifestó que tenía varias fuentes, incluyendo un prestigioso empresario, cuyo nombre estaba dispuesto a dar a la Fiscalía pero no a los periodistas. 

Esa citación a la Fiscalía va a ser muy jugosa si llega a tener lugar. Como se supone que no va a haber evidencias de ninguna clase, sino simplemente testimonios, habrá que ver cuáles son las personas o el empresario que están dispuestos a respaldar una acusación de esa gravedad. En todo caso todos los acusados negaron contundentemente esa sindicación, y Roberto Prieto, el entonces y actual gerente de la campaña santista, demandó penalmente al expresidente por injuria y calumnia. Por esto la andanada del expresidente, aunque ha hecho daño, probablemente no va a acabar en nada.

En el cruce de fuego de la semana pasada entre las dos campañas no hubo balas perdidas. A dos semanas de las elecciones cualquier ataque contra el adversario, válido o ficticio, puede ser decisivo en el resultado. La anterior campaña de Santos está acusada de dineros calientes y la actual campaña de Zuluaga de espionaje y chuzadas. Una semana como la que acaba de terminar no se había visto en muchos años. 

Sin embargo, las dos acusaciones no son de gravedad comparable. Lo de los dineros calientes no está probado y lo del espionaje sí. La versión de que Rendón le dio 2 millones de dólares a la  anterior campaña de Juan Manuel Santos tiene algo de absurdo. El venezolano es más dado a cobrar millones de dólares por sus servicios que a regalarlos. Ningún empleado tiene por qué regalarle semejante cifra a su jefe. Y como Santos rechazó cualquier negociación con narcotraficantes, el papel del presidente no está en tela de juicio en este escándalo. Lo que está por definirse es si dos intermediarios de la fracasada negociación recibieron el dinero.

El veredicto final sobre este interrogante está en manos de las autoridades, pero lo que todo el mundo sabe es que cuando alguien les pone conejo a los capos de la mafia la deuda se paga con la vida.  J.J. Rendón tiene fama de no trabajar gratis, pero no es un funcionario del gobierno sino un consultor independiente cuyos honorarios y finanzas son un asunto propio. Por campañas presidenciales por lo general cobra unos 2 o 3 millones de dólares fijos y un bono de éxito de 1 o 2 millones más. 

Germán Chica podría ser el talón de Aquiles para el gobierno en ese enredo. Aunque su negociación no prosperó, el hecho de que fuera promovida por él siendo consejero político del presidente tiene una pésima presentación. El rechazo de la propuesta demuestra que se trataba de una iniciativa  personal y no oficial, pero esa diferencia no evita que el gobierno sea blanco de los ataques de la oposición. A diferencia de Rendón, cualquier dinero que Chica haya recibido constituiría un delito pues como funcionario público no podía hacerlo. 

Por el otro lado, la oficina del enigmático hacker es más comprometedora para los uribistas. Sepúlveda es un fanático antisantista y enemigo a muerte del proceso de paz. Sus trinos, en los cuales se menciona muchas veces las palabras muerte, suicidio y matar, demuestran la personalidad de un psicópata. Uno de ellos dice “quiero matarlos a todos”, otro “me gusta el olor a muerte”. El contenido de sus mensajes revela un perfil parecido al de esos estudiantes gringos que un día aparecen en el colegio con una ametralladora. Teniendo en cuenta que esos rasgos de su personalidad eran de conocimiento público y estaban en las redes sociales, sorprende que hubiera sido contratado por una campaña presidencial que debe cuidar su imagen. 

El argumento de que las actividades ilegales de Sepúlveda y su contrato con la candidatura de Zuluaga podían ser una simple coincidencia quedó desvirtuado con su visita en compañía del número dos de la campaña, Luis Alfonso Hoyos, a 'RCN'. Todas las personas que conocen a Zuluaga coinciden en que es una persona honorable y que no tiene el chip maquiavélico que requiere el espionaje cibernáutico. Pero en el uribismo siempre ha existido una cultura corporativa que llegó a excesos como el escándalo de las chuzadas y el espionaje a la Corte Suprema de Justicia. Una vez creado ese ambiente es fácil caer en él y eso pudo haber sido lo que sucedió en esa campaña. Aunque no se saben todavía las responsabilidades individuales el hecho es que el hacker era más cercano a la familia Zuluaga de lo que el candidato reconoció públicamente la semana pasada. 

Todo lo anterior deja las respuestas en manos del fiscal general, Eduardo Montealegre. En sus manos están los casos de cuyos resultados  depende que queden exoneradas o perjudicadas las campañas presidenciales. Como el hacker, para rebajar su pena no tiene otra opción distinta que confesar, es indispensable que esto ocurra  tan pronto como sea posible y que sus revelaciones sean de conocimiento público. Igualmente, es indispensable que se cite a la mayor brevedad al expresidente Uribe para que presente las pruebas que dice tener sobre el pago de 2 millones de dólares de j.j. rendón a la anterior campaña de Juan Manuel Santos. Montealegre no debe darle largas a estos asuntos, pues las revelaciones que han salido y las acusaciones que se han lanzado son de enorme gravedad  y podrían influir la elección del  próximo presidente de la República. Por ahora hay que pedir serenidad y que las propuestas reemplacen los insultos. 
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