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| 3/9/2014 12:00:00 AM

Cambio Radical: el efecto Vargas Lleras

En una jornada de derrotados, el partido es, junto con el uribismo, una fuerza que exhibe resultados positivos.

“Muchos creían que Cambio Radical desaparecería”. Con estas palabras, Carlos Fernando Galán terminó la jornada electoral del pasado domingo y la acompañó, por supuesto, con una generosa sonrisa. No era para más: el partido que dirige obtuvo nueve curules en el Senado y logró así disipar los temores que lo habían rodeado antes de las elecciones.

Los resultados son positivos. En una jornada de derrotados, Cambio Radical es, junto al uribismo, la única fuerza que puede mostrar un saldo positivo. Y los resultados no solo dejan bien parada a la colectividad, sino que también ponen el foco sobre el hombre detrás del buen desempeño: Germán Vargas Lleras.

Antes de las elecciones, las expectativas eran bajas. Los analistas e incluso algunos miembros del propio partido no lograban evitar la incertidumbre. Los más escépticos pintaban un panorama oscuro: decían que el partido no alcanzaría el umbral y que se derrumbaría, formando así una catástrofe que afectaría de paso la imagen de la Unidad Nacional, la del presidente Santos y, por defecto, la de la campaña releccionista.

Pero las predicciones no calaron y la sorpresa es significativa. El partido perdió algo de terreno en Bogotá, pero detenta ahora una curul más en el Senado y puede presentar cifras contundentes: casi un millón de votos para Senado y otro tanto para Cámara.

El significado del resultado solo se entiende al echarle un ojo a la historia reciente del partido. En 2006 Cambio Radical tuvo 17 senadores, en buena parte jalonados por Vargas Lleras que ese año, con 280.000 votos se convirtió en el senador más votado de la historia, un record que hasta ahora nadie le ha podido quitar.

Entonces era la fuerza clave en el Congreso, el tercer socio del uribismo. Pero los escándalos pronto lo afectaron, especialmente aquellos con el sello de la parapolítica. La opinión pública fustigó al partido, que perdió popularidad. En 2010 fue uno de los grandes derrotados, pues ya sin la burocracia uribista su fuerza se redujo a tan solo ocho parlamentarios, siete después cuando su máximo elector de entonces, Javier Cáceres, fue condenado por parapolítica.

Considerando esto, lo sucedido el domingo es un paso más hacia la recuperación de un partido con bases sólidas en algunas regiones y una buena dosis de opinión. Cambio Radical mezcla el carisma de un Carlos Fernando Galán con la maquinaria de un Arturo Char y cabalga así hacia la consolidación de una fuerza modesta, pero firme.

Este avance no habría sido posible sin Vargas Lleras. Como hace cuatro años, el partido necesitó una vez más la enorme palanca de este animal político. La labor de Vargas Lleras es de larga data. Ya desde su tiempo como ministro de Vivienda, el hombre fuerte de Cambio Radical había estado moviendo fichas. Pescaba simpatías mediante sus casas gratuitas y coqueteaba con líderes locales y alcaldes siempre con la mirada fija en réditos electorales. De su paso por la Fundación Buen Gobierno siempre se dijo que lo estaba aprovechando para favorecer, también, a su partido. Y ahora como fórmula presidencial recoge los frutos. La labor pagó y se tradujo en apoyo.

Cambio Radical es un fortín político tradicional. No promete renovación, sino difunde más bien solidez. No mueve pasiones sino, más bien, inspira confianza.
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