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| 5/21/2014 12:00:00 AM

Uribe no descarta desconocer resultados de las elecciones

El Gobierno advierte que sería ilegal desconocer los resultados electorales del domingo.

El expresidente Álvaro Uribe Vélez abrió este miércoles la posibilidad de desconocer los resultados electorales del próximo domingo. El líder del Centro Democrático (CD), que impulsa la candidatura de Óscar Iván Zuluaga, dijo que en este proceso se habían cometido muchas irregularidades.

En diálogo con La W empezó a enumerar las posibles fallas. Entonces los periodistas de la emisora le preguntaron en tres ocasiones si su movimiento CD y su candidato Zuluaga aceptarán el resultado de las elecciones de este 25 de mayo “en caso de una derrota”. Uribe se negó a responder. Previamente el ministro del Interior, Aurelio Iragorri, había advertido que sería ilegal desconocer los resultados.

De esta manera, la campaña electoral llega a un punto extremamente delicado. Los electores acudirán a las urnas tras unas semanas en donde se han impuesto los escándalos, la guerra sucia, las vagas propuestas, elementos que ha enviado un mensaje de desconcierto a una sociedad consciente de que el país atraviesa un momento clave y un posible futuro de paz.

En un análisis de la agencia EFE, se indica que los cinco candidatos, incluido el presidente Juan Manuel Santos, que aspira a la reelección, arrancaron hace más de dos meses sus giras por el país y han llenado de propaganda electoral medios de comunicación y vallas, pero cuesta identificar las propuestas de cada uno más allá del tema de la paz.

Y es que las negociaciones del gobierno de Santos con la guerrilla de las FARC, que han arrojado ya tres acuerdos preliminares, han sido el eje temático innegable de la campaña.

De hecho, el candidato de la Alianza Verde, el exalcalde de Bogotá Enrique Peñalosa, llegó a acusar a Santos de haber impuesto la paz en la campaña para tapar los frentes que no ha atendido en su Gobierno, que a su juicio son salud, seguridad e infraestructura.

Las descalificaciones a la gestión de Santos y las críticas a la figura de la reelección en Colombia marcaron también una primera fase de la campaña, en la que el tedio destacaba en un abanico de aspirantes sin apenas carisma.

EFE explica que para resolver esos vacíos, los publicistas del uribista Óscar Iván Zuluaga le identificaron con la “Z” del Zorro, Santos cambió a su jefe de campaña cuando las cosas empezaron a irle mal y la candidata de la izquierda, Clara López, se soltó literalmente el moño que siempre ha destacado su peinado para darle aire fresco a su propuesta.

Medios de comunicación, universidades y gremios convocaron debates de candidatos a los que asistían siempre Zuluaga, López y la conservadora Marta Lucía Ramírez, pocas veces Peñalosa y nunca el presidente-candidato Santos.

Ramírez llegó a llevar dos sillas de plástico a uno de los debates para evidenciar la ausencia de Peñalosa y Santos, quienes han reconocido que no quieren pelear con sus contendientes.

La campaña se animó, para tristeza de la democracia, cuando a tres semanas de las elecciones comenzaron a aflorar escándalos y una tenaz guerra sucia entre los dos principales candidatos: Santos y Zuluaga, que han llegado a un empate técnico en las encuestas.

Uribe acusó públicamente a Santos de usar, en la campaña de hace cuatro años en la que paradójicamente trabajaban juntos, dinero del narcotráfico tras conocerse que sus más cercanos colaboradores, entre ellos el venezolano J. J. Rendón, había recibido 12 millones de las mafias, a lo que se sumó el descubrimiento de una operación de espionaje a los negociadores en Cuba con el fin de boicotear el proceso de paz, por parte de Zuluaga.

Detrás de esas ilegalidades se esconde, sin embargo, una Colombia que se asoma a un momento histórico, con buenos datos macroeconómicos y una mejora de su imagen en el exterior, pero atada a graves problemas sociales derivados de la desigualdad y del conflicto armado que desangra el país desde hace medio siglo.

Ningún candidato ha sido capaz de comunicar efectivamente su programa de gobierno, a pesar de que todos incluyen propuestas para mejorar servicios básicos, presentadas en un derroche multimedia en sus páginas de internet y redes sociales.

En educación, todos comparten propuestas que aspiran a mejorar la capacitación y situación salarial de los maestros, a ampliar la cobertura y la calidad de la educación de la primera infancia; al tiempo que apuestan por renovar el privatizado sistema de salud para favorecer al paciente y no al empresario.

Solucionar los profundos problemas del campo, que han derivado en protestas durante el 2013 y el 2014, es prioritario para la izquierdista López, que piensa renegociar los tratados de libre comercio y renovar el modelo de desarrollo con un impulso de la industria.

Peñalosa propone un Ministerio del Bienestar Rural; Ramírez, duplicar la producción agrícola y condonar las deudas de los campesinos; Santos construirá más vivienda y empleo en el campo, y Zuluaga, reforzar el enfoque regional en un país centralista.

Mientras, Zuluaga y Ramírez rescatan la “seguridad democrática” de su exjefe, el expresidente Uribe; Santos propone crear el Ministerio de Seguridad Ciudadana con miras al posconflicto, mientras Peñalosa y López son partidarios de fortalecer la justicia más que los esquemas de fuerza pública.

Peñalosa y Ramírez tienen planes de combatir la corrupción, sobre todo la segunda, que promete crear un “Bloque de Búsqueda Anticorrupción”.

La gran ausente en estas campañas, según advierten la Defensoría del Pueblo y el actual vicepresidente, Angelino Garzón, es una política firme de derechos humanos y reconciliación, la base del posconflicto y la Colombia del futuro.
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