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| 12/27/2011 12:00:00 AM

Abellán y Perlaza triunfan en la primera corrida de feria

Cada uno cortó una oreja ante un encierro desigual de presentación y de juego de contrastes de La Carolina. Noche de entrega de los toreros sin respuesta del encierro en el que la mansedumbre fue denominador común.

¿Dos son más que cuatro? Parece que sí. Al menos en este enrevesado mundo del toro, donde las medidas cambian tanto como los sentimientos. Pero, eso, parece, sólo parece, que dos son más que cuatro porque, para ser justos, y no menos ciertos, los cuatro fracasos de La Carolina no alcanzaron a ser redimidos por ese segundo ejemplar que respondió a los cites de Miguel Abellán, ni tampoco por ese último de la noche, aquel que se acordó de su raza en la muleta de Paco Perlaza, para mandar la gente con la sensación de que en Cañaveralejo había sucedido algo importante.

No fue así. La corrida fue larga y monótona. Y baja de raza, con mansos, alguno de libro. Y el empeño de los toreros naufragó en medio de arreones y de huídas. Que lo diga Uceda Leal, dispuesto a sacar agua de donde no había más que piedra.

En el primero, parado entre su condición de descastado y esos kilos que parecían sobrarle la tablilla (no en sus carnes), José Ignacio luchó contra la corriente desde cuando se puso de rodillas para recibirlo y a cambio apenas obtuvo la bofetada del animal, que se quedó a sus espaldas, a tomarle medida del diseño de la chaquetilla. Desde ahí, todo fue trabajo y nada a cambio. Y lo que obtuvo, empujando del carro, no mereció la atención de los tendidos.

El cuarto fue peor, no hizo más que preguntar dónde estaba la salida, mientras convertía el ruedo en un herradero.

Miguel Abellán cortó una oreja en faena de homenaje al temple. El toro mostró tranco para hacerse a él en largo, pero Miguel eligió el otro extremo. Y con esa premisa, la de buscar en la estrechez el éxito, salió triunfante. Hubo torería en esa manojo de naturales dignos de olés más hondos. La transmisión en la embestida del toro de La Carolina le puso color a la noche, más aún cuando Abellán siempre estuvo por encima. Espadazo y trofeo, con palmas al toro en el arrastre.

Pero enseguida le vino la cruz, con ese quinto, tan parecido en lo poco agraciado al inmediatamente anterior. O, para llamarlo por su nombre, con ese toro feo y zancón del que no encontró, tras una vibrante pelea en el caballo, más que amenazas, cada vez que el animal se quedó a vivir abajo, en inmediaciones de las zapatillas. Abellán no se arredró y estuvo firme y dispuesto, en terrenos de compromiso. La gente lo entendió y lo agradeció, por eso asomó la petición, que al final no cuajó. Menos mal. Esas orejas, lo sabe Miguel, no pesan ni valen. Vuelta al ruedo sin reparos.

Y a Paco Perlaza tampoco le llovió maná en el tercero, un ejemplar en el que afloraron todos los defectos, desde pasar por buey en un principio, luego arrollar y atropellar, para terminar en franca estampida de manso.

Tras pagar esa cuota, vino el sexto, el más armónico de todos (como para ratificar el valor de las hechuras), toro que supo cambiar cuando las apuestas a su favor estaban condenadas a la quiebra, luego de escupirse del caballo. Ahí, en el trapo rojo, el animal empujó y repitió encastado, pidiendo pelea. Por momentos, Paco supo plantarse frente a ese huracán, pero a medida que transcurrió la lidia quedó claro que quien ponía las condiciones era ese sexto, al que al final despachó con una estocada a ley. Oreja y palmas al toro.

Sí, pareció que dos son más que cuatro. Pero no, esos cuatro mansos pesaron mucho más en el balance de la noche para concluir que no fue el día de La Carolina.

Ficha de la corrida

Feria de Cali

26 de diciembre del 2011

Primera corrida de abono

Seis toros de La Carolina

Desiguales de presentación. Mansearon primero, tercero, cuarto y quinto, pitados en el arrastre. El segundo se movió y el sexto rompió a bravo en la muleta.

Uceda Leal

Turquesa y oro

Palmas y silencio

Miguel Abellán

Blanco y oro

Oreja y vuelta al ruedo

Paco Perlaza

Teja y oro

Silencio tras aviso y oreja



Detalles:

Buena vara de Jaime Ruiz Soro al quinto de la noche. Menos de media entrada. Noche calurosa, sin viento.
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