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| 2/3/2012 12:00:00 AM

Bolívar y la reconquista de la Santamaría

Este domingo el torero colombiano más importante del momento vuelve a la Santamaría, donde quince días atrás el público cuestionó su toreo y su actuación fue polémica. Bolívar admite que será la tarde clave de su temporada.

Luis Bolívar está empecinado en convertirse en ídolo de Colombia. Bueno, ídolo en una disciplina cada vez menos valorada y más cuestionada por un sector de la sociedad, lo hace mucho más difícil. Luis Bolívar quiere ser el torero de Colombia. Que represente al país en los principales ruedos del mundo, que sea parte de la sociedad, que sea visto como un referente.

Parece lógico que los aficionados a los toros en el país lo acojan como tal. Eso ha sucedido esta temporada en Cali y Manizales, donde la gente que ha ocupado los tendidos se ha aferrado a Bolívar, al punto que ha hecho recordar esas lejanas épocas en que todos se sentían identificados con César Rincón.

Pero sólo fue llegar a Bogotá y comprobar que convertirse en ídolo, así sea entre los propios aficionados, tampoco es fácil. El pasado 22 de enero, Bolívar estaba muy ilusionado por volver a la Santamaría. Más aún cuando en las otras plazas colombianas había demostrado su capacidad para hacer un toreo de mucha calidad, algo inédito en años precedentes.

Bolívar, desde el comienzo, trató de mostrar la nueva dimensión de su toreo. Pero encontró una exigencia poco inusual, extrema. El ambiente, según el torero, “era extraño”. Liderado por un sector de la plaza, reducido, pero “que hacía mucho ruido”. El resto del público, que ese día había llenado la plaza (en buena parte atraídos por Pablo Hermoso de Mendoza) guardaba un silencio cómplice.

Su primer toro de aquel día (de la ganadería Agualuna) era “manso y con genio”, recuerda el torero. “Y no es por quejarme, pero me parece ilógico que ese sector haya tomado partido por el toro”. Bolívar confiesa que sintió algo que poco ha vivido en su carrera. “Alguna gente que solo fue a la plaza con el ánimo de molestar a un torero”.

Pasaron los minutos. El segundo toro de su lote fue un gran toro, tuvo calidad y bravura. Bolívar sintió que lo estaba cuajando. El público lo ovacionaba al final de cada serie de suertes con la muleta. Pero cuando el volumen de las palmas se reducía, se imponía los gritos de “ese sector”, que de nuevo, tomaban partido a favor del toro y que cuestionaban la supuesta falta de torero.

Luis terminó su faena, en el centro del ruedo, donde más riesgo existe para el torero. Se perfiló para matar al toro de Agualuna. Se despojó de su muleta para interpretar la estocada sin el engaño, a cuerpo limpio. El primer intento no resultó, ante un bullicio de la gente que no se explicaba lo que estaba viendo. Bolívar no renunció. Entró de la misma forma por segunda vez. Esta vez dejó la espada hasta la empuñadura en el morrillo del toro, que, por razones lógicas, lo embistió, le rompió su traje de luces, y le causó un ‘baretazo’, como se le dice a esas marcas que dejan los pitones del toro cuando no consiguen atravesar el cuerpo.

La gente dividió sus opiniones. Algunos valoraron el gesto, el de un torero que se jugó la vida para triunfar. Otros lo pitaban, pues consideraban que más que un gesto, era un alarde “pueblerino y chavacano”.

“Eso fue un gesto. Lo hice para tapar muchas bocas. Fue un gesto interior, para demostrar la ambición que tengo. Es algo que no estaba planeado, salió en ese momento. Ya lo había hecho hace siete en años cuando estaba empezando mi carrera, y lo hice en Las ventas de Madrid, la primera plaza del mundo. Allá sí lo valoraron, me significó repetir mis actuaciones. Que acá digan que fue ‘pueblerino o chavacano’, estoy seguro que nadie lo ha visto y no lo volverán a ver. Ni siquiera en un pueblo. Han pasado dos fines de semana y la gente sigue hablando de eso”, dice Luis Bolívar.

En la década de los 70 existió un torero español, Antonio José Galán, que fue figura del toreo, se hizo millonario, entre otras porque mataba con frecuencia a cuerpo limpio. Las cosas parecen distintas ahora. O los aficionados no leen la historia del toreo, o consideran que jugarse la vida sin trampa, incluso de forma tan arriesgada, no tiene mérito.

Este domingo 5 de febrero Bolívar vuelve a la Santamaría. Cómo lo reciba el público es la gran incógnita. Además tendrá que demostrar la calidad de su toreo con una ganadería emblemática, la de Mondoñedo, con fama de difícil y que los toreros españoles que vienen a Colombia suelen evitar.

Luis confiesa que la exigencia puede ser, incluso, superior. Pero está dispuesto a afrontarla. Ha sembrado la polémica. Lo pueden recibir con ‘lanzas’. No le perdonarán un solo fallo, una sola duda. Para Bolívar, puede ser la tarde más determinante de su carrera (lleva 6 años de alternativa). Y está dispuesto a darlo todo.

Si las cosas no marchan bien, ¿volvería a intentar una estocada a cuerpo limpio? “Eso fue un arrebato, de ambición. El domingo quiero poner las cosas en su lugar, tapar las bocas pero con 20 muletazos, cuajar un toro como lo quiero cuajar en la Santamaría, ante la afición más exigente del país”, es su sentencia.

El domingo se lidiarán toros de Mondoñedo, Bolívar alternará con los también colombianos Ramsés (triunfador del pasado domingo y a quien la gente puede arropar) y Santiago Naranjo.
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