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| 7/14/2012 12:00:00 AM

La ciudad del deporte

La capital británica, cuyo romance con el deporte dura ya siglos, se prepara para ofrecer unos juegos olímpicos inolvidables.

Ciertamente si uno piensa en Londres en términos históricos y culturales muchos son los referentes que acuden a la memoria sin orden ni medida: las dos guerras mundiales, la destrucción parcial de la ciudad por culpa de los bombardeos nazis, las trifulcas monárquicas inmortalizadas en mil películas, los normandos y los sajones; las obras de William Shakespeare, Charles Dickens, Arthur Conan Doyle y Rudyard Kipling; Jack el destripador, James Bond, Winston Churchill; el inabarcable imperio que murió a principios del siglo XX y cuya defunción se formalizó en 1947 cuando la India se liberó del colonizador inglés; las intrigas cortesanas, la potencia de sus bancos e inversores, la creación de ese inmenso centro financiero (y de poder) que es la City.

Londres puede presumir de ser, junto con París, uno de los epicentros de la historia mundial, y en ese tablero imaginario en que solo compiten los grandes, el deporte ha ocupado una página de oro de la vida de los londoners.

No, no es solo que Londres haya acogido ya, en 1908 y 1948, dos ediciones de Los juegos olímpicos (los segundos, pocos años después del final de la Segunda Guerra Mundial con un simbolismo monumental) o que en el Reino Unido, con la capital como bandera, se inventaran el fútbol, el tenis, el rugby o el críquet, todos ellos deportes con millones de seguidores, cuyas federaciones tuvieron su primera sede en las calles de la capital británica. Lo cierto es que la ciudad ha sido la primera en potenciar el deporte, en todas sus vertientes, hasta convertirlo en algo más grande que el propio evento.

Londres alberga las legendarias regatas de Oxford y Cambridge, el torneo de tenis de Wimbledon, es asidua organizadora del torneo de rugby de las seis naciones, cuenta con seis clubes de fútbol en la primera división (la Premier inglesa) y centenares más en cada barrio londinense, desde el último rincón de Chelsea hasta los confines del West-Ham. Pero como no solo de fútbol vive el hombre, la ciudad puede, además, presumir de una filiación récord a las asociaciones ciudadanas dedicadas a la promoción del boxeo- del que definieron las reglas en 1867-, el hockey, el squash y el billar, por no hablar de las inacabables actividades deportivas que ofrece un día cualquiera la capital del Reino Unido en ese conjunto de disciplinas que el mundo conoce como atletismo. El deporte en la Gran Bretaña puede llegar a ser un asunto de vida o muerte, en un sentido absolutamente figurado, con el matiz de rivalidad –eso sí- que distingue al londinense de los habitantes de otras ciudades británicas.

Pero el que piense que todo este conjunto de actividades es producto de la modernidad se equivoca. La tradición deportiva londinense se remonta a siglos atrás y adquiere trascendencia en las cortes y los palacios. El fútbol, por ejemplo, el padre (y la madre) de todos los deportes, el más popular y practicado del mundo, empezó su camino (si uno hace caso a los estudiosos ingleses que –obviamente- son parte interesada), allá por el siglo XII, cuando el pueblo se reunía en los campos a las afueras de la ciudad para disputarse toda clase de premios.

La cosa estaba alejada de la sofisticación actual; los equipos podían llegar a tener más de 500 miembros y el campo medía centenares de metros, pero el objetivo era el mismo: ganar. El problema es que con tantos heridos (y hasta muertos) muchos monarcas decidieron prohibir aquel ‘deporte’. De hecho, sin que sea demasiado sorprendente, fútbol y rugby no fueron competencias separadas hasta bien avanzado el siglo XIX, cuando se concretaron las primeras reglas, se tuvo más en cuenta la integridad de los participantes y su número.

La disputa de la edición de los Juegos Olímpicos de Londres 2012, solo prueba que la urbe sigue teniendo mucho que decir en el panorama deportivo mundial. La ciudad ofrece un impecable nivel organizativo que puede impresionar gracias a una estructura de recintos deportivos cuyo nivel de excelencia culmina en el majestuoso Estadio Olímpico, con capacidad para 80.000 espectadores y sede de la ceremonia inaugural. Será la demostración de la implicación total de la población londinense en el evento deportivo más grande del mundo.

En cierto modo, aquel término llamado “guerra profunda” y acuñado para definir la manera en que un pueblo entero se implica en un conflicto bélico, podría usarse en este caso (en un ámbito pacífico, por supuesto), para explicar porqué jamás en la historia de los Juegos Olímpicos ha habido tantos voluntarios alistados por una causa tan noble.

Sea como fuere, Londres ya se muerde las uñas. La ceremonia de inauguración será el 27 de julio y correrá a cargo del director de cine Danny Boyle. Todo está preparado para que estos sean los mejores Juegos de la historia: si alguien puede conseguirlo, esa es Londres.

Estados Unidos ganará los juegos
 
Se calcula que podría obtener entre 100 y 110 medallas de oro
 
En Londres se dirimirán un sinfín de duelos deportivos y, si hacemos caso de las predicciones de las casas de apuestas londinenses (harían falta varias páginas para explicar la pasión de los ingleses por las apuestas, en todos sus estilos y formatos), Estados Unidos repetirá como país con más medallas de oro, ganando entre 100 y 110. Rusia y China serán sus más feroces competidores en ese terreno.

En cuanto a los atletas, y para aquellos que no quieran arriesgar, se aconseja que apuesten por el jamaiquino Usain Bolt en las carreras de velocidad (100 y 200 metros); si desean arriesgar un poco, Mo Farah, la gran esperanza europea en los 5.000 y 10.000 metros les dará algo de suspense. La natación será uno de los grandes campos de batalla, con la reaparición del mítico Ian Thorpe y su enfrentamiento con Michael Phelps (en el apartado femenino habrá que mirar con lupa a la italiana Federica Pellegrini y a la australiana Alicia Coutts); Rafael Nadal y Venus Williams quieren arrasar en el tenis; el japonés Kohei Uchimura podría ser el gran dominador en la gimnasia, después de haber ganado tres títulos en 2011; y en el fútbol, el gran amor de los ingleses durante siglos, parece que España y Alemania se perfilan como los favoritos para hacerse con la medalla de oro, aunque no hay que descartar a los anfitriones: juegan en casa, con todo un país empujando y sin ninguna presión, ya que el equipo nacional no está dando muchas alegrías estos últimos años.

 
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