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| 7/29/2012 12:00:00 AM

Por qué España no rinde (todavía) en los Olímpicos

A pesar de que el país ibérico muestra una enorme superioridad mundial en los deportes masivos, tiene un visible retraso en su rendimiento olímpico. ¿A qué se debe el fenómeno?

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BBC
El caso del deporte español suele desconcertar al público y hasta a muchos comentaristas, debido al contraste entre su poderío en varias disciplinas y su rendimiento relativamente mediocre en los Juegos Olímpicos.

España rige el fútbol mundial a nivel de clubes y selecciones y le disputa a Estados Unidos la hegemonía en baloncesto; también es una potencia indiscutida en tenis, ciclismo, motociclismo y automovilismo, sin contar su destacada participación en otros deportes, como atletismo, golf, hockey, balonmano, fútbol de sala, vela... agreguen ustedes los que faltan en la lista.

El problema es que, a nivel olímpico, el progreso no acompaña necesariamente los resultados individuales en los deportes más populares.

Se necesita, también, el desarrollo de oportunidades en deportes y especialidades que pueden ser oscuros para el gran público, pero que suman medallas.

Y esto cuesta dinero y mucho, pero mucho tiempo y mucho esfuerzo.

León o cordero

Unos dicen que la España olímpica es un enigma, que camina como un león, pero bala como un cordero... otros creen que el león todavía afila sus garras.

Si hacemos un promedio de los pronósticos más difundidos, que dan importancia al desarrollo económico y a factores demográficos, además de lo estrictamente deportivo, España podría obtener en estos Juegos 16 medallas.

Los propios españoles manejan cifras semejantes. El Comité Olímpico Español ha mencionado extraoficialmente 15 medallas, mientras que el diario deportivo Marca, que tiene un público lector ávido de buenas noticias, se arriesga a pronosticar entre 18 y 19 medallas.

Holanda, un país territorialmente minúsculo (41.000 km²), con un Producto Interno Bruto inferior (aunque más per cápita) y una población de 16 millones (España tiene 47 millones), podría obtener el mismo número de medallas.

Países europeos de dimensiones semejantes a las de España, como Francia e Italia, podrían ganar 36 y 29 medallas, respectivamente.

Gran Bretaña es un caso especial porque los pronósticos tienen en cuenta el "factor de localismo", que puede aumentar el número de medallas entre 20% y 54%, según diferentes estudios.

El promedio al que nos referimos da a Gran Bretaña 65 posibles medallas, en contraste con las 47 que ganó en Pekín 2008, un posible aumento de 32%.

Retraso evidente

Lo cierto es que España tiene un visible retraso en su rendimiento olímpico, en comparación con su vitalidad en varios deportes de gran difusión popular.

En esto juegan varios factores históricos que no permiten aplicar los mismos criterios de clasificación válidos en otros países.

En 1992, cuando los juegos se realizaron en Barcelona, España ganó 22 medallas, 18 más que las 4 de Seúl 1988. El aumento fue fenomenal: más que quintuplicó la cifra anterior, indicio del gran atraso del deporte nacional.

Desde entonces no ha alcanzado esa cota: 17 medallas en Atlanta 1996; 11 en Sídney 2000; 19 (aunque sólo tres oros) en Atenas 2004 y 18 en Pekín 2008.

La trayectoria olímpica española tiene hasta ahora tres etapas bien delimitadas.

Fútbol y toros

En primer lugar, el fútbol y los toros acapararon durante mucho tiempo buena parte de la vitalidad de los deportistas y el interés del público.

Los toros, claro, no son deporte olímpico, pero el fútbol dio una satisfacción en 1920, cuando España ganó la plata en Amberes y el oro fue para Bélgica.

Hasta 1980, la presencia olímpica de España fue virtualmente insignificante.

En los nueve Juegos Olímpicos en los que participó entre 1900 y 1976, el país sólo ganó 11 medallas.

De repente, todo cambió: el 20 de noviembre de 1975 murió el dictador Francisco Franco y en diciembre de 1978 fue aprobada la nueva Constitución, dos hitos en un proceso histórico que se ha dado de llamar La Transición Española, conocido también, en el plano cultural, como El Destape.

Suspiro de alivio

La nación había dado un suspiro de alivio que oxigenó la vida política y todas las manifestaciones culturales, de las que el deporte es una parte crucial.

De las dos medallas de plata en Montreal 1976 (vela y piragüismo, especialidades españolas), se pasó de repente en Moscú 1980 a seis medallas: un oro, tres platas y dos bronces; aparte de vela y piragüismo, registraron avances el atletismo, la natación y el hockey.

El rendimiento perdió algo de impulso en Los Angeles 1984, con cinco medallas, y Seúl 1988, con cuatro.

El proceso también se vio favorecido por los sucesivos boicots a los Juegos de Moscú por Estados Unidos y otros países aliados, y los de Los Ángeles por el bloque soviético, que dieron oportunidades adicionales al deporte español.

Pero el aliciente principal fue cultural y económico.

Papel de la Falange

El gobierno de Franco había encomendado el control y el desarrollo del deporte a la Falange, un partido fascista que también dirigía los medios de comunicación.

Dado que la Falange participó activamente en la represión más brutal durante la Guerra Civil y también posteriormente, un buen porcentaje de la población no encontraba ni buscaba en la práctica del deporte una salida a su frustración.

Todo esto cambió durante la Transición.

De la virtual oscuridad se pasó a la media luz entre 1976 y 1988, pero ese mismo año se tomó una iniciativa que significó un gigantesco paso adelante.

Entre las medidas de fomento tomadas por el Estado democrático se cuenta la gestión de la Asociación Deportes Olímpicos, fundada en 1988 e integrada por el Comité Olímpico Español (COE), el Consejo Superior de Deportes (CSD) y Radio Televisión Española (RTVE).

Programa de fomento

Esta asociación administra el Programa Asociación de Deportes Olímpicos (ADO), financiado por empresas públicas y privadas españolas, que hasta los Juegos de Pekín 2008 habían aportado alrededor de 250 millones de euros (US$308 millones).

El programa contempla becas a deportistas con potencial olímpico, incentivos a sus preparadores y planes especiales, que según la ADO abarcan "adquisición de material específico, promoción del deporte femenino, contratación de técnicos, asistencia a competiciones, programas de investigación tecnológica, seguimiento internacional de rivales, control y apoyo sicológico, biomédico y de recuperación..." o sea, todo lo que antes no se hacía.

Con ese aporte económico, que fue decisivo para los Juegos de Barcelona, se ha mantenido el nivel hasta ahora, pero ya es evidente que el sistema está en deuda, que un país con el potencial deportivo de España debería estar, por lo menos, en el mismo nivel que Italia o Francia, y hasta que Gran Bretaña.
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