Para Natalia Springer, su currículum ha sido tanto su fortaleza como su talón de Aquiles. Desde que la analista y consultora terminó en el ojo del huracán por los contratos millonarios que firmó con la Fiscalía y con la Alcaldía de Valledupar, han salido a relucir varios episodios de su vida personal. Su profesionalismo ha sido puesto en tela de juicio y se ha dicho que lo que es en realidad es una mujer entradora con una hoja de vida llena de falsedades. Entre otras cosas se ha ridiculizado que haya cambiado ante notaría sus apellidos Lizarazo García, por el de su marido Springer, hoy socio suyo en los contratos de la Fiscalía. Sin embargo Springer ha asegurado que ella tiene todas las cualidades, que cada uno de sus títulos los “ha ganado a pulso”. Se declaró desconcertada por la forma como han “puesto en duda sus títulos. Dijo, una y otra vez, que siempre fue la mejor del curso y que podían ir a preguntar a todas las universidades por donde pasó, ya que nunca, según ella, “ha pasado desapercibida”. Independientemente del malestar que ha despertado entre ciertos grupos académicos, lo cierto es que Springer tiene títulos que hasta ahora no han sido desvirtuados. Se graduó como psicóloga y politóloga en la Universidad de los Andes. Posteriormente hizo un máster en derechos humanos en la Universidad de Padua, en Italia, y luego un doctorado en filosofía en la Universidad de Viena.