Se cumplieron los pronósticos más pesimistas. Hace un par de meses, el presidente de la Corte Constitucional, Luis Ernesto Vargas Silva, le dijo a Semana.com: “Existe la posibilidad que colapse físicamente el edificio por el peso que tienen los expedientes”. Vargas Silva lanzó aquel presagio en un reportaje de este portal en el que alertaba del riesgo por el altísimo número de tutelas que estaban llegando al tribunal que superaba con creces la capacidad de los funcionarios para evacuarlas. Y en la mañana de este viernes pasó: los costales donde se acumulan las tutelas en los despachos de la Corte se vinieron al piso. Fue un estruendo seco y breve. Hubo amagos de emergencia en la edificación. A pesar del SOS que había lanzado Vargas Silva no hubo quien detuviera esta catástrofe. Se veía venir. La proporción de las tutelas que llegan frente a las que se solucionan es inmensa. En el imaginario de Franz Kafka posiblemente se imaginó semejante laberinto de burocracia: alegatos jurídicos por aquí, por allá, en bolsas, apilados en cuartos, en una sensación de asfixia para el bajo número de empleados que trabajan con ellas. ¿Por qué este fenómeno? La acción de tutela es, sin lugar a dudas, una de las grandes herramientas de los colombianos para hacer respetar sus derechos. A los despachos judiciales llegan a diario, cientos, miles. Tras recibirlas, una buena parte se apilan en bodegas mientras se evacúan una a una. En ocasiones, esto contraría lo ordenado por la Constitución en el sentido de que los jueces y magistrados desbordan el tiempo de respuesta. Por lo tanto se ven en la obligación de suspender los términos de la tutela por falta de trámite. Es decir, las tutelas quedan frenadas. Eso es lo que ocurre desde julio pasado en la Corte Constitucional. El segundo piso de ese tribunal no aguanta físicamente más. Según las fuentes que allí laboran, mensualmente llegan 44.000 tutelas que no pueden ser revisadas. Hoy fue el caos. Incluso, personal de seguridad tuvo que dejar sus actividades para ayudar en el levantamiento de los expedientes, como si se tratara de recuperar escombros luego de una tragedia. (Ver fotografías). La información suministrada a Semana.com fue en tono de angustia: “¡Colapsamos, colapsamos!”, le dijeron a este portal. “Sólo de Bogotá llegan 1.000 tutelas al día, es decir, de 25 a 30 bultos diarios que son transportados en camiones. El problema es muy grande y este fenómeno no tiene dolientes”, dijo uno de ellos. El caso es del todo dramático si se tiene en cuenta que, con este represamiento, miles de colombianos que requieren urgentes soluciones y respuestas a sus necesidades en temas como salud, educación, en fin a sus derechos fundamentales, ven como sus peticiones quedan tiradas y olvidadas en los cuartos oscuros y bodegas sin que nadie les preste atención. En fin, es toda una tragedia que del sistema de justicia que hace agua ante la mirada impotente de los colombianos.