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| 2016-11-05

Los mejores líderes de Colombia

  • Semana
    Natalia Ponce de León. En una sociedad a la que tanto le ha costado dejar el rencor, Natalia Ponce de León encarna una figura excepcional y un enorme ejemplo. Desde que el 27 de marzo de 2014 un vecino suyo le arrojó un litro de ácido, su vida se ha convertido en un testimonio de resiliencia, y las marcas en su rostro en una protesta permanente contra los violentos. Ponce de León no se sometió a la infamia del ataque. No se aisló en la soledad de un cuarto o detrás de una máscara. Esta bogotana de 35 años prefirió enfrentar el horror: reemplazó el miedo por el activismo, el liderazgo y el perdón y, así, logró superar su drama. Conocerla es advertir de inmediato su fuerza y su optimismo. Estos rasgos le han permitido agarrar la bandera de la lucha por los derechos de las víctimas de agresiones con sustancias químicas: un crimen por el cual Colombia sobresale en los más oscuros escalafones internacionales. Creó una fundación que lleva su nombre en la que asesora legalmente a otras víctimas. Promovió la Ley 1773 de 2016, que aumentó las penas a los responsables de estos ataques. Y se ha convertido en una vocera del trato digno y justo ante el sistema de salud, la Policía y el aparato judicial. Todo esto, a pesar de que ha debido someterse a más de 50 cirugías. Los tratamientos, físicos y psicológicos, la acompañan hasta hoy. Pero, sin aparente cansancio, Ponce de León sigue al frente de su causa. En julio, la cadena británica BBC le otorgó en Londres su tradicional premio Outlook Inspirations por su “rol inspirador” y su “coraje”. “Necesito salir y ayudar a mucha gente”, dijo recientemente en una entrevista. “Siento que muchos necesitan ayuda y voy a dedicarles mi vida”.
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    Monseñor Jairo Uribe. “Tener casa propia no es riqueza, pero no tenerla sí es pobreza”, es el eslogan de una de las fundaciones más prestigiosas de la Iglesia católica en el suroeste del país: la Corporación Diocesana Pro Comunidad Cristiana. Monseñor Jairo Uribe Jaramillo es un sacerdote lleno de humor y con un corazón tan grande como su nariz, de la cual él mismo hace chistes. Uribe es el arquitecto de una fundación que ya cumple 43 años y opera desde Cartago, Valle del Cauca, aunque ya logró extender sus proyectos hacia otras regiones como el Eje Cafetero y Chocó. La fórmula de su éxito es sencilla: canalizar bondad y solidaridad. Esos dos conceptos acompañados de una buena gestión le permitieron sumar 35 aliados estratégicos, que van desde empresas privadas y entidades oficiales hasta organismos internacionales que creen en sus obras.  Los resultados hablan por sí solos; hoy la corporación se da el lujo de mostrar cifras sorprendentes como 27.000 casas construidas y 32.000 mejoradas. También tiene en marcha una entidad crediticia para familias que no tienen acceso al sistema financiero; promueve huertas caseras para ancianos; sostiene tres comedores; dirige el banco diocesano de alimentos y hasta un ropero. Dicho en otras palabras, la Corporación Diocesana se convirtió en un laboratorio social de la mano de un sacerdote que se puso el overol y comprendió que, para tejer comunidades, se debe empezar por brindarles techo propio a las familias más necesitadas y a partir de allí construir el concepto de hogar, familia y sociedad.
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    Iván Duque Márquez. Uno de los senadores del Centro Democrático que más ha sobresalido en los últimos dos años en el Congreso y en escenarios políticos y académicos es el abogado bogotano Iván Duque Márquez. Con el paso de los meses se ha convertido en uno de los principales contradictores del gobierno en los temas económicos, que son su fuerte, donde se ha lucido por la claridad y contundencia de sus argumentos. Tanto aliados como adversarios destacan la seriedad con que aborda diversos temas, desde la venta de Isagén, los costos de Reficar, los problemas minero-energéticos hasta los acuerdos de La Habana donde defendió su posición y la del Centro Democrático en favor del voto por el No. Al contrario de otras figuras políticas, no genera resistencia porque es un hombre de ideas progresistas, que escucha a la contraparte y acoge sus posturas si las considera convenientes para el país. “La oposición debe venir acompañada de la proposición”, dice Duque, orgulloso de ejercer la política que siempre ha soñado, es decir, sin llevarla al plano personal y sin dogmatismos. Carecer de ellos es una de sus grandes cualidades como líder. Que se oponga al gobierno en la negociación con las Farc no significa que haya cerrado la puerta al diálogo. Al contrario, hace parte del trío de delegados del Centro Democrático para hablar con el gobierno sobre los cambios al acuerdo con las Farc, consciente de que solo mediante el diálogo será posible alcanzar la paz. Ejemplos como el de Duque muestran que ejercer la oposición puede significar contribuir al crecimiento y fortalecimiento de la sociedad.
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    Claudia Triana. Uno de los senadores del Centro Democrático que más ha sobresalido en los últimos dos años en el Congreso y en escenarios políticos y académicos es el abogado bogotano Iván Duque Márquez. Con el paso de los meses se ha convertido en uno de los principales contradictores del gobierno en los temas económicos, que son su fuerte, donde se ha lucido por la claridad y contundencia de sus argumentos. Tanto aliados como adversarios destacan la seriedad con que aborda diversos temas, desde la venta de Isagén, los costos de Reficar, los problemas minero-energéticos hasta los acuerdos de La Habana donde defendió su posición y la del Centro Democrático en favor del voto por el No. Al contrario de otras figuras políticas, no genera resistencia porque es un hombre de ideas progresistas, que escucha a la contraparte y acoge sus posturas si las considera convenientes para el país. “La oposición debe venir acompañada de la proposición”, dice Duque, orgulloso de ejercer la política que siempre ha soñado, es decir, sin llevarla al plano personal y sin dogmatismos. Carecer de ellos es una de sus grandes cualidades como líder. Que se oponga al gobierno en la negociación con las Farc no significa que haya cerrado la puerta al diálogo. Al contrario, hace parte del trío de delegados del Centro Democrático para hablar con el gobierno sobre los cambios al acuerdo con las Farc, consciente de que solo mediante el diálogo será posible alcanzar la paz. Ejemplos como el de Duque muestran que ejercer la oposición puede significar contribuir al crecimiento y fortalecimiento de la sociedad.
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    Luz Marina Bernal. Luz Marina Bernal no podía quedarse con los brazos cruzados cuando asesinaron a su hijo, Fair Leonardo Porras, en 2008 y lo hicieron pasar por guerrillero. No solo tenía que aclarar cómo lo habían hecho, sino mostrarles a los colombianos que él no era un delincuente. Desde entonces, ella comenzó su lucha por la verdad y la justicia para que este caso de asesinato, mal llamado falso positivo, no quedara impune. Alejandro Matos, director de Oxfam, señala que Luz Marina ha demostrado dignidad y grandeza ética pues acudió a muchas instancias judiciales y políticas en busca de la verdad a pesar del riesgo. “Además, no se quedó en el egoísmo, sino que fue solidaria con las otras víctimas del mismo crimen para ponerle voz a otros casos que están en la impunidad”, precisó. Así Bernal se convirtió en la madre de Soacha más reconocida y en una líder de los familiares víctimas de falsos positivos, que pueden llegar a 4.000 casos. Su labor fue vital para que reconocieran el asesinato de su hijo como un crimen de lesa humanidad y para que la justicia colombiana llevara a cabo 3.430 investigaciones relacionadas con este tipo de asesinatos. En el fondo, su lucha por la verdad y la justicia busca que la sociedad colombiana no vuelva a sufrir el terror de los falsos positivos y que las víctimas tengan una reparación integral con justicia social. Por eso, como explica Matos, “Luz Marina no lucha por la reparación financiera. Siempre ha dejado claro que la vida de su hijo no tiene precio, a pesar de que su realidad económica no es fácil”.
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    Manuel Ramiro Muñoz. Sentar en una mesa a indígenas, afros y campesinos para que resuelvan sus problemas históricos por medio del diálogo no es tarea fácil. Mucho menos que cada uno de estos grupos haga valer sus derechos sin utilizar la violencia. Sin embargo, Manuel Ramiro Muñoz, de 53 años, lo logró cuando creó las mesas caucanas de interlocución campesina, afro e indígena con el gobierno. Oriundo de Guachucal, Nariño, estudió filosofía en la Universidad Javeriana de Bogotá e hizo un doctorado en educación en la Universidad de Barcelona. Muñoz busca que la academia se comprometa con las comunidades más pobres. Por eso tiene un lema: “Los académicos no existen para los libros, existen para la gente”. En 2009 fundó el Instituto de Estudios Interculturales de la Universidad Javeriana de Cali, un grupo de 45 sociólogos, antropólogos, abogados, ingenieros, cartógrafos y filósofos que median entre las minorías, el gobierno y las empresas del suroccidente del país, para que resuelvan pacíficamente sus conflictos. Gracias al trabajo de Muñoz y su equipo, la comunidad afro del bajo Anchicayá, que en 2001 se vio afectada cuando la hidroeléctrica EPSA vertió en la cuenca del río 5.000 metros cúbicos de sedimento, logró que la empresa siguiera un plan de manejo ambiental y electrificara las poblaciones de la Riviera. Muñoz también ha hecho que los ingenios formalicen los contratos de trabajo del 92 por ciento de los corteros, quienes en muchas ocasiones han ido a la huelga para reclamar mejores condiciones laborales. Y su interlocución hizo posible que los indígenas y afros del norte del Cauca, que se disputaban a sangre y fuego la hacienda San Rafael, por fin se sentaran a hablar.
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    Zulia Mena. Cuando llegó a la Alcaldía de Quibdó en 2012, Zulia María Mena se propuso una tarea que para algunos era imposible: administrar la capital del Chocó con transparencia, lejos de modelos corruptos que han oscurecido la política en esa región. El reto no le quedó grande, lo logró y al final su Alcaldía alcanzó el reconocimiento como la segunda mejor de todo el país. Aunque se había trazado propósitos complicados, su mayor preocupación eran las filas que día a día los ciudadanos hacían en su despacho, porque veían en su mandato una fuente de empleo, una mano milagrosa que les proveería y cubriría sus necesidades. Varias veces Zulia les confesó a sus más cercanos colegas que nada le preocupaba más que el desempleo y que la solución, al parecer, estaba lejos de su alcance. Los chocoanos coinciden en que su mandato se concentró en darle una nueva cara a Quibdó con obras claves como la Ciudadela Mía —viviendas de interés social—, el Colegio Mía y la remodelación del centro; además de sus esfuerzos porque a todos los rincones de la ciudad llegara agua potable. Sus planes insignia estuvieron en contravía de la clase corrupta, pues su mandato provino de las comunidades negras de base que la eligieron. Su proyecto administrativo era la Ruta Q que buscaba, bajo el esquema de transparencia, que todos los propósitos estuvieran enfocados en promover la cultura (creó la primera orquesta sinfónica juvenil de Quibdó), y en mejorar la infraestructura. La transparencia en la administración de Quibdó y la lucha por los derechos de las comunidades afros del Chocó hacen de Zulia una de las líderes más destacadas del país.
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    Diana Palacio. Bastaron 28 segundos para que gran parte de las construcciones del Eje Cafetero quedaran destruidas en 1999. Un terremoto detonó la tragedia de miles de familias, pero también generó la solidaridad de muchos colombianos, entre ellos la de la bumanguesa Diana Palacio, de 52 años, que, al ver lo ocurrido, participó en un programa de reconstrucción de escuelas. A partir de ese momento comenzó su lucha constante por ayudar a miles de niños en situación de vulnerabilidad. En la actualidad dirige la Fundación Ayuda a la Infancia, que presta atención a los menores de 6 años al articular esfuerzos de la sociedad civil, el sector público-privado y la cooperación internacional. De esta manera auxilia a un gran segmento de la población marginado durante mucho tiempo. A pesar de los esfuerzos del gobierno, todavía el 58 por ciento de los niños se encuentran en situación de pobreza, según la Cepal. Por medio de su liderazgo, Diana busca dar oportunidades a miles de pequeños vulnerables que no tienen acceso a sus derechos, pues sabe que el desarrollo de la primera infancia sirve de cimiento para la formación de seres integrales. Bajo su gestión anualmente reciben apoyo 1.400 niños entre 0 y 6 años, al igual que 3.450 padres de familia. El país puede dormir un poco más tranquilo porque tiene en ella una gran heroína que, al trabajar sin descanso por el futuro de miles de menores, contribuye a mejorar su calidad de vida.
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    Diana Sierra. Diana Sierra ha mejorado la calidad de vida de miles de mujeres adolescentes con un invento que les ha permitido estudiar y realizar sus actividades cotidianas sin temor. Diseñó una toalla higiénica usando tela impermeable de sombrilla y tela de mosquitero para que las niñas la rellenen con tela y la reemplacen cuantas veces sea necesario. Pero no se quedó ahí, al ver que muchas de ellas no tenían dinero para comprar ropa interior, ideó un segundo prototipo que integra esta toalla a un panti. Un invento sencillo, pero revolucionario que beneficia a miles de mujeres de escasos recursos y ofrece un buen ejemplo de innovación social. Esta diseñadora industrial colombiana, que vive en Estados Unidos, se inspiró de su experiencia en Uganda, África. Allí vio cómo la menstruación avergonzaba e incomodaba a miles de niñas sin recursos y las llevaba a abandonar la escuela antes que vivir una humillación pública. Esa profunda injusticia social negaba a esas futuras mujeres el derecho a la educación. Consolidó su idea cuando conoció una estadística según la cual una de cada diez niñas en el mundo no tiene acceso a productos sanitarios. Para distribuir su producto, Sierra, de 36 años, fundó Be Girl Inc., una empresa social que ha beneficiado a 25.000 mujeres en 12 países y tiene el reto de llegar a 400.000. Gracias a su sensibilidad e ingenio, ha logrado rescatar la dignidad de las adolescentes de escasos recursos que, para colmo de males, tienen que llevar a cuestas la vergüenza de tener el periodo menstrual, un hecho natural, pero satanizado por la sociedad. Y les ha ofrecido una oportunidad para no abandonar sus estudios con la esperanza de que en un futuro ellas puedan construir un mundo mejor que el que les tocó.
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