Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 2/9/2010 12:00:00 AM

Palabras de Juan Manuel Roca en la audiencia del caso Molano

No voy a hablar desde el derecho pues esta es una materia que desconozco. Voy a hacerlo desde la visión de alguien que se ha dedicado durante muchos años al ejercicio de la literatura y del periodismo, asuntos que de ninguna manera resultan excluyentes.

Desde esas dos instancias hablaré de la trayectoria de Alfredo Molano, un vocero de mi generación que ha hecho de su vida un ejercicio de búsquedas paralelas de verdad y libertad, que son hermanas siamesas.

Esos dos conceptos no se pueden citar de manera independiente sin que el uno, el ejercicio ético, deje de incluir al otro, el valor civil para enfrentar los despotismos y servidumbres de una sociedad de cuño feudal, como sigue siendo la nuestra. Libertad y verdad en el ámbito del pensamiento son palabras sinónimas, como lo son en el ámbito de la creatividad.

Los periodistas como Molano no tienen y no deben sustraerse de lo emocional, ni de lo que algunos llaman con arrogancia lo subjetivo. Somos subjetivos porque somos sujetos, seríamos objetivos si fuéramos objetos, como dijera con sorna y tino a la vez Gustavo Wilchez Chaux.

Lo que Alfredo Molano ha venido haciendo durante años no es otra cosa que rastrear nuestras historias, la pasada y la reciente, dos instancias que encabalgadas conforman nuestro presente. Por algo sus columnas a cada tanto nos traen a la memoria un aserto de René Char, un legendario poeta y luchador por la causa libertaria que afirmaba que “la historia es el reverso del traje de los amos”.

Ese es el reverso del catalejo, la manera que tiene como periodista e historiador Alfredo Molano de ir a la noticia o a la crónica. Su labor cotidiana consiste en ir a la tras-escena de los asuntos, en mirar desde el reportaje, desde la investigación sociológica o la columna de opinión, nuestra realidad. Todo esto que atiende con honestidad y pasión tiene un entronque indudable con una literatura que de ninguna manera es subsidiaria de la ficción.

Por ese motivo, cuando Molano escribe la columna de opinión publicada en el diario “El Espectador”, un escrito que lo tiene en estos bretes inmisericordes y absurdos, lo hace develando la realidad inmediata de una región en un aspecto que por fortuna no es el único de un lugar creativo que le ha dado al país algo más que infortunios. Lo hace, repito, evocando un pasado histórico que ha sido registrado una y más veces por el diarismo y la historia en tiempos recientes. Y lo hace, como lo advierte en su columna desde lo social y no desde lo legal, asunto que sería de la competencia de la justicia y no del periodismo.

Me parece que, en lo fundamental, Molano habló de los conflictos de intereses de una región,lo que ameritaría sin duda la controversia, el debate franco. Lo que sí resulta difícil de digerir es comprobar que una columna de opinión amerite una demanda por injuria o calumnia en lugar de su refutación, en vez de una visión clarificadora que pusiera en entredicho lo afirmado. Esto, en otro medio diferente a la Colombia feudataria y excluyente, daría para un debate de orden filosófico y conceptual sobre los “problemas básicos de teoría ética y política”, en vez de sintonizar con una búsqueda del acallamiento del opositor, con algo que una vez instaurado podría dar paso a la censura o, al menos, al amedrentamiento periodístico.

Cuando hablo de los nexos de la literatura con el periodismo pienso también en algo bien rastreado por la filósofa y maestra en derecho Martha Nussbaum en su libro “Justicia Poética”, donde hace una defensa vehemente de lo literario como un ingrediente refractario al “cientificismo”. La autora norteamericana pide al derecho no rehuir el o lo imaginario o, mejor aún, la imaginación. Ya lo decía con lucidez Hanna Arendt: “la imaginación no inventa sino que descubre relaciones entre los hechos”.

Como ciudadano colombiano, como lector del periodista en mención, como simple escritor, pido que la hora de juzgar a Alfredo Molano se realice una mirada “in extenso” a la singularidad de una obra realizada en beneficio de buscar un mejor país, una consideración a su condición de periodista independiente que ejerce su oficio en un diario que lo acoge, de la misma manera, con pertinaz y democrática independencia.

En más de tres décadas de ejercer el periodismo esta es la primera vez que Molano es demandado por uno de sus escritos y ojalá no sea este un preámbulo para configurar una suerte de falsos positivos con el nombre de delito de opinión.

La yunta de ingredientes periodísticos y literarios es algo que podemos encontrar a lo largo de toda la obra de Alfredo Molano, en sus libros y crónicas, en su periodismo escrito, en su andadura febril por todos los rincones del país desentrañando realidades, creando al mismo tiempo que verdades éticas unas verdades estéticas, ejerciendo así una vocación crítica que le otorga una amplia credibilidad en nuestro medio.

Pocos periodistas como éste más lejanos del estatismo de escritorio, más lanzados a recorrer los caminos de Colombia que tantas veces son caminos desplazados, comarcas ajenas a la realidad de quienes ejercen un periodismo de avestruz, en un ejercicio pasivo de continuas fugas y escapismos.

Martha Nussbaum se pregunta si sirve de algo “en un clima político lleno de prejuicio y odio” apelar a la imaginación literaria en medio de exclusiones extremas y de opresiones del mismo talante. La debatida idea de que cada quien tiene su historia individual, que casi nunca se entrevera con la historia colectiva, conduce sin duda al despotismo ilustrado y a pensarse por fuera del juego democrático donde la primera baja es, ya lo sabemos, la verdad. La siguiente baja, sin duda, será la solidaridad o el querer desmembrar más la sociedad enquistando en ella la delación y la desconfianza a un mismo tiempo.

Una columna de opinión no es cerrada ni aspira a razonamientos de orden científico. Cada contexto incluye una mirada que no tendría por qué excluir lo subjetivo. Incluye, a veces, como en el caso de la columna de Molano que hoy nos reúne en litigio, un aspecto satírico que no debería ser leído en puridad de forma exclusivamente naturalista, como si se tratara de la reproducción milimétrica de un asunto, pues se trata de la obra de un columnista y no de un fabricante de espejos.

Esto es algo que, una vez, más, aproxima a la literatura y el periodismo. Cuando Swift escribe su extraordinario libelo “Modesta proposición para impedir que los niños de los irlandeses pobres sean una carga para sus parientes”, nadie, por inmediatista que sea, dejará de pensar que se trata de una sátira, de un alegato desde la imaginación para una reflexión de orden moral. Un escritor, un periodista, es antes que nada alguien que lucha contra la apatía. Alfredo Molano ejemplifica bien esa figura.

Juan Manuel Roca
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1855

PORTADA

Exclusivo: la verdadera historia de la colombiana capturada en Suiza por ser de Isis

La joven de 23 años es hoy acusada de ser parte de una célula que del Estado Islámico, la organización terrorista que ha perpetrado los peores y más sangrientos ataques en territorio europeo. Su novio la habría metido en ese mundo.