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| 2/4/2010 12:00:00 AM

¿Qué saben los escoltas de Carlos Pizarro sobre el magnicidio?

Dentro de la investigación por su asesinato, ocurrido hace 20 años, la Fiscalía escuchó al jefe de seguridad del ex miembro del M-19 y por eso consideró meritorio llamar a los otros guardaespaldas.

La historia del asesinato de Carlos Pizarro Leóngómez, ex miembro del M-19 y ex candidato presidencial, está llena de misterios y preguntas que no han tenido respuesta desde el 26 de abril de 1990, cuando en un avión de Avianca que viajaba rumbo a Barranquilla fue asesinado por una persona que luego fue muerta por uno de sus escoltas.

Ahora, a tres meses de que la investigación prescriba, la Fiscalía decidió llamar a todo el cuerpo de seguridad para que declaren en el proceso. La decisión se tomó luego de oír en versión al ex jefe de seguridad de Pizarro, el mayor (r) Henry Galindo Lugo, quien asegura que el día del crimen, él se encontraba en la capital del Atlántico como parte de la avanzada de Pizarro.

Justo hace un mes, la Procuraduría puso en entredicho la administración del DAS que en ese entonces estaba en manos del general (r) Miguel Maza Márquez, razón por la que le pidió a la Fiscalía investigar al jefe de inteligencia de ese entonces, Alberto Romero, y al detective Jaime Ernesto Gómez Muñoz, ambos del DAS. 

El pronunciamiento del Ministerio Público no sólo fue para el caso de Pizarro, sino también para casos como el de Bernardo Jaramillo Ossa y Luis Carlos Galán, en los que la credibilidad del DAS se puso en tela de juicio.

Los hechos

El crimen de Pizarro ocurrió el 26 de abril de 1990. Ese día, a las 9 de la mañana, el candidato presidencial por la Alianza Democrática M-19 llegó al aeropuerto El Dorado, de Bogotá, para tomar un avión hacia Barranquilla, donde iniciaría una correría por toda la Costa. Para ese momento, el candidato era uno de los hombres más custodiados del país, ya que se había desmovilizado recientemente. Las medidas de seguridad para el viaje se extremaron luego de que en la sede de la campaña se recibió una llamada anónima que alertaba sobre un plan para matarlo.

Intempestivamente, el esquema de seguridad cambió la hora de la reserva y organizó todo para que Carlos Pizarro abordara el vuelo sin que se expusiera a las filas de trámite en el aeropuerto. Algunos miembros del cuerpo de escoltas, conformado por 14 hombres, cuatro del M-19 y el resto del DAS, inspeccionaron minuciosamente el avión minutos antes del abordaje. Una vez subieron los pasajeros y se ubicaron en sus sillas, el candidato y algunos de sus guardaespaldas ingresaron a la nave por la escalerilla trasera.

A los ocho minutos de vuelo el aparato alcanzó los 15.000 pies de altura y el capitán apagó la luz que ordena mantener ajustados los cinturones de seguridad. En ese momento, un hombre joven que viajaba en los puestos de adelante se levantó de su silla y se dirigió al baño posterior, a tres metros de la silla que ocupaba Pizarro. Se trataba de Gerardo Gutiérrez Uribe.

El hombre entró al baño. A los dos minutos salió, dio un paso y accionó el gatillo de una subametralladora mini Ingram por la espalda de Pizarro. En apenas unos segundos el arma vació el proveedor de 15 proyectiles calibre 9 milímetros corto: 13 tiros impactaron en la cabeza, cuello y manos del político. Los guardaespaldas reaccionaron y abatieron al agresor. De milagro, ningún disparo atravesó la estructura del avión, que habría podido sufrir una despresurización e incluso haber estallado en el aire.

Hasta el momento, el único condenado hasta el momento por el homicidio de Pizarro Leóngómez es el desaparecido jefe paramilitar ‘Carlos Castaño’.
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