Domingo, 22 de enero de 2017

| 2009/05/22 00:00

'Micos' en ley a favor de espacios libres de cigarrillo

La Cámara le hizo cambios radicales al proyecto que busca proteger los espacios públicos cerrados libres de humo. Falta un debate.

Los fumadores podrán argumentar que son discriminados si no los dejan fumar en espacios públicos cerrados. Foto: Foto: Archivo Semana

A quienes se sienten felices porque cuando salen a rumbear no hay humo de cigarrillo que los fastidie, está a punto de acabárseles la dicha.

La medida que impide fumar en espacios cerrados rige por la Resolución 1956, que emitió el Ministerio de la Protección Social, pero la idea es convertirla en ley, para que tenga más fuerza. Como está, podría caerse sólo con una demanda, en cambio si se vuelve ley, la única manera de cambiarla sería con otra ley que debe discutirse en el Congreso. Por eso, el senador José David Name, del partido de La U, presentó un proyecto donde prácticamente reiteraba la resolución del Ministerio y alertó sobre el cambio que sufrió el proyecto en Cámara.

En los cuatro debates en el Senado salió casi intacto. Luego pasó la Cámara, donde -sin mayores explicaciones-  lo cambiaron drásticamente. En el debate del pasado martes incluyeron algunos párrafos que podrían tener una interpretación muy radical y dejaría sin suelo la medida.

Después de la discusión, quedó incluido un párrafo que dice que “es deber de la ciudadanía y de las autoridades propender por el respeto y la tolerancia hacia aquellas personas mayores de edad que de manera libre, conciente y autónoma han decidido consumir productos de tabaco. Bajo ninguna circunstancia se aceptarán actos discriminatorios ni abusos que atenten contra los derechos fundamentales consagrados en la Constitución Política de Colombia”.

Con eso, si a un fumador le piden que se retire de un sitio por estar fumando, éste podría alegar que lo están discriminando, que están atentando contra su libre personalidad y que están siendo intolerantes con él.

La curiosa lógica del " parrafito" sería la misma de cuando a una persona negra le piden que se retire de un establecimiento. La diferencia es que, en este caso, lo hacen por mero racismo, y en el caso de los fumadores, es para proteger la salud de quienes están adentro. Además, el fumador puede retirarse del lugar unos minutos mientras fuma y luego vuelve a entrar, en cambio el afro no puede cambiarse la piel de un momento a otro para estar en el sitio. Sin embargo, aquel texto añadido iguala ambas situaciones.

Pero no bastó ese párrafo. También modificaron el artículo 6 de la propuesta inicial para que adentro de sitios como bares, discotecas, aeropuertos y restaurantes se creen lugares especiales para fumadores que tengan un letrero donde diga “Área para fumadores, prohíbase el ingreso a menores de edad”. La resolución vigente hoy y la propuesta inicial de la norma no permitía ni siquiera tener esos espacios adentro de los lugares cerrados.

Para Camilo Ospina, presidente de Asobares, no es muy práctico decir que en los bares o discotecas haya espacios destinados sólo para los fumadores porque el humo termina invadiendo el espacio de los no fumadores. ¿Quién controla que no pase de un lugar a otro? Y pensar en construir salones apartados dentro de los bares implica gastos para sus propietarios y la mayoría quedarían diminutos, pues, según Ospina, la casi todos los bares tienen en promedio 50 metros de área.

El representante Rodrigo Romero, del partido Opción Centro y ponente de estas modificaciones, explicó que cuando un sitio no tenga suficiente espacio, nadie puede fumar adentro.

Sin embargo, basándose en el párrafo que le garantiza su derecho a no ser discriminado, el fumador puede reclamar su permanencia en el sitio.

Semana.com intentó hablar sobre el tema con algún vocero de  Phillip Morris, una de las principales tabacaleras multinacionales en el pais, pero no obtuvo respuesta. Según cifras oficiales, las ventas de cigarillo han caido en el país han caído en los tres primeros meses del año.

Buenos resultados

Según estableció Semana.com, no hay suficientes motivos para hacer tan radicales cambios a la medida.

A comienzos de este año, la firma Yanhaas hizo una encuesta que arrojó que nueve de cada 10 encuestados están de acuerdo con que se prohíba el consumo de cigarrillo en espacios públicos cerrados, como ocurre actualmente.

De acuerdo con Camilo Ospina, de Asobares, los dueños de los ‘rumbeaderos’ están felices porque a estos negocios ha empezado a llegar gente que antes no iba porque no se sentía cómoda estando rodeada de fumadores. Además, están protegiendo la salud de sus empleados, que ya no se someten a largas jornadas de trabajo respirando humo de cigarrillo. Y en un futuro pueden, incluso, ampliar el negocio y vender comidas también, cosa que no podían hacer antes porque mucha gente no se anima a comer estando rodeada de fumadores.

Pero estos comerciantes no son los únicos que apoyan la medida. Juan Ernesto Parra, director Nacional de Fenaltiendas, le contó a Semana.com que este gremio tampoco la rechaza y que le dan su visto bueno.

Tal vez sí se ha presentado una mala interpretación de la resolución del Ministerio. Ésta impide fumar adentro de los establecimientos cerrados, mas no la venta ni la publicidad allí adentro. Según Parra, algunos policías les han dicho a los comerciantes lo contrario, pero es un asunto que están solucionando con pedagogía, aclarándoles a los uniformados qué pueden exigir y qué no.

Lo que está permitido ahora es que el fumador compre su cigarrillo adentro de los bares, discotecas y tiendas y se lo fume afuera. Básicamente, el control policial debe centrarse en retirar de los establecimientos a quienes estén fumando adentro.

Caen ventas de las tabacaleras

De acuerdo con cifras del Dane, las ventas de cigarrillo han caído en cerca del 5 por ciento en los primeros tres meses de este año. Una reducción que, para Rafael España, que maneja estadísticas en Fenalco, es bastante grande.

Pero los expertos consultados por Semana.com coinciden en que el mal momento del mercado del cigarrillo no se le puede atribuir a la prohibición de fumar en lugares públicos cerrados.

Deducirlo es fácil. Primero, en los sitios de rumba los cigarrillos “no superan el 5 por ciento de las ventas mensuales porque la gente los trae de afuera”, dice Camilo Ospina, de Asobares. O sea que si se vende o no en esos lugares, no es muy significante para el mercado en general. Además, el comportamiento de las ventas de licor fue muy parecido al del cigarrillo y nadie ha impedido ni su consumo ni su venta. Más bien, podría tratarse de una consecuencia de la crisis económica.

Semana.com intentó consultar sobre el tema con directivos de la tabacalera Phillip Morris, pero declinaron hablar sobre el tema.

Pese a todas las razones que hay para dejar la norma como está, los representantes aprobaron unánimemente las extrañas modificaciones que se hicieron el martes argumentando cuestiones más políticas que prácticas.

El representante Venus Albeiro Silva, del Polo, le explicó a Semana.com que el año pasado llegaron al Congreso dos proyectos sobre los espacios libres de humo. Uno entró por la Cámara y el otro por el Senado. En el que discutieron en la Cámara hace ocho meses, se habían tomado las mismas decisiones que quedaron escritas el pasado martes en el otro proyecto de ley, que había sido discutido primero en el Senado. O sea que lo cambiaron para mantenerse firmes en lo que habían acordado hace casi un año, cuando la norma aún no estaba rigiendo y no se tenían resultados como los que hay ahora.

El representante Silva dijo que en la Comisión Séptima, donde se hicieron los cambios a la norma, no entendieron los mensajes contradictorios del gobierno. En la sesión del martes, discutieron que mientras el Ministerio de la Protección quiere controlar el consumo de tabaco, los de Agricultura y Comercio Exterior lo promueven incentivando a los campesinos a que lo cultiven y como uno de los productos más prósperos en los tratados de libre comercio.

Siendo objetivos, aquella crítica justifica que los fumadores vuelvan a consumir cigarrillo en espacios cerrados. Con base en ese argumento, se puede deducir que lo que se está haciendo es cuidar a los colombianos y buscar mejorar el negocio del tabaco en el comercio exterior o que en el país se fume el tabaco que se produce acá y se reduzca su importación, cosas que, viéndolas bien, no se contradicen. Además, en Colombia no está prohibido fumar. Quien quiera hacerlo, puede, pero en espacios abiertos.

Así pues, los senadores defienden una norma y los representantes otra. La próxima semana será la discusión en el cuarto y último debate en la Cámara. Si pasa como está, debe ir a conciliación entre las dos corporaciones y si cada una se mantiene firme en su posición, el proyecto se cae y “ojalá así sea, porque lo que aprobaron no es lo que en verdad se buscaba desde un principio”, según opina el senador Name. Si eso pasa, sigue rigiendo la resolución del Ministerio, pero con no con la fortaleza que le daría ser una ley.
 



 
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