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La Alcaldía de Bogotá tenía grandes planes con la venta de la Empresa de Teléfonos de Bogotá (ETB). Estaba lista para casarla con una multinacional que le asegurara su futuro en el competido negocio de las telecomunicaciones y pretendía obtener una millonaria dote para financiar el metro y otros proyectos. Pero la última de sus hermosas novias se quedó plantada en el altar.
El pasado jueves la telefónica más grande del país anunció, tras un largo y complejo proceso, que ni Telefónica de España ni Oi de Brasil presentaron ofertas para comprar el 49 por ciento de la compañía y quedarse con su control al pagar entre 600 y 1.000 millones de dólares. De inmediato, su presidente, Fernando Carrizosa, se declaró sorprendido y le puso fin a la búsqueda del anhelado socio estratégico.
Los efectos fueron inmediatos. La acción cayó 27,34 por ciento en la Bolsa de Valores, al pasar de 1.001 a 792 pesos. Además, con el descalabro empezó una ola de especulaciones sobre el futuro de esta empresa pública que ve cómo, día tras día, Telmex, Telefónica y las empresas celulares le quitan parte de su mercado Este fracaso debe cobrárseles no solo a la administración de la ETB sino a las últimas tres alcaldías, que perdieron tiempo valioso para buscarle un socio e interpretar los cambios de ese negocio.
Hay que recordar que tras una larga batalla que le permitió a la ETB entrar al negocio de larga distancia y modernizarse, la administración de Enrique Peñalosa salió a vender el control de la compañía, tal y como se había hecho con la Empresa de Energía, que les había traído importantes dividendos a las finanzas de la ciudad. Pero en septiembre de 2000, en medio de la crisis económica y la violenta arremetida de los grupos guerrilleros y paramilitares, Telefónica de España y Telecom de Italia decidieron no participar más en el proceso de privatización, debido a la inestabilidad del país.
Para alistar de nuevo la venta de la empresa, Antanas Mockus decidió poner en venta el 15 por ciento de la ETB entre los colombianos para democratizarla y crear unas prácticas de respeto hacia los minoritarios, con el fin de quitarles el poder a los sindicatos, pero con el tiempo terminó por entorpecer la llegada de un gran comprador.
A su turno, Lucho Garzón, quien tuvo que afrontar el descalabro de Colombiamóvil, buscó la fusión de ETB con EPM e incluso con Emcali, pero la sobrevaloración que le dieron los paisas a su empresa y los deseos por controlar la telefónica echaron todo al traste y dejaron a ETB de nuevo sin parejo.
Finalmente, Samuel Moreno, quien prometió no vender la empresa, terminó por desarrollar un engorroso proceso para buscar un socio estratégico que dejó en el camino a Telmex, uno de los compradores naturales, e impuso tantas limitaciones al nuevo socio –como no poder fusionar sus negocios o el manejo libre de la empresa– que terminó en el lamentable resultado de esta semana.
Durante la última década, la ETB se quedó por fuera del mercado en negocios como la televisión o Internet móvil, y hoy, al igual que otras telefónicas públicas como Emcali y la misma Une, quedó mal parada. Hace una década había cuatro millones de celulares, hoy hay más de 40, y sus empresas dominan las comunicaciones, gracias a su movilidad, a la transmisión de datos e Internet. Además, la llegada de Telmex y Telefónica empezó a amenazar lo que fueron sus mercados naturales.
Si algo quedó claro después de este fracaso es que se requieren acciones urgentes, como hacer un proceso expedito para buscar, sin tantas limitaciones, un socio o incluso pensar en vender la empresa. En el mundo, muchos cuestionan la presencia del Estado en este tipo de empresas. Lo otro es tratar de revalorizar estos activos públicos.
Según algunos analistas, una opción que tiene el gobierno nacional es promover y presionar a los gobiernos locales de Bogotá, Medellín y Cali para que lleguen a un acuerdo y fusionen sus telefónicas, ofreciéndoles de manera ágil una licencia directa para telefonía móvil, televisión y hasta beneficios tributarios. Esto evitaría que sigan perdiendo valor, pero permitiría crear una empresa robusta y sólida que les pueda competir a Telefónica y a Telmex al unir recursos, economías de escala y millones de usuarios, o, en su defecto, encontrar con facilidad un socio estratégico.
Pero la historia ha demostrado que los egos de los alcaldes y la pequeña política regional pueden más que la racionalidad empresarial. Lo cierto es que se requieren decisiones prontas, porque si algo no tienen estas empresas es tiempo.
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