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La ceremonia se repitió cada día: a las 9:30 de la mañana, Ricardo Palmera, escoltado por dos agentes del FBI, salía por una pequeña puerta frente a la cual, minutos después, desfilaba hasta su silla cada uno de los 12 jurados.
El primer día más de 80 personas -medios de comunicación, fiscales, estudiantes y curiosos- se apretujaron en los banquillos de madera para escuchar los argumentos iniciales y ver "al narcoterrorista de las Farc" sindicado del secuestro de tres estadounidenses.
Pero Ricardo Palmera, con saco y corbata, lucía apacible. La imagen que le dio la vuelta al mundo del guerrillero montado en un avión de la DEA y gritando "seguiremos la lucha" refleja hoy los 33 meses de retención en aislamiento casi absoluto. "Se le ve la falta de sol, pero al mismo tiempo una serenidad y una convicción moral que me recuerdan el guerrillero que entrevisté hace más de tres años", dijo a SEMANA el periodista Jorge Enrique Botero, invitado como testigo por los fiscales y la defensa.
La argumentación inicial fue larga. Marc Crabb, del equipo fiscal, señaló enérgicamente con su dedo a Palmera para decirle al jurado que "es un líder de una organización terrorista y criminal, que pretende derrocar al gobierno y que usa el secuestro para obtener la liberación de presos y la desmilitarización de zonas del país". Aseguró que tenía las pruebas para comprobar además que las Farc "asesinaron a sangre a fría a otro estadounidense y mantienen en cautiverio a Keith Stansell, Marc Gonsalves y Thomas Howes".
Bob Tucker, el abogado de oficio defensor, presentó a Trinidad como un profesor y economista, "que dejó las comodidades que le permitía su privilegiada posición social, para luchar contra la injusticia de un país en que muy pocos poseen toda la riqueza". Insistió en que Trinidad no dio la orden para el secuestro y lo único que hacía en Ecuador, en el momento de ser detenido, "era enviar un mensaje a James Lemoyne para que se dieran las bases para un intercambio humanitario". Describió a las Farc como "un ejército de campesinos humildes que ha mantenido discusiones de paz y realizado acuerdos humanitarios".
Desfilaron diferentes testigos. Los empleados de Microwave California System, colegas de trabajo de los tres secuestrados, hicieron de las indagatorias sesiones lentas y aburridas. Un coronel del Ejército colombiano, el primero en llegar a la zona del crimen, explicó imágenes proyectadas que mostraban los cuerpos de un sargento colombiano y el piloto estadounidense dados de baja en el momento. Confirmó que la avioneta en que se desplazaban, si bien estaba fallando, había sido derribada. La versión fue ratificada con una prueba de audio interceptada por la inteligencia colombiana en que se escucha a alias 'La Pilosa', guerrillera de las Farc, celebrando "que tumbamos ese h.p. bicho".
Las presentaciones de los fiscales y los defensores hicieron cambiar las reacciones en el público una y otra vez. En algunos momentos se escuchaban los sollozos de Jo Rossano, madre de Marc Gonsalves, quien pidió a través de los medios que se concrete el acuerdo humanitario "incluso si eso implica devolverle a Trinidad a esa gente". Era conmovedor verla sentada al lado de su esposo "reviviendo memorias de un hecho que se llevó mi vida".
Otros miembros del público trataban de pasar inadvertidos en la sala que con los días se fue desocupando. Había un discreto enviado del Ejército; asistieron Jazmín Parra, fiscal antinarcóticos, y la directora de relaciones internacionales de la misma institución. No hubo representación consular ni, a excepción del primer día, de la embajada colombiana.
Los fiscales buscarán recortar el juicio, dándoles paso a desmovilizados de las Farc que darán su testimonio contra el acusado la próxima semana. Sólo dos semanas más serán necesarias para que la Corte Federal de Washington tome su decisión en este juicio emblemático en el que, más que la suerte de un hombre, se juegan complejos objetivos de alta política.
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