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| 7/15/2009 12:00:00 AM

La hipopocresía nacional

La muerte de un hipopótamo escandalizó al país, más de lo que lo ha sacudido nunca la desaparición de un miembro de las 131 especies mamíferas en peligro, y nadie reparó que haberlo matado quizás evitó que un campesino muriera aplastado por el animal.

Diez y seis años después de muerto, Pablo Escobar sigue causándole daño al país. Esta vez fue por cuenta de los hipopótamos que trajo clandestinamente al país desde el África a su hacienda Nápoles, no tanto por contribuir al turismo en el Magdalena Medio con su estrambótico zoológico, sino porque los excrementos de estos enormes animales africanos le servían para despistar a los perros antinarcóticos cuando husmeaban sus cargamentos de cocaína.

El capo trajo tres parejas de hipopótamos por allá a fines de los setenta o comienzos de los ochenta. El clima tropical les sentó, y en los noventa se expandieron tan rápido como el narcotráfico, y bien entrado el siglo XXI ya eran 25. Entonces en enero de 2007, llegó la primera carta de queja de Carlos Castilblanco, Inspector de Policía del corregimiento de Puerto Olaya de Cimitarra, Santander, denunciando que como dos hipopótamos se paseban río abajo y arriba y en plena subienda, era peligroso para los pescadores. Pidió a las autoridades actuar antes de que "ocurriera una tragedia".
 
Lo que había sucedido en la hacienda Nápoles, es que, como si hubiera aprendido de su antiguo dueño Escobar, el hipopótamo más fuerte se hizo dominante en el territorio y desplazó a otro macho que se atrevió a cuestionar su dominio. El macho que perdió tomó su hembra y huyó. No se sabe bien si en el camino tuvieron su hipopotamito, hoy ya adolescente, o si otro macho joven huyó con ellos. El caso es que la gente reportó haber visto tres en distintos momentos.

La Corporación de Santander comenzó a rastrear los animales, mientras unos relatos periodísticos aseguraban que un 'hipo' había muerto por balas de los paramilitares. En octubre de 2008 llegó a CorAntioquia una queja más grave: un hipopótamo había apachurrado tres terneritos de don Alirio Tamayo en el corregimiento de Bodegas en Puerto Berrío y destruyó parte de su propiedad. Es urgente, dijo don Alirio, darle solución por el peligro.
 
La Corporación Regional de Antioquia, CorAntioquia y el Ministerio del Medio Ambiente buscaron a la Fundación Vida Silvestre Neotropical, la mas experta en animales grandes que había en Colombia, para que les ayudara a manejar el problema.
 
Ésta Fundación puso jaulas-trampa, montó vigilancias y pidió colaboración de los ciudadanos para encontrar a los 'hipos' perdidos, y mientras tanto, entre todos le buscaron un nuevo hogar para los dos o tres que estaban sueltos  y a los otros 22 que quedaron en Nápoles. Les preocupaba que tarde o temprano,  un nuevo macho dominante desplazara a otro, y que terminaran con más hipopótamos sueltos merodeando y causando estragos entre los pueblos del Magdalena Medio.

No tuvieron suerte. Le escribieron a zoológicos y parques en el país, pero nadie quería a los animales africanos. Sólo el Parque Jaime Duque de la Sabana de Bogotá dijo que recibiría a un macho joven. Sabían que una vez capturados los  hipopótamos en fuga, no podían ser devueltos a Nápoles porque serían muy mal recibidos y podían causar una gran gresca hipopotámica, peor que la que hubo entre Escobar y sus vecinos de finca que hicieron parte de los Pepes. ¿A dónde los llevarían?

Entonces las autoridades emitieron una orden de “caza de control” que está contemplada en la ley desde 1978, cuando haya especies exóticas que como esta estén causando efectos adversos a la economía, ecología o a la sociedad de un lugar, que era exactamente el caso. Eso sin contar las enfermedades que cargan y que pueden afectar el ganado y a otros animales. La orden, sin embargo aclaraba que si se avistaba al joven macho se intentara capturarlo para enviarlo al Parque Jaime Duque que lo quería. Y , en cumplimiento de esta orden, fue que el llorado hipopótamo de estos días cayó abaleando.

Los primeros en rasgarse la vestiduras en público fueron muchos de los parques y zoológicos que se habían negado en privado por dos años a recibir a los ‘hipos’. Pues claro, que después del lío, ahora sí varios se han ofrecido a darles un hogar a todos los 24 que quedan, y por eso ya se suspendieron las órdenes de caza de los que aún están en fuga.

Los segundos en espantarse fueron miles de colombianos, más conmovidos por la caricatura que imaginan del pobre hipopotamito, que por lo que sepan del peligroso animal. Porque lo que esconden los  peluches y tiernos dibujos inspirados en este animal rosado y gordito es que es uno de los más peligrosos del continente africano. Según lo han documentado expertos, el hipopótamo es el animal que más muertes causa en seres humanos en África. 

Es revelador del carácter nacional tanta alharaca y convite a marchas de protestas por el incidente cuando tan poco se han conmovido ni movido por el coral cuerno de ciervo, el pez peine, la sierra, el bocachico o el mero; ni por la guasa; el tigre rayado; el cocodrilo americano; el caimán llanero; ni las tortugas carey, ni la charapa; ni el morrocoyo, el tinamú, el petrel ecuatoriano, el pato negro, el pavón colombiano, el pavón moquirrojo, la perdiz santandereana, el pollo sabanero, ni por el cucarachero de Nicéforo, la marimonda amazónica, la danta centroamericana y del Magdalena, ni por el venado caramerudo, todas especies autóctonas en grave peligro de extinción. Cada muerte de un animal de estos, afecta el ecosistema en forma muchas veces desconocida, perdemos conocimiento científico potencial y se nos va un pedazo de una de nuestras grandes riquezas nacionales, la diversidad biológica.

¿Cuántas quejas y editoriales le han dedicado a la tortuga carranchina, de las que sólo quedan mil en Córdoba y Sucre que muere decapitada por el pescador cuando muerde accidentalmente su anzuelo? ¿Cuántas protestas se convocaron por el programa de TV que premió a un concursante que mató en pantalla a un amenazado caimán aguja? Según el libro rojo de las especies amenazadas en Colombia hecho por los sabios de la ecología nacional hay 131 especies de mamíferos, 162 de aves, 35 de reptiles y 25 de anfibios en extinción en Colombia.

Pero eso le duele a unos pocos biólogos y ecólogos que se ven a gatas para conseguir hacer una campaña de salvamento porque no hay audiencia para ellos. El hipopótamo cazado por interés público en cambio, sí escandaliza. ¿Será porque como es extranjero, nos ataca el colombianísimo síndrome de quedar divinamente con los foráneos, sin importar mucho lo que pase con los nacionales? ¿Será que lo que nos preocupa es la imagen de quedar ante el mundo como unos salvajes que acabamos a tiros con especies vulnerables, así lo seamos hace rato con las especies nacionales?

La gente se enfureció con el Minambiente y CorAntioquia por haber dado la orden de cazar al hipopótamo, sin reflexionar por un minuto que quizás con ello se estaba evitando que los tiernos 'hipos' hubiera aplastado a un campesino de Puerto Berrío como se temía. Claro, los campesinos colombianos también han sido una especie permanentemente amenazada y atacada, ante la indiferencia de muchos.

Si para algo sirvió este escandalete nacional es para desnudar un poco de nuestra idiosincrasia en la que la declarada solidaridad pública es más tacaña en privado, y que como no sabemos bien qué país somos o cuál queremos ser, somos obsecuentes con los extranjeros y crueles con los connacionales y vivimos obsesionados con la imagen externa y nos importa poco la realidad interna. En suma, que hay una gran hipocresía nacional, o más bien, una hipopocresía nacional.
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