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| 3/7/2015 10:00:00 PM

La defensora del agua y una monja revolucionaria

Adriana Soto, Directora Regional de The Nature Conservancy; y Alba Stella Barreto, Directora de la Fundación Paz y Bien.

La defensora del agua

Adriana Soto, Directora Regional de The Nature Conservancy.

No todo lo que brilla es oro. Eso lo sabe muy bien Adriana Soto quien, como viceministra de Ambiente, se enfrentó al sector minero en pleno para evitar las actividades extractivas en el páramo de Santurbán. Desde niña, de la mano de su padre Álvaro Soto –entonces director de Parques Naturales–, aprendió el valor de los recursos y fue testigo de su lucha por proteger el patrimonio natural del Pacífico, la Amazonia y las cordilleras colombianas. “Recorrer estos lugares maravillosos me hizo entender que son cuentas de ahorro que regulan de forma rentable  el agua, los suelos y la biodiversidad”, cuenta. Ahora, como directora regional para toda la zona andina, Panamá y Costa Rica de The Nature Conservancy, una de las ONG ambientales más influyentes del mundo, continúa defendiendo el buen manejo del agua como eje del desarrollo. Su carrera es contra reloj porque hay sequías y lluvias cada vez más frecuentes y extremas que generan pérdidas económicas y sociales importantes cuando las cuencas y los suelos están degradados. Para no ir más lejos, según explica la economista experta en cambio climático, el último fenómeno de la Niña le costó a Colombia cerca de 11,2 billones de pesos, casi lo mismo que la reforma tributaria.


Una monja revolucionaria

No tenía luz, agua, alcantarillado, teléfono, vías ni un techo dondedormir. Aun así, la hermana Alba Stella Barreto decidió quedarse en eldistrito de Aguablanca, al oriente de Cali. Desde que llegó a este lugar–una de las invasiones más grandes de América Latina– supo que sumisión estaba lejos de las comodidades como directora del ColegioAlvernia en Bogotá y más cerca de los desposeídos, tal como lo mandabala Teología de la Liberación. Su primer paso fue organizar una ollacomunitaria. Desde entonces lleva 27 años repartiendo sus tiempo entrelos 250 almuerzos que entrega a diario, la posada para los desplazados,el hogar para las madres adolescentes, la sala cuna y los hogares paralos niños, el Colegio Semilla de Mostaza y las casas para los jóvenes.‘La hermana’, como todos la siguen llamando pese a que colgó los hábitoshace más de dos décadas, siempre está ideando formas para desafiar lapobreza. Por eso fue una de las primeras en el país en hablar demicrocréditos para los más necesitados, un sueño que materializó con laCooperativa Semilla de Mostaza. Ahora la desvela la violencia en lascomunas. “Hoy la mayoría de las calles están pavimentadas, ya no haycambuches sino casas de material, pero las condiciones de seguridad sonpeores”, denuncia.


una monja revolucionaria
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