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El vacío que dejó Julie, la francesa víctima del atentado en el Andino

Un mes después del acto terrorista en Bogotá, en la fundación Proyectar sin Fronteras intentan seguir adelante con los proyectos que esta ciudadana europea, educadora de paz, tenía en marcha en el barrio San Cristobal, al sur de la ciudad.

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El nombre de Julie Hyunh estaba en boca de todos los asistentes al evento de la fundación Proyectar Sin Fronteras (PSF), donde la joven francesa trabajó hasta el día en que murió víctima del atentado terrorista en el Centro Comercial Andino.

Hace un mes que ocurrió el suceso, pero el dolor sigue vivo entre sus amigos. Las versiones sin piso que se difundieron durante un tiempo sobre su presunto papel en la organización en el atentado los ha vuelto precavidos.

La visita del embajador de Francia, Gautier Mignot, a la sede de Santa Rosa, ubicada en la localidad de San Cristóbal, fue interpretada como un acto de justicia para con Julie: evidenciar que los voluntarios de la fundación tienen un papel de educadores de paz.

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"Cuando llegamos de Bolívar, mi mamá me trajo al centro porque yo mantenía mucho en la casa, casi no me gustaba salir a la calle, pero ahora vengo todos los días con mis hermanos", dice Kevin, uno de los niños que frecuenta el lugar. Su sonrisa es radiante y los crespos de su cabello delatan su origen afrocaribeño.

Su padre desapareció en su región de origen cuando era pequeño, según relata su mamá, y la fundación le ha sido de gran ayuda para educar a sus siete hijos después de que decidiera venir a Bogotá para buscar un mejor destino suerte y huir de la violencia. Al punto en que Kevin, ha aprendido a manejar computadores en el centro y ahora es el encargado de tecnología.

Para Lea Tracol, que fue una de las personas que trabajo más de cerca con Julie, no deja de ser tristemente irónico que la violencia haya llegado precisamente al lugar que se ha convertido en un santuario de protección y de seguridad para los niños.

"Ella ayudaba a los niños del barrio, era muy querida por ellos. Esa era su tarea, apoyarlos con sus tareas y educar a los chiquitos. Llegó antes que yo y me enseñó todo lo que tenía que hacer. El accidente fue sorpresivo para todos", dice Lea. "Cuando vieron a su profesora en televisión, fue complicado explicar a los niños lo que había sucedido".

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En las paredes del lugar cuelgan las cartulinas de diferentes colores que señalan el horario de clase. A la 1:30 p.m. tienen teatro, a las 3:00 p.m.,  Inglés. A un lado, hay una pequeña estantería con libros franceses traducidos al español y otros en el idioma de Cervantes que los chicos pueden llevar a su casa o intercambiar. Mientras que algunas reglas de conducta se desprenden a un lado de la puerta principal, no hay que decir groserías, ni llevarse los objetos a casa sin permiso, por ejemplo.

Fuera de una computadora que se perdió en un descuido, los trabajadores de PSF nunca han tenido problemas de seguridad y son apreciados por la comunidad.

Al fondo del centro hay una sala de proyección de video, una biblioteca más grande en la que pueden estudiar, y un taller de costura en donde las madres de los barrios aledaños aprenden a tejer blusas y leggins gratuitamente.

En cierta forma, COMparte, la rama colombiana de Proyectar Sin Fronteras, se transformó en un lugar indispensable para Santa Rosa; un centro de encuentro y convivencia gratuito para los vecinos y sus niños, situado encima de la parroquia que les presta sus locales.

Sin embargo, para llegar a eso fueron necesarios diez años de trabajo constante, desde que se fundó la asociación e inició sus labores en el país.

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Según Diego Cárdenas, el politólogo y ambientalista que coordina el proyecto, PSF fue una idea original de dos estudiantes colombianos que aprendieron en Francia a hacer políticas públicas de una manera distinta a las que se impulsan desde el Congreso.

Una vez concluido el proceso de desmovilización de 2007, en el que se entregaron y buscaron reincorporarse a la vida civil miles de paramilitares de las AUC, los académicos propusieron organizar un centro que los capacitara para formar sus propios negocios y educarse para la paz en el barrio de Santa Rosa, donde cien de ellos arribaron junto con sus familias para convivir con otras 900 que ocupaban el lugar.

Así, la primera fuente de financiación del organismo vino de la universidad de Clérmont-Ferrand en Francia. A la fecha siguen viniendo voluntarios de ese recinto académico a Colombia para participar en el proceso de paz.

Como suele ocurrir en estas zonas del sur de la ciudad, numerosas víctimas y desplazados también se unieron a la población, lo cual, aunado a la presencia de antiguos guerrilleros que también aprovecharon el proceso de Justicia y Paz para salirse del conflicto, habría podido formar otro espiral de violencia y rencores si no fuera por los espacios comunes que les abrieron nuevas perspectivas.

Con el tiempo, y a pesar de los obstáculos que encontraron en camino, FSP ha participado en reducir las tensiones en Santa Rosa e incluso ha podido abrir nuevas líneas de trabajo, como la agroecología de Sembrando Confianza, en la que ayudan a pequeños productores biológicos a sacar al mercado sus productos con canastas que cualquiera puede comprar directamente desde casa.

Para eso, ha podido contar con la ayuda incondicional de la embajada de Francia y el proyecto ha tenido tanto éxito que ganaron una medalla a los derechos humanos que se entrega del otro lado del Atlántico.

Por eso es que decidieron hacer esta jornada de puertas abiertas, después de las horas sombrías que vivieron recientemente, con la idea de transparentar sus actividades y levantar cualquier manto de duda, en aras de poder atraer nuevos patrocinadores y replicar a mayor escala su empresa social sin ánimo de lucro.

Aunque la guerra los alcanzó con la muerte de Julie Hyunh, la joven franco-vietnamita que había venido a Colombia a apoyar la educación de los niños en el proceso de tránsito a la paz que está viviendo el país, COMparte no tiene la menor intención de moverse de Colombia, por el momento, y tanto ellos como los vecinos del barrio esperan que en lugar de estigmatizarlos, se les ayude a participar en la inclusión de todos los actores de una sociedad que suele ser olvidada por las políticas públicas de la ciudad.

Así no habrá sido en vano la muerte de Julie, el nombre que sigue en boca de todos los asisntentes al lugar, la joven a la que se recuerda con profunda tristeza.

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