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Un asadero de pollos tiene en pena a antiguo templo de Bogotá

El párroco de una céntrica construcción, erigida en 1585, busca recuperar el bautisterio.

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Parece una parodia, pero no. Es una historia que ocurre en el centro de Bogotá, exactamente en la iglesia de Nuestra Señora de las Nieves, donde cohabitan los comensales de un pequeño asadero de pollos y los feligreses que acuden a encontrarse con Dios.

El templo, ubicado en la carrera séptima con calle 20, no es una construcción cualquiera. Su estilo romano-bizantino está coronado por los arcos que adornan la fachada pintada en colores siena y thai.

Su historia data de 1585, apenas a unos 50 años después de la fundación de la ciudad y cuando empezaba a crecer su población.

Se cuenta que este templo fue erigido para pagar una promesa del entonces alcalde, Cristóbal Bernal, y su esposa, para quienes la Virgen de Las Nieves salvó de la muerte a su hijo Juan.

La historia y el hecho de que esté tabernáculo esté considerado patrimonio religioso han hecho que su párroco, monseñor Gabriel Londoño, quiera recuperar el espacio que antes fue el Bautisterio (sitio donde se bautizan los fieles) y ahora es un acreditado asadero de la zona: Super Broster Americano (SBA).

Lo que hasta hace unos años era una relación de arrendatario-arrendador cambió cuando monseñor Londoño decidió, en diciembre del 2011, recuperar para Dios y sus feligreses el antiguo bautisterio y convertirlo en una capilla.  

“Desde hace cinco años hemos hecho la petición del lugar porque la iglesia es patrimonio y queremos que sea un espacio religioso”, dice el sacerdote quien ya no cree en las promesas de Luz Ángela Vásquez Herrera. Ella figura como la representante legal del negocio y desde hace meses se ha comprometido a entregar el ‘local’. La última vez en diciembre del 2014, algo que por supuesto no ocurrió.

Las burlas no han faltado. En alguna ocasión una emisora capitalina llamó al sacerdote para entrevistarlo en tono jocoso.

-Aló… ¿a cómo el cuarto de pollo? -le preguntó el periodista.

-Perdón -respondió el sacerdote-. Ah, ya sé a qué se refiere. Lo que pasa es que el templo…

Sin compromiso

Aunque espera llegar a un acuerdo, el párroco no cree en las promesas de los dueños del asadero, que, para colmo de males, hace unos días remodeló el local: cambió algunos enchapes y equipos de cocina.
“¿Para qué actualizar cuando supuestamente está a punto de irse?”, cuestionó el sacerdote. 

Aparte de céntrico, el sitio es apetecido comercialmente, en especial por los restaurantes, por cuenta del alto tránsito de personas que recorre la recientemente peatonalizada carrera séptima.

Los días 14 de cada mes, cuando hay misas especiales -en la iglesia calculan que pueden asistir entre 16.000 y 20.000 fieles ese día- son los mejores ventas en el asadero.

Aunque el religioso lleva cinco años enviándoles cartas a los propietarios del asadero, estos no han querido desocupar.

Monseñor Londoño, sin embargo, no se resigna. Por eso “le pido a Dios que podamos llegar a un acuerdo pacífico y que el lugar sea otra vez un sitio para encontrarnos con el Señor”. Por ahora está revaluando meterle abogados al caso, aunque espera una mediación divina.

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