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La increíble historia del boxeador sicario

Esta es la historia de una joven promesa del boxeo que terminó en una temida banda de gatilleros del Clan Úsuga.

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Aldeibis vio dos formas de salir de la pobreza: boxear o empuñar un arma. Por un tiempo optó por combinar las dos. De día peleaba y de noche mataba. Finalmente, el mundo de las calles y las pistolas terminó por ganarle por nocaut al de los guantes y las narices chatas. Esta es la síntesis de la historia de un hombre que pasó de promesa del boxeo a transformarse en un curtido y temido sicario.

Aldeibis nació el 11 de abril de 1985 en Caucasia, Antioquia. Al igual que muchos jóvenes de esa región, soñaba con seguir los pasos del célebre púgil Miguel ‘Happy’ Lora. Comenzó a entrenar en las precarias instalaciones que había en su pueblo. Su contextura gruesa y su habilidad para esquivar golpes interesaron a algunos entrenadores que vieron en él un futuro campeón. Como muchos boxeadores, decidió cambiar su nombre por uno que consideró más sonoro: Deibis González. Sin embargo, la gente de su municipio y los fanáticos que ya empezaba a tener lo llamaban Tyson. No solo porque veían cierto parecido físico con el famoso pugilista estadounidense, sino porque en el ring sus golpes dejaban tendidos en la lona a sus rivales en los primeros asaltos.

Sus registros oficiales como boxeador comienzan en marzo de 2001. Durante los siguientes diez años sostuvo innumerables combates en la costa y en Venezuela. Varios entrenadores lo abandonaron porque siempre que estaba cerca de dar el paso al profesionalismo, o cuando se abría la posibilidad incluso de integrarse al equipo olímpico, Aldeibis desaparecía o llegaba en mal estado a las peleas que empezó a perder. No entendían lo que le pasaba. Pero el 9 de noviembre de 2014 apareció la primera pista sobre el secreto que guardaba el joven púgil.

Ese día las autoridades lo detuvieron en Caucasia con una granada de fragmentación en su poder. Tras unos meses en la cárcel logró salir con el argumento de que se trató de un error de la Justicia. Buscó continuar su carrera de púgil y consiguió algunas peleas en Barranquilla, Montería y Maracaibo. Pero los organismos de seguridad comenzaron a sospechar que Aldeibis tenía una doble vida, y no estaban equivocados.

En efecto, cuando no estaba en los cuadriláteros, hacía parte de una banda conocida como La Ocho que atemorizaba Caucasia y controlaba el microtráfico, la extorsión y los homicidios en la región. Los Urabeños absorbieron hace tres años ese grupo, conformado por 30 integrantes, y Aldeibis y sus compinches comenzaron a formar parte de la banda criminal. Su sobrenombre deportivo de Tyson pasó a ser su temido alias.

Solo por la venta de drogas el grupo ganaba 320 millones de pesos diarios. La violencia en Caucasia se disparó por cuenta de sus actividades y esto lo puso en la mira de las autoridades. Desde comienzos de este año, la Policía del departamento de Antioquia con el apoyo de la Fiscalía comenzaron a realizar seguimientos, interceptaciones y otra serie de actividades contra la banda. Esa labor permitió descubrir lo que hacía cada uno de sus miembros, incluido Aldeibis. Ese trabajo estableció que el joven boxeador sería nada más y nada menos el jefe de sicarios de la organización. Según las pesquisas, solo este año está relacionado con siete homicidios, entre ellos el de un informante de la Fiscalía.

Aldeibis convirtió su sueño de ser boxeador en la fachada ideal para cometer sus crímenes. Creía que por ser un deportista reconocido en la región nadie sospecharía de su verdadera actividad. No obstante, en decenas de horas de grabación las autoridades lograron documentar que lo suyo no eran los guantes sino las pistolas y la sangre fría. Hace dos semanas varios comandos arrestaron en una operación simultánea a los 30 integrantes de la banda, incluido Aldeibis que tendrá que responder por concierto para delinquir agravado, tráfico de estupefacientes y homicidio. Ese fue el triste final del joven que pudo ser una estrella del boxeo y prefirió el mundo del hampa.

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