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El voluntario que enfrentó a Pablo Escobar

Cómo el país vivió los estragos de una tragedia causada por el mal de un ser humano y lo que Diego Orozco y sus colegas hicieron para detenerla

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Diego Orozco, empresario, voluntario y socorrista

Tuvo que acostumbrar hasta a sus oídos para reaccionar al narcoterrorismo de Pablo Escobar en Medellín. Pero nunca tiró la toalla y salvó más vidas de las que jamás pensó.

Diego Orozco trae en el bolsillo una lista de los atentados que la Cruz Roja Colombiana (CRC) de Antioquia asistió entre 1988 y 1993. Eran tiempos en que Medellín se había vuelto el campo de guerra de Pablo Escobar. No se trataba de un desastre natural, sino de uno causado por la maldad del ser humano. Y sin embargo, Orozco y sus socorristas debieron reaccionar: sin importar el pánico generalizado, sin importar la amenaza del capo.

Hoy recuerda que la mayoría de los crímenes ocurría entre semana, a plena luz del día, y que así la cantidad de muertos y heridos crecía. Recuerda que hasta sus oídos se habían vuelto “muy tesos” para identificar los estruendos. Apenas oía el bombazo, activaba la cadena de llamadas de la CRC y llegaba al lugar de los hechos: siempre sin uniforme (los miembros de la CRC no podían actuar sin permiso de las autoridades), pero listo a arriesgar su vida.

Orozco empieza a enumerar sus experiencias: “La bomba contra el diario ‘El Colombiano’, los tiroteos en El Poblado, las bombas contra la Policía, la bomba del edificio Mónaco, la del Atanasio Girardot, la del Gaula, la de Colmundo, la del Intercontinental…”. Pero al llegar al 17 de febrero de 1991 se detiene.

Ese día, Escobar puso una bomba en la plaza de toros La Macarena, mató a 25 personas y dejó 130 heridos. Orozco era un socorrista recorrido. A los 15 años había formado el Comité Municipal de la CRC en Amalfi, Antioquia. Había tratado heridos en innumerables emergencias y había rescatado personas en minas de carbón, incendios e inundaciones. Creía haberlo visto todo. Pero, dice, “lo de la Macarena fue dantesco”. Y cuenta: “No pudimos aplicar un solo protocolo de atención y nos tocó meter, sin atender, hasta a 14 heridos en una sola ambulancia. Fue macabro”.

Cuando Orozco, hoy de 55 años, reflexiona sobre lo que significó el narcoterrorismo para la CRC, habla con claridad: “Era un tema de emergencia en la ciudad muy templado, de alerta permanente, de seriedad y neutralidad. Y de actuar con los protocolos muy claros, pues no podíamos ser blanco. Así logramos que siempre nos respetaran”. A la pregunta de qué siente cuando oye que lo llaman un héroe dice: “Si puedo ayudar y tengo formación, pues yo acudo, incondicionalmente. Y no solo no espero nada de nadie, sino que tampoco soy un héroe”.

Dirección del proyecto: Camilo Jiménez Santofimio / Producciónfotográfica: Juan Carlos Sierra (editor) y Daniel Reina / Videos: DiegoLlorente (editor), José Malagón, Andrés Barajas y Alex Guerrero /Dirección de Nuevos Medios: Juliana Rojas / Editor para dispositivosmóviles: Mauricio Quevedo / Reportería y producción: Martha Segrera yLaura Ballesteros / Redes sociales: Fabián Cristancho / Fotografía:Archivo Semana, Archivo Cruz Roja, AFP, AP.

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