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La batalla que perdió la industria de las gaseosas

Aunque la Superintendencia sacó del aire los comerciales sobre bebidas azucaradas por presuntas inexactitudes, la Corte Suprema les levantó el veto en defensa de los derechos del consumidor. Este es el spot.

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La industria de las gaseosas y bebidas azucaradas perdió una batalla en medio de la guerra por los consumidores. La Corte Suprema de Justicia dejó sin efectos una resolución de la Superintendencia de Industria y Comercio que sacó del aire un comercial de televisión que hacía alusión a unas supuestas repercusiones en la salud por el consumo de bebidas azucaradas como gaseosas, jugos embotellados y té helado.

Para el alto tribunal "el derecho a la salud de los consumidores se afecta al restringirles información sobre las  consecuencias de un determinado producto en la integridad física y mental". 

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El comercial de la discordia dura 30 segundos y tiene imágenes fuertes. Comienza con modelos de consumo de productos que contienen azúcar en la rutina alimenticia de una persona y concluye con las posibles consecuencias que puede sufrir un consumidor. En la descarnada secuencia se ve desde un pie deformado hasta la muerte de una persona en una sala de emergencias.

Aunque para la SIC las afirmaciones que se hacen en el comercial no tienen un sustento científico por lo que se puede inferir que las implicaciones descritas no estarían cercanas a la realidad, la Corte Suprema argumentó que la discusión sobre la veracidad científica del mensaje publicitario de Educar Consumidores sobre las reales o supuestas consecuencias nocivas de la ingesta de ciertos refrescos con azúcar, "atañe necesariamente a los destinatarios de esas bebidas".

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A su juicio, "no son usuarios pasivos sino ciudadanos deliberantes, quienes, en la satisfacción de sus necesidades vitales, sociales y comerciales, ancladas necesariamente en el marco de la relación obligatoria como compradores, tienen derecho a exigir, recibir y difundir información e ideas, acerca de los riesgos a los que se halla expuesta su salud, en caso de así serlo, frente a los fabricantes, productores o distribuidores” se lee en la decisión.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 39 % de las personas adultas tienen sobrepeso y, de estas, el 13 % se encuentran en condición de obesidad. En Colombia las cifras no son alentadoras porque según un sondeo reciente de la Encuesta Nacional de la Situación Nutricional, el 51,2 % tiene problemas por el peso debido al consumo de azúcar.

Como otra salida para regular su consumo durante el trámite de la Reforma Tributaria en diciempre pasado, la pelea más dura que dio el Gobierno, en cabeza del ministro de Salud, pero que finalmente perdió, también tiene que ver con las bebidas azucaradas. No fue posible convencer a los parlamentarios de los beneficios de la propuesta que le dejaría al sector salud cerca de un billón de pesos.

Se propuso una tarifa de 300 pesos por litro aplicable a los polvos que sirvan como base para constituir estas bebidas, a las gaseosas, tés, bebidas energizantes, jugos procesados. Al ser un impuesto específico, su base gravable habría sido la cantidad de litros producidos o importados y estaba a cargo de los productores o importadores de bebidas azucaradas.

Sin embargo, la propuesta tuvo dos grandes opositores en el Congreso: los senadores Iván Duque y Jorge Robledo. Ambos, en orillas distintas de la política, se la jugaron por defender a esa industria. Ambos apuntaron a que el impuesto tenía un impacto muy negativo en las clases menos favorecidas y que podría prácticamente quebrar a 27.000 tenderos del país. Agregaron que la medida era engañosa porque el impuesto no iba a reducir la obesidad. 

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La propuesta se presentó en línea con una tendencia mundial que ha impuesto la Organización Mundial de la Salud, algo similar a lo que ocurre con el impuesto a los cigarrillos. El ministro de Salud, Alejandro Gaviria, señaló que los lobistas habían presionado a los políticos, lo cual terminó desembocó en el fracaso de la propuesta.

El debate estuvo cargado de imprecisiones, verdades a medias y una fuerte puja de varios poderes. Como el debate coincidió con la polarización de la campaña del plebiscito para la Paz, muchos tejieron fino y señalaron que lo que había detrás era la poca sintonía de los empresarios azucareros con el Gobierno.

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