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“¡Cesó la horrible noche de la violencia!": Santos

El presidente Juan Manuel Santos y el máximo jefe de las FARC, Timoleón Jiménez, sellaron con sus firmas el acuerdo que construyeron durante más de cuatro años en La Habana.

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En un auditorio abarrotado de gente y lleno de emoción, comenzó la histórica firma de la paz en Cartagena. Desde horas de la mañana un impresionante despliegue de seguridad y logística se había tomado la Heroica. Más de 2.500 invitados presencian en este momento uno de los puntos de quiebre más importantes del país en décadas: el fin de la guerra con las Farc.

La ceremonia comenzó saludando a cada uno de los invitados internacionales. Luego, se hizo un minuto de silencio por los más de 200.000 colombianos víctimas de medio siglo de conflicto armado.

Las cantadoras de Bojayá, un pueblo que sufrió como ningún otro los horrores de la guerra, comenzaron la ceremonia. Sus voces pusieron un tinte de emotividad al momento. Todas fueron vestidas de blanco y entonaron melodías típicas del Pacífico chocoano frente a los miles de asistentes que atienden la ceremonia al aire libre.

5:30 p. m.: El presidente Juan Manuel Santos y Timoleón Jiménez firmaron el acuerdo de paz. El líder de las FARC sufrió un pequeño tropiezo cuando se montó a la tarima, pero luego firmó eufórico el fin de su revolución. Al lado lo acompañaba el primer mandatario, quien le entregó la paloma de la paz. Timochenko se la puso con una gran sonrisa. 

Por cuenta de los problemas de sonido, en el día más importante en medio siglo no se pudo escuchar lo que se dijeron Santos y Timochenko. 

En la primera fila están los expresidentes colombianos César Gaviria, con su hija María Paz, y Ernesto Samper con su esposa Jacquin. Los grandes ausentes fueron Álvaro Uribe y Andrés Pastrana. 

En el auditorio se comenta que hay exceso de invitados y que, salvo los del Centro Democrático, no faltó ni un político. 

Germán Vargas Lleras no se veía en la transmisión de televisión, lo cual generó comentarios, sin embargo sí estaba presente en la ceremonia. 

5:35 p. m.: Comienza el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, su discurso, sin embargo la transmisión tiene fallas. Todos los mandatarios invitados a la ceremonia están sentados en la tarima, en sillas individuales.

El secretario general celebró la histórica firma de la paz y dijo que era, sin duda, un éxito del gobierno colombiano. "A las Naciones Unidas se le ha otorgado el mandato de verificar el cese al fuego", dijo Ban. Y aseguró que este organismo dará su mejor esfuerzo para acompañar la implementación de los acuerdos. 

Agregó que el gran desafio será traducir las casi 300 páginas del acuerdo a un verdadero cambio en las políticas internas colombianas. 

5:43 p. m.: Comienza el discurso el jefe máximo de las FARC, Timoleón Jiménez. "Mis primeras palabras van dirigidas al pueblo de Colombia. (...) Un pueblo que nunca abandonó la esperanza de construir un mejor futuro", así empezó su discurso Timochenko. 

Recordó a todos sus compañeros de lucha que no llegaron a ver este momento y dijo que ellos también son "artífices" de este proceso. Sorprende que en su discurso, como líder de una guerrilla marxista, evocara tantas frases con caracter religioso, como "por los siglos de los siglos". Invitó a desarmar las mentes y los corazones y anunció la nueva era de las FARC: la de la política sin armas. Sin titubear, prometió que cumplirán el acuerdo final. El auditorio estalló en aplausos. 

Timochenko aprovechó la presencia de los mandatarios internacionales y pidió la paz para Siria. Llama la atención que Timochenko es un ahorrador de papel, pues imprimió su discurso por lado y lado. "Este tratado de paz es una victoria de la sociedad colombiana y de la comunidad internacional. Sin ese amplio respaldo, no estaríamos frente a este magnifico acontecimiento", dijo.

En medio de la polarización que ha generado el acuerdo de paz y la supuesta ideología de género, Timochenko saludó especialmente a la comunidad LGBTI. 

Frente a las críticas que ha generado el proceso de paz, dijo que no iban a ceder a las presiones bélicas y rechazó a los "amigos de la guerra" que durante tanto tiempo se han lucrado del conflicto. 

Agradeció muy especialmente a Fidel Castro y a su hermano Raúl, que está presente en la ceremonia en Cartagena. También dijo que sin el fallecido líder venezolano Hugo Chávez este "final feliz no habría tenido comienzo". El auditorio volvió a estallar en aplausos. 

Timochenko habló de múltiples temas y se quejó de la educación con animo de lucro y de los prestamistas "gota a gota". 

Como nunca antes lo había hecho, el jefe máximo de las FARC pidió perdón por el daño que le hizo a las víctimas en Colombia. Este será el momento más emotivo de esta ceremonia. Los 2.500 invitados aplaudieron eufóricos durante varios minutos. Timochenko cierra con la última frase de Cien Años de Soledad, asegurando que Colombia se merece una nueva oportunidad en esta tierra. 

6:12 p. m.: El presidente, Juan Manuel Santos, empezó su discurso con unas cuantas lineas del himno nacional: “gloria inmarcesible” y el “júbilo inmortal”.

Esas frases fueron apenas un preámbulo para proclamar que “hoy, al firmar el acuerdo de terminación del conflicto con las FARC, decimos esperanzados: ha sido un surco de dolores, de víctimas, de muertes, pero hemos logrado levantarnos sobre él para decir: ¡el bien germina ya! ¡la paz germina ya!”.

Santos se refirió al acuerdo alcanzado como “la mejor noticia en medio de un mundo convulsionado por la guerra, los conflictos, la intolerancia y el terrorismo”. Más adelante repitió, casi calcada, la misma frase con la que remató hace apenas unos días su intervención ante la Asamblea General de la ONU en Nueva York: “hay una guerra menos en el mundo. ¡y es la de Colombia!”.

“No más jóvenes sacrificados, no más jóvenes muertos, no más jóvenes mutilados por una guerra absurda… ¡Ni soldados, ni policías, ni campesinos, ni guerrilleros!”, exclamó.

Santos se refirió en varias ocasiones, como lo ha hecho en el pasado, a la violencia como un freno que impide el desarrollo de Colombia, un lastre histórico que le ha impedido alcanzar todo su potencial.  

El presidente no desaprovechó la ocasión para referirse al plebiscito del 2 de octubre en que se deben refrendar los acuerdos para cobrar validez, y enfatizó que “¡esta es la decisión de Colombia!”.

“Con su voto, cada colombiano tendrá un poder inmenso: el poder de salvar vidas; el poder de dejarles a sus hijos un país tranquilo donde crezcan sin miedo; el poder de ayudar a los campesinos despojados a que regresen al campo; el poder de atraer más inversión al país y, por consiguiente, más empleo”, señaló.

Repasó, de manera muy sencilla, algunos de los principales logros que a su juicio consigue el acuerdo: llevar más desarrollo y bienestar a los campesinos, fortalecer nuestra democracia, ser más efectivos en la lucha contra al narcotráfico y un sistema de justicia transicional en el que los crímenes internacionales y de lesa humanidad serán sancionados.

Dedicó también un capítulo a Fabiola Perdomo, la viuda de uno de los diputados del Valle asesinados por las FARC. Para ella, recordó, el reconocimiento de Pablo Catatumbo, que calificó esa masacre como el episodio más vergonzoso de la insurgencia, las liberó no solo a ella y su hija, también el alma de su esposo.

“¡Esa es la liberación que da el perdón! El perdón que no solo libera al perdonado, sino también, y sobre todo, al que perdona”, aseguró Santos.

“Nadie ha dicho que el fin del conflicto sea el final de todos los problemas de nuestra nación”, reconoció el presidente en la parte final de su intervención, que duró unos 15 minutos. Pero sin el freno de la guerra, Colombia se prepara para alcanzar su máximo potencial. “¡Este es el nuevo país que hoy avizoramos!”.

Y remató parafraseando otra estrofa del himno nacional: “¡Cesó la horrible noche de la violencia que nos ha cubierto con su sombra por más de medio siglo! …Abramos nuestros corazones al nuevo amanecer; al sol brillante y lleno de posibilidades que se asoma en el cielo de Colombia”.

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