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El parque Panaca le apuesta a la reconciliación y al cambio

A través del Programa de Líderes Rurales, la fundación del Parque busca dar una oportunidad a personas que vivieron de primera mano el conflicto armado.

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Violeta Rodríguez*, de 21 años, no pasó su infancia y adolescencia entre muñecas y cuadernos como hubiese querido. Siempre estuvo rodeada de armas y camuflados en un campamento de la guerrilla de las FARC en el departamento del Tolima. Sus padres, militantes de este grupo insurgente, no le permitieron luchar por sus sueños. “Mi papá me decía que yo había nacido en el monte y debía morir en el monte”, recuerda. Por eso solo pensaba en la muerte y en cómo iba a encontrarse con ella, pues creció en medio de combates, tiroteos y sangre, y vio caer abatidos a muchos de sus compañeros.

Pero la vida de Violeta cambió en 2013 cuando fue capturada por el Ejército Nacional tras un enfrentamiento. Ahí comenzó su proceso de desmovilización para recuperar la libertad y sus derechos vulnerados. Fue el momento de descubrirse a sí misma, de luchar por sus sueños y reintegrarse a la vida civil gracias al apoyo de la Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR), que la motivó a unirse al programa educativo que realiza Fundapanaca, fundación social del Parque Nacional de la Cultura Agropecuaria (Panaca), situado en Quimbaya, Quindío, en el Eje Cafetero.

“Con el anhelo y la convicción de que, como decía Nelson Mandela, la educación es el arma más poderosa para cambiar al mundo, hemos capacitado a campesinos, víctimas, soldados, policías y excombatientes reintegrados”, afirma Jorge Ballen Franco, presidente corporativo de Panaca, quien además asegura que la contribución del sector privado ha sido fundamental para el crecimiento de este proyecto. De igual forma ha sido clave el apoyo del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, la ACR, Reconciliación Colombia, ONG, universidades y corporaciones que han hecho donaciones.

Este programa tiene su origen en un modelo educativo de la Universidad Zamorano, institución de estudios superiores especializada en el agro y situada en Honduras. Según Luis Fernando Vélez, director de educación de Fundapanaca, la metodología que usan para formar a estos campesinos es teórica pero sobre todo práctica. “Aprender haciendo es nuestra filosofía para que ellos se formen en ganadería, porcicultura, agronomía y especies menores. Los formamos para que puedan ser empleados en fincas o que formen su propia empresa”, dice Vélez.

Hasta la fecha, junto con Violeta, más de 1.600 personas se han graduado como técnicos prácticos agropecuarios de este programa de formación. El grupo más reciente de 67 alumnos obtuvo su diploma el 4 de mayo de 2017. Uno de ellos es Gustavo Castaño, de 28 años, proveniente del occidente de Antioquia, que creció como finquero pero no había tenido la posibilidad de formarse como técnico agropecuario. “Aquí adquirimos conocimiento y fortaleza para seguir trabajando en el campo. Lo más bonito ha sido compartir con desmovilizados, gente que en algún momento nos persiguió en el campo pero que ahora conviven en paz con nosotros”, dijo Castaño a Semana.com.

Violeta cuenta que convivir con quienes antes habían sido sus enemigos fue impresionante y al mismo tiempo enriquecedor. Pero no solo eso. El hecho de poder dormir en una cama y tener la oportunidad de estudiar y trabajar le dio un giro completo a su vida. “Yo me especialicé en porcicultura y cuando me tocó atender el parto de una cerda me di cuenta lo bonito que es ser madre. Por eso espero algún día conformar una familia”, señala Rodríguez.

Campesinos de 22 departamentos del país han asumido el reto de cursar este programa de formación de líderes rurales de Fundapanaca que tarda 77 días. Durante casi tres meses los alumnos se internan en el parque Panaca, que cuenta con más de 760 hectáreas de cultivos y más de 11.000 animales y 300 procesos agropecuarios, y la finca Panamá en el Quindío, o las fincas La Soria y Buenavista en el Tolima, donde trabajan arduamente desde muy temprano en la mañana hasta altas horas de la noche.

Según Lorena Marcela Cuéllar, coordinadora de educación experiencial en el desarrollo del ser de Fundapanaca, el único requisito para ingresar al programa de líderes rurales es que los candidatos sean mayores de edad, que sepan leer, escribir y matemáticas básicas. “Y, por supuesto, que tengan perfil de líderes rurales”.

Lo más importante es formar a los campesinos y desmovilizados no solo como técnicos del agro para que ayuden a sus familias, veredas y municipios sino también convertirlos en personas íntegras. “Queremos que en el campo se usen las botas para salir a trabajar de manera digna, rentable y sostenible, en lugar de usarlas para salir a combatir y que sus manos empuñen con orgullo un azadón en vez de un arma”, afirma Ana María Velásquez, directora ejecutiva de Fundapanaca.

En la actual etapa del posconflicto es fundamental que el sector público y privado se unan para aportar su granito de arena en aras de la reconciliación y el progreso del campo. Porque “sin campo no hay ciudad y solo a través de la transformación de este, el país podrá lograr la verdadera paz”, concluye Velásquez.

*Nombre cambiado por petición de la entrevistada.

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