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“Me parecía triste que mi pierna fuera tratada como basura”

Diego Alejandro Botero perdió su extremidad por cuenta de un cáncer óseo. El estudiante de medicina llevó hasta la Corte Constitucional su petición de poder guardarla para ser enterrado con ella.

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Diego Alejandro Botero, un estudiante de medicina, lleva varios años luchando en dos frentes de batalla. El primero contra un agresivo cáncer óseo que lo ha obligado a someterse a 18 cirugías y tratamientos, que incluyeron una prótesis interna de rodilla y un injerto de tibia. Por mucho tiempo intentó evadir la decisión de autorizarle a su médico tratante que le amputara la pierna.
 
Pero luego, emprendió otro viacrucis: poder conservar esa pierna que había perdido. La Legislación colombiana ordena que se debe proceder con la incineración de este tipo de “residuos” por considerarlos peligrosos para la salud humana y animal.
 
Diego Alejandro tiene convicciones personales diferentes. “Soy estudiante de medicina. Entonces el cuerpo humano, el ser despiertan un gran interés en mi”, cuenta. El estudiante puso una tutela para reclamar su extremidad y el caso llegó a la Corte Constitucional. “Yo no quiero sonar una persona fundamentalista, ni decir que el cuerpo lo es todo, pero me parece que hay que respetar lo que para quién es importante”, concluye.
 
Con su caso, el joven abrió las puertas legales para que los centros de salud en Colombia permitan que los pacientes, en uso de la libertad de conciencia, tengan alternativas para disponer de sus extremidades amputadas.  
 
Botero es muy abierto para hablar de su experiencia personal. “Hubo muy buena fe del médico, él quería seguir intentando salvar la pierna. Hoy tomaría la decisión de amputarla desde el comienzo porque pasé por un proceso largo, todos los organismos son diferentes y mi organismo no reaccionó bien al tratamiento”, relata.
 
“Es la dignidad, que el cuerpo no sea tratado como un desecho. Es que si no pone en riesgo la seguridad de las personas, por qué no se puede conservar? ¿o donarlo a un laboratorio? También tengo convicciones espirituales, me gustaría al morir reposar en un lugar santo. Donde tenga certeza que para el día de la resurrección todo su cuerpo repose completo”.

El estudiante pidió al laboratorio de Patología Las Américas y a la Dirección de Salud de Antioquia la devolución de su pie amputado, con el fin de que pasara por un proceso de “plastinación”, que le permitiera conservarlo sin riesgos de salubridad. Sin embargo, su solicitud fue rechazada.
 
Decidió acudir a la acción de tutela por la vulneración a la salud física y mental, la dignidad humana, la libertad de cultos y creencias religiosas.  Un juzgado de Medellín negó la solicitud del estudiante, y para cuando la Corte Constitucional seleccionó la tutela ya era muy tarde: la pierna había sido incinerada.
 
Sin embargo, la Corte Constitucional se pronuncia para sentar un precedente frente al manejo de futuros casos. El alto tribunal indica que se le desconoció al joven su proyecto de vida y se le violó la libertad de conciencia. “La petición del demandante era importante para su vida y tal como se puede apreciar en el escrito de tutela estaba orientada por convicciones fijas y profundas relativas a su vida futura”, dice el documento.
 
La Sala, con ponencia del magistrado Alberto Rojas, concluye que se puede llegar a acuerdos sobre el procedimiento, con el fin de que no se ponga en riesgo la salubridad pública y a la vez se respeten las convicciones de los pacientes.
 
Este miércoles, en la Clínica Las Américas de Medellín, por orden de la Corte, se hizo un acto de excusas públicas para Diego Alejandro. “Quiero dejar claro es que estoy profundamente agradecido con los médicos, que en todo este proceso la atención excelente, su amabilidad hizo que todo este duelo fuera mucho más fácil para mí”, manifestó el estudiante.  
 
Para él, la importancia del fallo judicial radica en que se hizo una revisión de la norma que permite que personas como él, puedan decidir qué destino le quieren dar a sus extremidades.

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