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"Los hermanos ayudaron a Rafael": hija de celador de Equus 66

Las hijas de Fernando Merchán, el vigilante que se suicidó tras el crimen de Yuliana Samboní, hablaron con Semana.com. Dicen querer limpiar el nombre de su padre.

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Sin ellas saberlo, Fernando Merchán -el vigilante del Equus 66, donde fue encontrada muerta Yuliana Samboní-  les había hablado a sus hijas de Rafael Uribe Noguera. Ocurrió cuando fue trasladado a ese edificio. A los pocos días de iniciar allí, mientras estaban sentados en el comedor de la casa en la que lo encontraron muerto, Olga Casallas (hijastra) y Karen Merchán (hija) le preguntaron cómo iba su nuevo trabajo y él les respondió que solo había un residente “muy rumbero”.

“Él nos dijo que había alguien que le gustaba estar rumbeando a toda hora, que le gustaban mucho las prostitutas. Nunca nos dijo el nombre, solo que era un joven que tenía vida de niño rico.  Pero solo después de todo este escándalo fue que nos enteramos que ese ‘chico rumbero‘ era Rafael Uribe Noguera”, cuenta Karen.

Pero él no solo fue el joven fiestero al que casi todos los fines de semana Fernando Merchán le tenía que pedir que le bajara el volumen a la música por las quejas de los vecinos. También se convirtió en la persona que cambió drásticamente la vida de la familia del vigilante.

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El día del crimen -el 4 de diciembre del 2016-, Fernando Merchán tuvo turno desde las 6:00 a.m. hasta las 6:00 p.m. En ese tiempo, Uribe Noguera raptó a Yuliana Samboní, abusó sexualmente de ella, la estranguló y ocultó su cuerpo en un jacuzzi, que solo fue hallado a las 9:25 p.m.

Esa misma noche, según relata Karen, después del trabajo, el vigilante se fue a la casa de su novia, María. Y cuando se conoció el hecho, su jefe lo llamó para preguntarle sobre lo ocurrido, pero “él se extrañó porque en el edificio solo había un menor y era niño”, dice su hija.

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“Cuando salió la noticia yo estaba yendo al trabajo y nosotras no sabíamos que era en ese edificio, no teníamos ni idea. Al otro día mi papá me llamó a las 6:00 a.m., me preguntó si había visto la noticia y me aseguró que lo iban a empezar a indagar”, dice.

Los días después del homicidio

El martes 6 de diciembre Fernando Merchán se presentó en la empresa para la que prestaba servicio de vigilancia, Adviport. Ese día su supervisor, según cuenta Karen, le informó que la administradora del Equus 66 pidió que cambiaran a todos los porteros y lo trasladaron.

Pero eso no fue todo, sus hijas cuentan que el dueño de la organización lo acusó de tener responsabilidad en el caso por no haber bajado a revisar la camioneta. “Él les respondió que el protocolo de seguridad no le ordenaba bajar al sótano a mirar las camionetas. Antes de eso, él le había sugerido a la administradora que pusiera cámaras en el sótano y en el ascensor”, dice Olga (su hijastra).

Un día después del crimen, la Fiscalía interrogó a Fernando Merchán, pero según sus hijas, él entró en depresión después de que su jefe lo responsabilizara de los hechos. “Desde ese día que fue a la empresa él empezó a cambiar mucho. No comía, no dormía bien. Le preguntábamos qué le pasaba y decía que estaba preocupado por el crimen de la niña”, narra Karen. El viernes de esa semana, ella lo encontró sin vida, en el baño de la casa, con varias cortadas en las extremidades.

Inicialmente, para la Fiscalía él era pieza clave en la investigación. Pero pocos después de su muerte, el propio fiscal general, Néstor Humberto Martínez, aseguró que Merchán tenía conocimiento de lo que estaba ocurriendo con la menor. También dijo que no manifestó toda la verdad ante el ente acusador.

A raíz de estas afirmaciones y las declaraciones de Francisco Uribe -hermano de Rafael, quien es procesado por el delito de favorecimiento en secuestro- en entrevista con SEMANA, las hijas del vigilante decidieron salir a los medios a dar su propia versión sobre su padre.

“Nuestro objetivo es limpiar el nombre de mi papá por todo lo que han dicho, han difamado. Hay gente que ni lo conoce y dice que él fue coautor, cómplice o compinche”, asegura Karen.

Olga, por su parte, dice estar molesta por la impotencia que le genera leer y escuchar cosas sobre su papá y no poder decir nada. “No somos personas ricas, trabajamos como todos y así ganamos dinero. Él era eso, no era más”, explica.

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Según el abogado de Olga y Karen, Miguel Ángel Ramírez, cuando a su oficina llegó el caso hicieron un perfil postmortem de Fernando Marchán y, luego de muchas entrevistas, concluyeron que este no coincidía con el de un suicida. Por esto tienen varias hipótesis: una de ellas es que pudo ser inducido al suicidio. La otra es que alguien pudo empujarlo a que lo hiciera. Pero esto solo lo deberá investigar la Fiscalía.

Para tener claridad sobre las acciones del vigilante el día de los hechos el abogado solicitó al ente acusador, hace tres semanas, tener acceso a las pruebas contra Rafael Uribe Noguera. Sin embargo, según ellos, todavía no tienen respuesta.

Sus hijas aseguran que solo quieren limpiar la imagen de su padre que, para ellas, fue excepcional pues desde hacía 16 años, cuando su madre murió de cáncer -casi un mes después de haberse casado con él-, Merchán fue quien las cuidó y siempre estuvo con ellas.

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