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“Tranquila mamá que no me pasa nada”

Leonardo Licht, el joven asesinado en Transmilenio, le repetía esa frase a su madre cuando hablaban de los peligros en la estación Avenida Jiménez. Semblanza.

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La noche del domingo antes de que Leonardo Licht Hoyos fuera asesinado, se sentó junto a su madre Miriam Hoyos y escuchó una queja repetida por meses en la que la mujer le pedía que tuviera cuidado. “Usted por no dejar que se pase una persona sin pagar... no lo permita dios le pasa algo”.

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Como de costumbre a las 3:00 de la mañana Leonardo se levantó para alistarse e ir a trabajar. Ese domingo su madre le preparó el desayuno y le dijo que le iba a dejar el almuerzo listo para que el joven de 22 años llegara a calentarlo y servirlo. Ese domingo Miriam no estaría en la casa, pues se reuniría con unas amigas para visitar un enfermo.

Lo que vino después fue la tragedia que tanto había temido Miriam, y en la que pensaba que su hijo podría ser víctima de un ataque de un usuario de Transmilenio cuando este, ejerciendo su labor, quisiera evitar la entrada de un hombre que se resistiera a pagar el pasaje.

En la mañana su preocupación se hizo realidad. De boca de un funcionario de la empresa supo que Leonardo había perdido la vida luego de recibir una herida con una navaja. El agresor: Wilson Monroy Cárdenas, un sujeto de 30 años que hacía unos días había salido de la cárcel y que tenía antecedentes por robo e intento de homicidio.

La noticia de la muerte de Leonardo enlutó no solo a su familia y sus compañeros de trabajo, que lo recordaron como una persona tranquila, también a los bogotanos quienes repudiaron el asesinato por impedir que Monroy se colora en el Transmilenio.

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Los miedos de la madre no eran infundados, la estación de la Avenida Jiménez es una de las más concurridas y allí convergen todo tipo de personas, entre ellas, delincuentes que llegan a este lugar porque ven en la congestión un oportunidad para delinquir. Eso lo sabía Leonardo, quien tras varios meses de trabajo en esta estación, decidió pedir a la empresa su traslado.

Vida corta

Quienes lo conocieron saben que Leonardo era un muchacho trabajador que en Pacho (Cundinamarca) laboró como ayudante del fotógrafo del pueblo. También lo vieron atendiendo mesas en restaurantes y haciendo labores de jornalero en la finca de su padre.

La vida de pequeños trabajos mal pagos no era para él, su ambición era llegar a Bogotá y estudiar en una universidad.

La familia de Leonardo recuerda que el joven no se cambiaba por nadie cuando supo que había ingresado a la empresa Recaudo Bogotá. Para él, ese trabajo significaba un paso más para alcanzar una meta soñada por años: obtener un título profesional.

Leonardo se inscribió en el SENA a finales del 2016 y el lunes 23 de enero esperaba volver a tocar un aula de clases y estudiar administración de empresas. Esta era la carrera auxiliar porque desde niño soñó con ser ingeniero de petróleos. Leonardo sabía que los recursos eran escasos y que esa idea tendría que esperar.

La muerte parecía perseguirlo, de niño estuvo dos veces en peligro de fallecer por dos enfermedades que lo obligaron a permanecer en un hospital. Así lo recuerda su madre que reclama con el ceño fruncido al cielo la muerte de su hijo.

Buena persona

Leo, como le decían lo más cercanos, era una de esas personas que cae bien a todo el mundo. Tenía un carácter apacible que le evitaba conflictos con los demás y que le permitió, junto a su madre, congeniar con los arrendadores. No era raro ver a Miriam y al hijo sentados en la misma mesa con los dueños de casa.

En el barrio Santa Librada (sur) donde vivía en una pequeña pieza, lo recuerdan con cariño. “Ese muchacho era un ángel”, dice una vecina que se resiste a creer que haya muerto de manera violenta por no permitir que una persona se colara en Transmilenio.

Wilson Monroy Cárdenas, el presunto asesino, quien fue capturado a pocas cuadras de lugar en donde cometió el crimen, podría pagar entre 30 y 60 años de cárcel. Pero  la decisión de la justicia no le devolverá su hijo a Miriam.

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