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Las dolorosas historias de víctimas de minas antipersona

Semana.com presenta las historias de tres militares del Ejército que han sufrido en carne propia los dolores del conflicto.

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Hace cuatro años a Juan José Florián le cambió la vida. Tenía 28 cuando, al igual que cae una pirámide de naipes, su cuerpo cayó al suelo, desarmado, a causa de un artefacto explosivo. Perdió su pierna derecha, sus dos brazos, un ojo, pero no perdió su vida.

Juan José sigue en pie de lucha. Más sonriente que nunca. Es una de las 11.043 víctimas de minas antipersonales que el conflicto ha dejado desde 1990, según las cifras de la Dirección para la Acción Integral contra Minas Antipersonal de la Presidencia de la República.

En las zonas rurales del país, las minas sembradas no son pocas. Ahí radica la importancia del acuerdo al que llegó la mesa de negociación en La Habana el sábado pasado: desminar el territorio colombiano al menos en 688 municipios de la geografía.

"A partir de hoy el Gobierno y las FARC trabajaremos conjuntamente para limpiar algunos territorios rurales (…) La propuesta de desminado es un primer paso, pero un paso gigante hacia la paz", dijo el jefe negociador del Gobierno, Humberto de la Calle.

Este acuerdo es, tal vez, la esperanza de que se detenga el número de personas afectadas por las minas, de los cuales más del 50 % son miembros de la Fuerza Pública.

Fabián Sánchez es soldado profesional y tiene 25 años. Desde marzo del 2014 comprendió, con su propia vida, el dolor de Juan José.  En Nariño se topó con una mina que le quitó sus dos piernas y su brazo derecho quedó muy lastimado, casi inamovible.

Carlos Leonardo Perdomo, mayor del Ejército, lo vivió en Caquetá hace 10 años. Su brazo izquierdo lo perdió y en el derecho las cicatrices -profundas y resaltadas- parecen querer recordarle todos los días lo sucedido.

Semana.com presenta las historias de tres personas a las que las minas no pudieron acabar.

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