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La parranda carcelaria

Emilio Tapia, en la cárcel por el carrusel de la contratación en Bogotá, convirtió el pabellón donde está recluido en La Picota en sede de alegres parrandas.

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Los acordeones suenan, el cantante entona, los asistentes rotan el micrófono para corear a todo pulmón las estrofas vallenatas mientras corre el whisky a veces hasta cuando el sol empieza a despuntar. Esta escena, típica de una playa de la costa Caribe, de un bar o una finca de Valledupar ocurre, con bastante frecuencia, en el que se supone debe ser uno de los lugares más vigilados, seguros y estrictos del país: el pabellón de alta seguridad de la cárcel La Picota, conocido como Pas b.

Uno de los protagonistas principales de esta parranda carcelaria es nada más y nada menos que Emilio Tapia, uno de los personajes principales del llamado carrusel de la contratación en Bogotá, considerado entre los mayores robos a las arcas de la capital. SEMANA obtuvo varios videos donde queda en evidencia que Tapia, que además es testigo de la Fiscalía contra el exalcalde Samuel Moreno, transformó desde hace meses el pabellón en un lugar sin Dios ni ley a punta de su abultada chequera.

En los videos se observa un grupo de cinco músicos vallenatos que instalaron gigantescos bafles en el gimnasio del pabellón de alta seguridad un lunes de septiembre a las dos de la tarde (ver videos en Semana.com). Por orden de Tapia y con la complicidad de la guardia, solo podían ingresar sus invitados al lugar, donde también hay una pequeña biblioteca. Un selecto grupo estaba formado por algunos de los amigos más cercanos del polémico contratista.

Estaba Reginaldo Bray, condenado por el célebre desfalco al Ministerio de Transporte en el escándalo de Dragacol, quien muy animado toma el micrófono varias veces para cantar. Igualmente está un hombre conocido como Antonio o el Veneco, un venezolano procesado por narcotráfico. En la exclusiva concurrencia además están tres paramilitares: José Gelves Albarracín, uno de los hombres más cercanos al extraditado Jorge 40; Juan Monsalve, paramilitar y uno de los testigos clave del senador Iván Cepeda contra Álvaro Uribe Vélez; y Francisco Taborda, alias Nike o Nay. Estos dos últimos, especialmente el primero, son los más cercanos a Tapia en el pabellón y actúan como ‘escoltas’ del contratista. De hecho hace pocas semanas Monsalve atacó a puños a Héctor Zambrano, exsecretario de Salud de Bogotá, quien como vinculado también al carrusel de la contratación, está en orillas opuestas con Tapia en los estrados judiciales.

Tapia contrató e ingresó al pabellón de alta seguridad al grupo musical. Allí se ve cómo este y otros cantan alegremente. Así mismo se observa que varios de ellos, entre esos el propio Tapia y el paramilitar Monsalve, chatean por sus BlackBerry y se toman fotos tranquilamente mientras escuchan los acordes. Como buena parranda vallenata que se respete el trago no falta. En unas mesas en la parte posterior había varias botellas de ‘gaseosa’ llenas de whisky.

Un interno de apellido Henao coordinó el ingreso del trago para esa parranda y para el suministro constante en el pabellón. Con sus contactos en el exterior el hombre consigue cambiar el contenido de Colombiana por whisky que ingresa con la complicidad de la guardia. “Desde que llegó Emilio Tapia todo es más caro. Una botella de esas ahora vale 650.000 pesos cuando antes costaba 300. Él encareció todo porque reparte mucha plata a los guardias y los acostumbró mal. Conseguir un BlackBerry ya no baja de 300.000 pesos cuando antes valía la mitad”, afirma un  interno.

Los videos de las parrandas vallenatas a los que tuvo acceso SEMANA no son hechos aislados o cosa de una sola vez. Esas fiestas ocurren a cualquier hora entre lunes a viernes e incluso han generado peleas entre los internos pues Tapia y sus amigos no tienen problema en poner música a alto volumen en sus celdas cuando beben hasta altas horas impidiendo que descansen los otros internos y ante la mirada cómplice de los uniformados.

En el pabellón de Tapias hay 26 celdas con capacidad para cuatro internos, es decir 104 detenidos. Sin embargo, y a pesar del hacinamiento carcelario, por orden suya el ingreso a ese pabellón es limitado y en el lugar solo hay 32 presos. “Ahora usted debe pagar para estar en este patio mínimo 25 millones de pesos”, contó otro detenido.

Mariscos y todo tipo de carnes finas hacen parte del voluminoso mercado que semanalmente le llega a Tapia, quien además destinó la única nevera del patio para su uso exclusivo. Las parrandas vallenatas no son la única forma de distracción que ha encontrado el controvertido excontratista. Henao, el interno del licor, se encarga de organizar con partidos de microfútbol apuestas que van de 2 a 6 millones de pesos por encuentro. Henao es el mismo que organizaba peleas clandestinas entre internos en el pabellón de extraditables, como reveló hace unos meses Semana.com en varios videos. Tras ese escándalo fue trasladado al pabellón Pas b donde ahora ‘trabaja’ en labores varias para Tapia.

 El asunto sin duda es vergonzoso, no solo porque un hombre como Tapia, que saqueó miles de millones de pesos de las arcas no ha sentido el peso de la ley y por el contrario vive a cuerpo de rey en la cárcel. Lo peor es que todo esto ocurre incluso a plena luz del día, con el evidente conocimiento y complicidad de las autoridades de la que se supone es una de las cárceles más estrictas del país. 

Vea más videos en estos enlaces:

Video uno

Video dos

Video tres


Vea qué pasa en el pabellón PAS B de La Picota.

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