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Los raizales reclaman a sus presos

Esta comunidad de San Andrés asegura que el Inpec trasladó a algunos internos del grupo étnico a otras cárceles del país, vulnerando los derechos humanos. Una mujer denuncia que a uno de sus hijos se lo regresaron muerto.

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A los raizales en San Andrés les llegó una nueva preocupación, apareció una razón más para protestar en contra del Gobierno: sus presos.

Ya no es solo el mal servicio de salud, el fallo de la Corte Internacional de Justicia frente al territorio marítimo, la escasez de agua, la sobrepoblación y la lucha por el reconocimiento. Ahora la comunidad está preocupada porque varios presos raizales están siendo trasladados a otras cárceles del país.

¿La razón? El Inpec quiere descongestionar el centro penitenciario de la isla. Lo que no entiende este grupo étnico es por qué trasladan a los internos raizales, cuando son personas que tienen su territorio y familia en San Andrés.

“¿Qué pretenden hacer con nosotros? ¿Nos quieren acabar?”, se preguntó Zoraida Pomares, una mujer de esa comunidad que reclama a las autoridades por trasladar a su hijo Cristian Chaverra a Bogotá el pasado 29 de octubre, día que el Inpec hizo el paso de 42 presos, entre ellos seis raizales, a distintas cárceles.

Cristian, detenido desde 2010 por hurto, se encuentra ahora pagando su condena en Bogotá y pronto, según contó Zoraida a Semana.com, será trasladado a Girardot. Lo que más llena de ira a esta mujer, es que nunca le informaron del cambio de centro de reclusión y a su hijo no le dieron la oportunidad de empacar ropa o implementos de aseo.

"Tengo miedo. Vivo con miedo de que le pase algo. Vivo asustada y ahora no tengo cómo ir a verlo porque está lejos. Quiero ir, pero no tengo dinero", lamentó.

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El miedo de Zoraida no es infundado. A esta mujer raizal le asesinaron un hijo en la cárcel La Ternera de Cartagena el 10 de mayo 2012. Nadie sabe quién lo mató, ni siquiera el Inpec, pues nunca le han dado respuestas sobre qué ocurrió.

Van más de cuatro años y Zoraida lo único que tiene claro es que a Rubén Francisco Chaverra lo trasladaron de San Andrés a Cartagena en mayo de 2011 y un año después apareció muerto. Pero aunque el fallecimiento de un hijo trae consigo un dolor hondo e inexplicable, ese desconsuelo llegó al punto más alto cuando vio cómo se lo entregaron.

"El cuerpo de mi hijo llegó a San Andrés el 13 de mayo. No querían que el papá ni yo lo viéramos. A mí se me hizo raro. No entendía qué pasaba. Cuando una sobrina sí logró verlo, me contó que no tenía ojos. Y luego, cuando lo vi, no tenía nada. Apareció relleno de cal. Ni ojos, ni testículos, ni órganos, nada. Nadie me ha respondido, y llevo años buscando explicaciones". La voz se le entrecorta, y no es para menos: teme que a su otro hijo le pase lo mismo.

Para ningún raizal es fácil entender por qué trasladaron a los presos que hacen parte esa comunidad, pues las familias están allá. Para que un sanandresano pueda viajar hasta Bogotá, tiene que gastar como mínimo 1,5 millones de pesos para comprar los tiquetes de ida y regreso, pagar un hospedaje, movilizarse por la ciudad y comer.

O en otros casos podría ser mucho más costoso, como en el de Jackeline Peterson, a quien le trasladaron el hijo a Acacías, Meta, el año pasado. Al igual que Zoraida, esta mujer volvió a ver a su hijo cuando ya había fallecido. El joven, según contó, murió después de una pelea con algunos guardianes. (Ver video).

No hay razón que valga

Daniel Escalona también vive el mismo drama. Su hermano Jeff Angelo Escalona, que se encuentra preso desde hace cuatro años, fue trasladado el pasado 29 de octubre a la cárcel de Granada, Meta.

Aunque la razón del cambio es la misma para todos, Daniel no entiende de razones. Y menos cuando su hermano tiene graves problemas de salud mental que vienen tratando desde hace algunos años.

“Angelo sufre de esquizofrenia. Su enfermedad ya la había certificado un médico externo, pero este jueves 10 de noviembre iba a tener la cita médica con un psiquiatra de Medicina Legal, cita que había sido ordenada por el juez. Con el traslado se perdió la oportunidad de que lo revisara un especialista. Lo más triste es que la esperamos durante varias semanas”, expresó Daniel.

La situación resulta inexplicable. Escalona no entiende por qué lo trasladaron un día después de que llegara la citación de Medicinal Legal.

“Logré comunicarme con él gracias a un amigo. Se siente muy mal por lo lejano que se encuentra. Lloró bastante, pero entendió que tiene que estar allí mientras se puede lograr algo”, contó a este portal. Al mismo tiempo reclamó la forma en que el Inpec lo cambió de cárcel, pues tampoco le permitieron llevar nada consigo.

Este drama se convirtió en una preocupación en la comunidad raizal. Para Corine Duffins, líder del movimiento Archipielago Movement For Ethnic Native Self Determination (Amen-Sd), esos cambios son una violación de los derechos humanos.

“Primero, la comunidad raizal no puede ser expulsada del territorio sin su consentimiento. Eso no lo pueden hacer con ningún grupo étnico en Colombia. ¡Cómo mandan a seis raizales a una ciudad como Bogotá, que no conocen! Son personas que cometieron errores, pero no entiendo por qué les hacen esto. Me pregunto: ¿por qué no los dejan pagar la condena en su territorio? Allá no les pueden brindar un apoyo. Es demasiado cruel”.

Sin embargo, contrario a lo que dicen los raizales, el Inpec respondió en un comunicado que los traslados se han realizado de acuerdo a los protocolos, procesos y procedimientos reglamentados por el Instituto.

“Buscando garantizar los derechos fundamentales de las personas privadas de la libertad en lo referente a la habitabilidad, salubridad y descongestión”, dice.

El Inpec argumenta su decisión de trasladar a los internos en la Ley 1709 de 2014. Allí se especifica cuáles podrían ser las causales, como cuando lo requiera el estado de salud del interno, por orden interno o cuando sea necesario descongestionar el establecimiento, entre otras. 

Pero ninguna explicación satisface a la comunidad raizal. “¿Los que no son de la isla se quedan aquí, y los que son de aquí los trasladan? Eso no es justo. Ahora mi pelado está pasando necesidades y a ellos no les importa. Lo tengo que ir a ver porque sé que me necesita, no sé cómo, pero iré. Sin otro hijo no me pueden dejar”, remató Zoraida.

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