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La única entrevista de ‘Megateo’

Víctor Ramón Navarro, el capo del Catatumbo sólo habló una vez con un medio de comunicación. Lo hizo con SEMANA donde habló de sus crímenes, de sus negocios y de su intento por colarse en el proceso de paz.

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En la única entrevista que entregó a un medio Víctor Ramón Navarro, alias ‘Megateo’, habló de todo. Contó sobre sus origines en el EPL, sus alianzas con las Farc, bandas criminales y narcotraficantes.

En forma descarnada, casi cínica, el capo no tuvo problemas en reconocer abiertamente sus vínculos con el narcotráfico que lo mantenía y con el cual se apoderó prácticamente de la región del Catatumbo (Norte de Santander) y una buena franja de la frontera con Venezuela.

El día de la única entrevista que entregó a Semana.com, ‘Megateo’ llegó con un puñado de sus hombres, varios de los cuales murieron en el operativo de este viernes, en el que cayó el ‘gran capo’. En el grupo sólo había una mujer que cumplía las funciones de secretaría, cocinera y escolta. A ella era la única persona a la que le recibía comida o algo de beber. El capo contó que había optado por ese tipo de prevenciones debido a que, según él, la Fuerza Pública había intentado hacerle llegar comida envenenada con el fin de matarlo.

Todos tenían uniformes nuevos y era claro que nunca los habían usado ya que él y sus lugartenientes siempre andaban vestidos de civil en la región.

Aunque sólo estudió hasta quinto de primaria manejaba un discurso ‘comunista’ que se notaba se había aprendido de memoria, pero que claramente no compartía y mucho menos comprendía en toda su dimensión. A pesar de una pequeña dificultad para hablar, sus argumentos eran fluidos y su tono de voz bajo y pausado, tal vez para tratar de disimular su impedimento.

La actitud reverencial de sus lugartenientes era evidente. Era un hombre carismático, que se logró ganar el respeto de sus hombres y de la población a base de plata y plomo, más lo primero que lo segundo. El improvisado campamento donde ocurrió la entrevista estaba a escasos 50 minutos del municipio de Acarí en donde sólo había una estación de Policía con 15 uniformados que nunca salían del casco urbano.

A lado y lado de la estrecha y polvorienta carretera se veían pequeñas fincas con todo tipo de cultivos, pero sobresalían las matas de coca. El paisaje era compuesto por cientos de hectáreas de la hoja. A lo largo del camino, decenas de personas en motocicletas venezolanas regaladas por el capo, hacían parte de su ‘anillo de seguridad’. Por esos ‘regalos’, ‘Megateo’ se ganó la fidelidad de muchos de los pobladores que lo alertaban de la presencia de cualquier extraño.

Aunque se sentía confiado en la zona, ‘Megateo’ no disimulaba la paranoia que sentía por la persecución de la Fuerza Pública. En el bolsillo izquierdo de su pantalón cargaba un pequeño dispositivo electrónico que era básicamente un bloqueador de señales con el cual el capo trataba de evitar que quién estuviera cerca de él pudiera instalar o llevar un chip que delatara su ubicación.  

Para el momento de la entrevista, ‘Megateo’ ya había sido objeto de no menos 20 operaciones militares. Sabía que podía tener los días contados y por eso lanzó la propuesta al Gobierno para que lo aceptarán en una eventual negociación con los grupos armados ilegales.

Aunque presumía ser muy inteligente, en vario momentos de la entrevista el subconsciente lo traicionó y terminó confesando graves crímenes como por ejemplo ser el responsable directo de secuestro e incluso homicidios. Cuando se le preguntaba por temas políticos, sus respuestas eran confusas y básicamente acudía a repetir un libreto sobre manifiestos comunistas.

Así era ‘Megateo’ y así fue la única entrevista que dio a un medio de comunicación.

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