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Cuando los hijos se vuelven instrumentos contra sus papás

La problemática de los hombres que son separados de sus niños por parte de las madres sigue siendo un tema tabú. Semana.com conoció los testimonios de tres progenitores desesperados.

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En Colombia no existen cifras reales de cuántos padres son relegados por la justicia para ver a sus hijos. Y no existen por una razón: los padres que buscan luchar por la custodia, o siquiera un acuerdo de crianza compartida medianamente equitativo, no suelen denunciar el tema por temor a ser estigmatizados o cuando lo hacen no son tenidos en cuenta por la justicia con seriedad. No es un tema que acapare mucha atención, quizá porque en un país en que miles de valientes mujeres sacan adelante solas a sus hijos y en el que se reportaron casi 1.500 menores abandonados el año pasado son pocos los hombres que luchan por ver o participar de la educación de sus hijos.

Pero esos hombres existen. Luchan contra una sociedad que no entiende su posición por el hecho de ser hombres, que muchas veces los prejuzga porque “todos los hombres son iguales”, que en cientos de casos los vulnera porque “madre solo hay una y padre puede ser cualquiera”. Esta problemática en un país machista como Colombia termina reducida a una cuestión de pocos. Uno de esos temas del que se habla en voz baja porque “dirán que soy una nena que lucha y llora por ver a mis hijos”.

Le recomendamos: El drama de los padres que no pueden ver a sus hijos

Fabián Andrés Ávila no puede contener las lágrimas cuando le piden que le envíe un mensaje a su hija de nueve años. Precisamente, el día que habló por primera vez con un medio de comunicación sobre su drama se cumplían dos años sin verla. La última vez que pudo ver los ojos de su pequeña, la mamá y un grupo de familiares lo agredieron. La paliza fue tal que Medicina Legal le dio una larga incapacidad. Fabián, además de ser alejado de su única hija, era agredido por una mujer, y lo denunció. Dos hechos que son mal vistos en un país ‘meros machos’ como Colombia.

La vida de César Villegas, en los dos últimos años, estuvo en los juzgados. Abogado, de esos milimétricos que conoce al dedillo las normas, ha batallado en juzgados familiares para ver a su Nicolás, que al momento de compartir su testimonio tiene apenas dos años. Villegas ha tenido que lidiar con abogadas, jueces y fiscales que tienen esa concepción de que “los hombres, todos, son malos. Porque sí”. Así que, en estos años de combates judiciales ha tenido que escuchar frases como “guarde silencio” o “salga del recinto, que su voz no aporta nada”.

La historia de desencuentros familiares de Alberto Parra ha sido más documentada. Su exesposa lo ha alejado de sus dos hijos. Noticias Uno presentó su caso y de forma escueta señaló que el hombre no podía ver a sus hijos desde hace un año y medio por cuenta de los posibles contactos que tendría su mujer, quien ocupa un alto cargo en el Estado.

Lo que ocurre en estos casos no es común. Usualmente, son las mujeres las que tienen que acudir a los juzgados para que los hombres respondan por sus obligaciones. Sin embargo, no son pocos los casos en los que el padre tiene acudir al sistema judicial para poder compartir tiempo con sus hijos.

Aunque este tema es complejo de cuantificar, porque cada caso tiene particularidades, en términos globales, el ICBF tramita 64.548 casos de custodia de niños, niñas o adolescentes, y adelanta 7.482 casos de regulación de visitas y 5.649 investigaciones de paternidad.

La abogada María Cristina Ferrucho, que lideró por varios años la Fundación Padres por Siempre, es tajante cuando afirma que “muchos hombres sufren discriminación de género en el sistema judicial”. La jurista explicó que “las decisiones o sentencias en algunos juicios no parten del principio de igualdad y equidad y las sentencias son poco favorables a los hombres. No se puede negar que hay muchos prejuicios. Todavía existe una desconfianza e incredulidad de los operadores judiciales”.

Niños utilizados

Las batallas judiciales de los adultos terminan marcando la vida de los pequeños. Y es una infamia. Al final, madres y padres tienen frentes de batalla tan intensos que logran tener hasta armaduras para desgarrar a su rival. Pero nadie se acuerda de los niños. Al final, todo se degenera en una cruenta guerra en la que, mamá hace que los niños vean al padre como un enemigo y donde los padres se desdibujan hasta el hartazgo.

Pero los niños más temprano que tarde crecerán. Y todos los involucrados parecen olvidarlo (por acción u omisión). Lina Patricia Rodríguez, psicóloga del ICBF, le había dicho a Semana.com que muchas mujeres y hombres utilizan a los niños como herramientas de venganza contra sus exparejas porque no superan bien los duelos amorosos”.

Consulte: El mejor arreglo para hijos de padres divorciados

Según estudios realizados en todo el mundo sobre la siquis de los hijos del divorcio, no es la separación la que puede causar problemas a los menores, sino el conflicto. Expertos consultados por Semana.com señalan que en una circunstancia de separación de sus padres, de la única manera en que salen perdiendo los hijos es en aquella en la que la seguridad, la claridad, la verdad y la amabilidad desaparecen.

Con excepciones que confirman la regla, por lo general una separación deja heridas en la pareja y estas, casi irremediablemente, van a formar parte del ámbito en que se desenvuelven los menores. En estos casos el punto de salvación, según los sicólogos, está en la manera como los padres asuman la eventualidad, pensando más en los hijos que en ellos mismos.

“Lucharemos por siempre”

“Nico, te juro que voy a luchar hasta el último día de mi vida para estar en tu vida”. El mensaje lo entrega César Villegas con los ojos aguados. Fabián Ávila ni pestañea, “no importa cuánto deba luchar, nunca olvides que tienes un padre”, y no resiste más. Y, Alberto Parra, apenas si resopla para decir “lucharé por siempre por ustedes”.

Son mensajes para hijos que quizás hoy los ven poco y casi que como enemigos. Por esas crueldades del destino. Los tres padres se atrevieron a dar un testimonio que pocos se atreven, “porque los machos no lloran y menos por mujeres”. Pero los padres sí tienen lágrimas. Lágrimas que se convierten en fortaleza para seguir luchando contra un sistema que los vulnera.

Al final, existen decenas de problemas de fondo. Los mensajes se acaban y la ausencia persiste. Todo a la vista de un conjunto de autoridades que imparten fallos a partir de prejuicios históricos. ¿Y los niños? Los niños siguen creciendo a la par que el odio de unos adultos que no quieren educarlos. Quieren ganar la batalla.

*Periodista de Semana.com

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