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La conmovedora historia del hermano de Irma Franco

Jorge Franco, hermano de la desaparecida militante del M-19, cuenta por qué está seguro que ella salió viva del Palacio de Justicia, estuvo en la Casa de Florero y luego no se supo más de ella. Lleva toda la vida buscándola.

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Jorge Franco habló con SEMANA para el especial Palacio de Justicia: 30 años, 30 rostros.

“Irma nació en un hogar de muchos hijos, extremadamente humilde. Era la cuarta, de abajo hacia arriba, de 13 o 14 hijos, ya ni me acuerdo cuántos éramos. Pero gracias a la tenacidad de nuestros padres y hermanos mayores, progresamos. En 1985 ella estaba por graduarse de Derecho.

El 6 de noviembre ella estaba en la oficina de Darío Quiñones, un buen amigo mío que, en el momento de los hechos, era el secretario del Consejo de Estado. Supongo que no solo hacía su tesis con él, sino que estaba haciendo alguna labor de inteligencia desde adentro. Lo que quisiera aclarar, frente algunos fallos judiciales, es que ella no entró con el comando del M-19, sino como civil.

Antes de los hechos, un día supe con seguridad que pertenecía al M-19 porque cuando Álvaro Fayad venía a Bogotá, decía él, la mejor seguridad no era tener escoltas ni nada parecido, sino que lo acompañara y lo movilizara Irma en su vehículo. Así entendí que era militante del M-19. Y vine a imaginar que ese miércoles ella estaba en el palacio a raíz de un episodio del domingo anterior a los hechos. Estábamos en la Funeraria Gaviria, había muerto el padrastro de mi señora. En un momento fui a la cafetería y cuando regresé la encontré a ella, en su carro, esperándome con la ventanilla abajo. Me llamó, yo me acerqué y me dijo “Jorgito, me voy a hacer un viaje muy largo y quiero pedirle a toda mi familia que, si pasa algo, me perdonen. Especialmente a usted le pido perdón”. Se puso a llorar y arrancó, no me dio tiempo ni de decirle nada. Cuando me habló de un viaje largo supuse que iba secuestrar un avión, eso era común en la época. Pero el día de los hechos, cuando empecé a oír de la toma del M-19, concluí que allí estaba ella.

Después intenté ir y buscar algo, pero era imposible. Cuando llegué a mi casa el entonces mayor de la Policía, Félix Gallardo, que era muy amigo de la familia y estuvo en la retoma, me llamó por teléfono y me dijo “Jorge, no se preocupe por Irma, está ilesa, salió viva del palacio. Prepárese para el proceso”. Me contó que había estado detenida en la Casa del Florero. Esa fue la primera noticia que tuve de Irma, y el primer testimonio de que ella había salido viva. El segundo vino de un periodista muy amigo mío que me mostró un video donde aparecían los rehenes saliendo custodiados. Entre ellos estaba Irma. Después en las declaraciones se supo que una aseadora del palacio la identificó y la delató. Ese es el tercero de los testimonios. Finalmente un soldado del Ejército, a los diez o 15 días de los hechos, llamó por teléfono a mi hermana Mercedes y le dijo que él había estado vigilándola, que estaba viva, que se la habían llevado detenida y que le había pedido el favor de que llamara a su hermana.

Desde el punto de vista judicial, de los ocho fallos que hay todos confirman que Irma salió viva. Pero no ha habido un responsable de su desaparición. En 2008 se publicó una entrevista en El Espectador donde se afirma que en el Palacio de Justicia no hubo desaparecidos, sino homicidios. En esa entrevista se dice que a Irma la mataron, la llevaron al Batallón Charry Solano, donde Edilberto Sánchez Rubiano era coronel. Se dice que la torturaron, incluso se dan nombres. Se dice que no se sabe si se les murió o la mataron, pero murió, y la enterraron en el hueco donde hacen tiro al blanco. El coronel Plazas Vega dijo todo eso. Según mis averiguaciones, nadie ha refutado esas declaraciones. Yo creo que a todos los llevaron originalmente a Caballerizas, en donde era coronel Plazas, y que con las torturas que allí les hicieron se dieron cuenta de que Irma era del M-19 y la entregaron a Inteligencia. Esa es mi deducción, al encajar todas las declaraciones y los testimonios.

A la investigación de Irma se sumó el doctor Eduardo Umaña Mendoza, el abogado más conocido de los presos políticos y defensor de Derechos Humanos. Un día el doctor Umaña me invitó a su oficina y me dijo que él ya tenía información de dónde estaban enterrados los cadáveres, pero que no me iba a decir por seguridad. A los ocho días lo asesinaron en su oficina. Allí estaba presente una sobrina mía que trabajaba con él. Fue la única que vio a esas personas que lo mataron, y que se hicieron pasar por periodistas para entrar. Me llamó, no podía ni hablar. Solo lloraba y lloraba. “Tío, tío, tío, acaban de llamar al doctor Umaña, estoy en su oficina. Él tenía cita con su exesposa y su hijo, y ya llegaron”. Yo salí hacia allá, le dije que le contara a la señora pero que por nada del mundo dejara entrar al niño, porque se impresionaría. Cuando llegué ya había llegado la Policía. No dudo de que lo mataron por la información sobre los cadáveres. Mi vida cambió en todos los aspectos desde que mi hermana desapareció. El dolor más grande que yo tengo es ese, no saber dónde está y qué pasó con ella. Esa es mi gran frustración en la vida. Yo por eso considero que fracasé. No me arrepiento de entregarle mi vida a esta búsqueda, pero siento que fracasé. Varias veces me han amenazado por seguir buscando. Yo solo digo que ojalá lo hicieran, que ojalá muriera yo por esa justa causa.

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