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En video: Los perros del Clan del Golfo

Esta es la historia de cómo la mascota favorita del capo Otoniel ahora ayuda a la policía a perseguirlo en las selvas de Urabá.

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El narcotraficante Dairo Úsuga, alias Otoniel, jefe de la banda criminal del Clan del Golfo lleva más de dos años escondiéndose en las espesas selvas de Urabá. “Es un animal de monte. Muy peligroso, mata niños, mujeres, a todos sólo porque sí”, dijo sobre él otro gran capo, Daniel El Loco Barrera, extraditado a Estados Unidos.

Desde que se lanzó la operación Agamenón para desarticular la banda criminal del Golfo, Otoniel no puede pasar dos noches seguidas en el mismo lugar. Desde la maraña, él y sus lugartenientes siguen traficando, extorsionando y ordenando asesinatos de civiles y policías como ha ocurrido en las últimas semanas.

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Sin embargo, a pesar de esa cobarde ofensiva, las autoridades cuenta con una eficiente e inusual herramientas que ha permitido llegar a los cambuches y escondites, y capturar a decenas de sus secuaces: el propio perro de Otoniel. Hoy ese animal es clave para perseguir a su antiguo dueño.

La historia de este perro que “cambió de bando” comenzó hace dos años. Algunos narcos del Clan, y en especial Otoniel, suelen utilizar perros entrenados en rastreo y los ubicaban en sus anillos de seguridad para detectar personas extrañas, lo que los alertaba y les permitía escapar.

En 2014 un lugarteniente del jefe de esa banda compró en Medellín un de una raza específica encargado por su jefe y lo llevó a Apartadó para entrenarlo durante unas semanas. Después lo transportaron a Turbo y por tres meses lo adiestraron en una de las fincas de alias la Flaca (esposa de Otoniel). Lo adaptaron al terreno y luego lo subieron a las montañas donde se ocultaba el jefe de esa organización. El perro se convirtió en el animal consentido del capo y siempre lo llevaba a donde iba.

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A comienzos de 2015 en un operativo en zona rural de Necoclí, la Policía llegó a una casa de madera en lo alto de una montaña donde se escondía Otoniel. Luego de un enfrentamiento donde murieron cuatro de sus hombres de confianza, el perro quedó desorientado dentro de la vivienda.

Otoniel alcanzó a huir en una mula blanca pero dejó atrás a su fiel amigo y, cuando el combate terminó, el perro desesperado empezó a buscar a su amo olfateando toda la zona, lo cual llamó la atención de la Policía que decidió dejarlo hacer su trabajo e ir tras él. Durante tres horas rastreó a Otoniel, pero perdió la pista al llegar a la orilla de un río.

Sin embargo, la Policía decidió adoptarlo y desde entonces constantemente lo lleva a sus operativos de asalto para que olfatee los colchones y las prendas del jefe del Clan, lo que ha permitido cercarlo cada vez más. Inicialmente los uniformados decidieron llamar Oto al animal. Unos meses después lo “rebautizaron” como Pecas. Ahora vive en la selva junto a otros perros de la Policía y su instinto por encontrar a su antiguo amo se convirtió en una de las herramientas más efectivas de la Policía en la cacería contra el hombre más buscado del país.

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