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Alias JJ: ¿la historia contada desde el lado equivocado?

Caracol estrena este miércoles una serie de televisión basada en un libro de Popeye. ¿Qué tan pertinente es? ¿Es solo un negocio? ¿Qué le aporta a la audiencia?

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Una frase lapidaria que le atribuyen a Bertrand Russell podría resumir la posición en la que hoy está John Jairo Velásquez Vásquez, alias Popeye, el sicario más sanguinario de Pablo Escobar: “La guerra no determina quién tiene la razón, solo quien se queda”. Y es que el caso de Popeye es atípico en el mundo de la mafia. Luego de haber matado a mano propia a unas 300 personas, como él mismo se ufana al contarlo, ahora se dedica a explotar su imagen.

Tras pagar 23 años y tres meses de cárcel, Velásquez Vásquez ha hecho de su pasado criminal una marca para vender. Creó un canal de Youtube que tiene 228.000 suscriptores, una cifra similar a la que registran líderes de opinión como Daniel Samper Ospina o Vicky Dávila. El espacio lo ha usado para opinar de lo divino y lo humano. Pero sobre todo, para rendirle culto a su antiguo patrón, como si fuera un héroe y no el hombre que mandó a asesinar a casi 4.000 colombianos.

Desde que estaba purgando su última parte de la condena en la cárcel de Máxima Seguridad de Cómbita, en Boyacá, Popeye ya daba muestras de una especie de megalomanía con la que terminaría relatando en las redes su vida de sicario: “Yo conocí el lujo, fui un dios porque tomaba la decisión de matar a una persona, mejor dicho, me creía un dios, viví al lado de uno de los hombres más grandes del mundo, Pablo Emilio Escobar Gaviria; pues, si hablamos del mundo del crimen era el más grande”, le dijo a un periodista en 2012.

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Desde 2005, Popeye había lanzado su primer libro: El verdadero Pablo, un texto escrito por Astrid Legarda que, según reseña la editorial en su página web, vendió más de 130.000 ejemplares en nueve ediciones. Pero el texto llevaba consigo un compendio de imprecisiones que pasaron impunes. En 318 páginas decía, por ejemplo, que luego de la toma del Palacio de Justicia, Álvaro Fayad y Jaime Bateman, ex guerrilleros del M19, se habían ido a refugiar a la Hacienda Nápoles. El detalle que no cuadraba era que el holocausto del Palacio había ocurrido el 6 de noviembre de 1985, esto es,  dos años después de que se hubiese muerto Bateman.

Pero la historia que hoy vuelve a tener a Popeye en el centro de la polémica es la serie que lanza este miércoles Caracol llamada Alias J.J., basada en el segundo libro del ex sicario titulado: Sobreviviendo a Pablo Escobar.  Velásquez, de gafas oscuras y vestido con una camiseta de Lacoste, dice en su canal estar feliz por el lanzamiento de la producción: “El actor principal que me representa a mí es Juan Pablo Urrego, un actor profesional, exitosísimo, él estuvo andando conmigo, sacó mi esencia, viendo cómo disparaba yo (…) y la cogió claritíca”. Popeye también vaticina que la serie está llena de efectos especiales e invita a sus seguidores a apoyar el “talento colombiano”.

Alias J.J. es producida por Asier Aguilar, dirigida por Luis Alberto Restrepo, Juan Carlos Vásquez y Jorge Sandoval. Los libretos fueron escritos por Gerardo Pinzón, Jhonny Ortiz y un equipo de dialoguistas. El elenco está encabezado Juan Pablo Urrego (Popeye), Nicole Santamaría, Amparo Grisales, Ramsés Ramos, Elkin Diaz, entre otros. El contenido ya fue vendido a Netflix, la plataforma digital que tendrá disponible el seriado junto a otras producciones colombianas como La esclava blanca y La niña.

Consulte: ‘Popeye’, ¿la estrategia de Caracol? 

Las razones de los productores para poner en escena a Popeye son variadas. Es un personaje con una vida extraordinaria. Fue el jefe de sicarios de Pablo Escobar por casi 12 años. Para el mundo del entretenimiento, se trata de un personaje que cuenta con todos ingredientes para una inversión asegurada. Como sucede con otros criminales, Popeye ya llega a miles de personas a través del marketing que ha hecho de sí mismo.  

“Nosotros decidimos hacer la adaptación de Popeye porque pensamos que de estos temas hay que seguir hablando. La única manera que tienen las sociedades de superar un trauma es hablando de ellos. ¿Cuántas películas nazis hay?, ¿cuántas películas y libros hay sobre la guerra de Vietnam?”, le dijo a Semana.com Dago García, vicepresidente de contenidos del Caracol.

Por su parte, Omar Rincón, crítico de televisión, argumentó que el problema no es que se sigan haciendo estos relatos, sino que se realicen desde un punto de vista en el que se exalta al villano: “Si el libreto justifica todo lo que este personaje hizo, hay un problema, porque estaría mostrando que todo tenía una razón de ser, y un tipo tan despreciable como Popeye no debe tener ningún recurso de justificación. Él ‘man’ hizo eso porque es un cafre, mal habido y mala persona”.

Lea: ¿De dónde es la plata de Popeye? 

Al respecto, García aseguró que las personas están prejuzgando la serie porque aún no han visto desde qué punto se ha abordado la historia. Dice que en el caso concreto de Popeye tuvieron cuidado de evitar que el personaje se convirtiera en un arquetipo positivo. E incluso espera que cuando las víctimas de Pablo Escobar o Popeye vean la serie, puedan cambiar su punto de vista frente a este tipo de seriados.

“No nos hemos ocupado de la infancia de Popeye, ni de las circunstancias que lo llevan a convertirse en lo que se convirtió para justificar su comportamiento, que es el peligro de hacer estas series (…) Nosotros como medio de comunicación jamás nos permitiríamos el error de hacer un tributo a un personaje como Popeye. Jamás. Tengan la plena seguridad”, dijo García.

Desde el canal también aseguran que el eje central de la historia será el momento en que Velázquez entra a la cárcel y se queda sin la ayuda de Escobar. A partir de ese punto, van a narrar otras problemáticas como el hecho de que las prisiones colombianas no son lugares donde los reclusos se rehabilitan, sino que terminan siendo sitios donde se sigue delinquiendo.

Al margen del enfoque de la narración, para Omar Rincón las narcoseries son “buenísimas” en actuación, fotografía, producción, ritmo y lenguaje. Cuentan con un altísimo nivel de producción y están hechas en óptica de cine. Responden además a una dinámica que consiste en mostrar al público a personajes con los que se pueden sentir identificados y por eso son tan exitosas. De hecho, Alias J.J. tiene una inversión aproximada de 150.000 dólares por capítulo.

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“Todos llevamos un narquito dentro –aseveró Rincón- El narcotráfico es nuestro relato nacional. Como es nuestra historia hay que contarla en mil versiones para saber por qué hicimos eso y de qué estamos hechos”.

Otra de las reflexiones que proponen los entrevistados es que en Colombia hay un doble discurso. Para Rincón quienes hicieron “brillante” a Popeye fueron los medios de comunicación, que ahora juzgan que se utilice al personaje para hacer ficción.

Así mismo, los consultados coinciden en decir que las audiencias son incoherentes: por un lado critican estos contenidos, pero al mismo tiempo son las series que más ven. Un ejemplo claro es que en este momento Sin Tetas Sí Hay Paraíso, una serie de Caracol Televisión, es la que encabeza el listado del rating con un poco más de los 12 puntos. Al final es el televidente quien tiene el poder y el control remoto. Y la única forma de castigar un contenido es no consumirlo. 

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Más allá de cualquier consideración de contenido, lo cierto es que Alias J.J. es un producto hecho para el mundo del entretenimiento. Y su fin no es buscar la verdad, sino recrearla. La televisión es un negocio que mueve miles de millones de pesos. La serie Pablo Escobar, el patrón del mal, por ejemplo, tuvo un rating final en Colombia de 16 puntos, siendo una de las series más vistas en la historia de la televisión reciente. Cada día de rodaje costaba 164 mil dólares, una inversión mínima si se compara con lo que pudo recaudarse al venderla. En 2013 había llegado con éxito a 15 países.

Pero además, “Alias JJ” está basada en un libro escrito por el mismo Popeye, asunto que las víctimas de Escobar consideran un despropósito y un insulto. Dicho relato, a diferencia de un texto periodístico, tiene una sola versión de los hechos, esa misma que puede ser usada para justificar o incluso para engrandecer algo tan grave y repudiable como un crimen.

Federico Arellano, hijo del tenor Gerardo Arellano, una de las víctimas del avión de Avianca que el cartel de Medellín hizo estallar en el aire en 1989, dice que el relato del sicario lo que termina es minando a una sociedad que en vez de hacer justicia premia al victimario. Para Arellano una serie de televisión sobre un hombre que se ufana de haber matado a más de 300 personas es, a fin de cuentas, un homenaje a la maldad.

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