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Cayeron las 'arpías'

Las mujeres hacían parte de una banda de 19 personas que hurtaban en la capital con tres modalidades: 'escupitajo', 'engome' y 'cosquilleo' o 'lanza'.

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Las 'Arpías' no era una banda cualquiera. Era la más grande estructura dedicada al hurto en el centro de Bogotá y se había convertido en el principal objetivo para la Policía Metropolitana. Este martes los investigadores, con el apoyo de los jueces, lograron capturar a los principales miembros de la banda.

Diez de los 19 integrantes de esta compleja red de atracos eran mujeres, a las que también llamaban 'manos de seda'. Su experticia era robar sin utilizar la violencia, bajo tres modalidades: 'escupitajo', 'engome' y 'cosquilleo' o 'lanza'.

María Natividad Torres, de 61 años, era la experta en el denominado 'escupitajo'. Aprovechándose de su figura de anciana, se acercaba a un transeúnte previamente identificado, le decía que algo le había caído en el hombro y, mientras tanto, otras de sus compañeras desocupaban, muy delicadamente, los bolsillos de la víctima.

La líder de la banda también era experta en el 'lance' o 'lanza', que consistía en extraer celulares y dinero de las carteras o bolsillos con agujas.

Por su parte, la encargada del 'engome' era María del Pilar Vargas. La mujer se acercaba a alguna persona y la distraía con preguntas de cualquier tipo como una dirección. Mientras tanto, otras delincuentes entraban en acción y le robaban sus pertenencias al afectado sin que se diera cuenta.

Así, con estas estrategias, las 'arpías' lograban hacer, en promedio, 30 hurtos diarios en la mañana y vendían el botín en horas de la tarde. Según los investigadores, la banda diariamente tenía ganancias cercanas a los cuatro millones de pesos.

Doce investigadores de la Seccional de Investigación Criminal (Sijin) de la Policía lograron conocer hasta los más escondidos secretos sobre la forma como operaban las delincuentes. Los uniformados, que se hicieron pasar como mensajeros, vendedores de refrescos y vendedores ambulantes, recopilaron el material probatorio camuflando cámaras dentro de confetis.

"Todo ese material probatorio y de rutina les ofreció a los investigadores hasta saber que los delincuentes vivían en barrios cercanos a San Victorino y que a pesar de percibir jugosas ganancias de los hurtos (hasta cuatro millones diarios), vivían como nómadas en habitaciones de sectores como San Bernardo, Girardot y Laches", explicó la Policía.

Ellas ahora argumentan que robaban porque el Gobierno no les da trabajo. Alguna otra, entrevistada por Blu Radio, dijo que ellas no usaban la violencia y que no son peligrosas. Un flojo argumento en medio de la desesperación tras su captura. Ahora las miradas se enfocan en los jueces que, muchas veces, dejan en libertad a miembros de estas bandas que azotan la capital y le hacen mucho daño a la ciudadanía.

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