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El turco que pasó de ser un profesor en Colombia a ser acusado de terrorista

Adem Oner enseña turco y Ebrú, el arte de la paciencia, en la Universidad del Rosario. Fue señalado en un informe de inteligencia de hacer parte de una red de terrorismo, pero su vida académica dista mucho de esa acusación. El claustro lo respalda.

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Adem nació en Adena, Turquía, hace 36 años, pero ha pasado casi un tercio de su vida en Colombia, un lugar al que llegó por los azares del destino y donde vio nacer a sus dos hijas. Toda su vida ha sido profesor, a eso vino a estas lejanas tierras después de saborear el frío apabullante en Rusia.

Salió de Turquía muy joven, no huyó, solo se aventuró a ver el mundo más allá de la frontera. Ese era su sueño. Cuando le dijo a su familia que iba a ir a un país llamado Colombia le cuestionaron pero no pudieron detenerlo.

Decidió viajar en 2006 y empezó por aprender español en la Universidad Nacional. Recuerda nítidamente que en esos tiempos había muchas revueltas. Después se convirtió en profesor auxiliar y empezó una vida en Medellín, un lugar que añora cada vez que lo oye nombrar, el mismo de su adorado Atlético Nacional. Así es, tal vez se lleve el honor de ser el primer turco hincha del verdolaga.

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Trabajó en la Universidad de Antioquia, volvió a Turquía a casarse con su novia y viajó a Medellín para tener dos pequeñas paisas con papás turcos. Fátima es la primera niña con esa combinación que se registró en el país.

Tras recibir una buena oferta de trabajo en 2012 la familia se mudó a la fría Bogotá. Adem Oner volvió a la Nacho, donde trabajó en el centro de estudios turcos durante tres años. También se unió a la Universidad del Rosario para enseñar su idioma, sus costumbres y un milenario arte llamado Ebrú, o el arte de la paciencia.

 
Adem es, como el arte que practica, un hombre paciente, y en este momento se encuentra en uno de los meses más importantes del año: el Ramadán. Ayuna, pasa las horas de su día sin probar ni un gota de agua ni una miga de pan, tal como lo hacen los millones de musulmanes que adoran a Alá.

Justo antes del Ramadán recibió una noticia que le movió su mundo. Según publicó el diario turco Hürriyet Daily, un informe de los servicios secretos de Turquía enviado al Parlamento señalaba a los Centros de Estudios de Turquía de la Universidad Nacional y del Rosario como parte de la red de Fethullah Gülen, el enemigo acérrimo de Tayyip Recep Erdogan, el presidente de ese país.

Consulte: Turquía: de vuelta al sultanato

La gravedad de todo eso radica en que Gülen fue acusado por Erdogan de ser el autor intelectual del golpe de Estado fallido que se vivió en Turquía el 15 de julio del año pasado. Según el informe, estas instituciones estarían vinculadas a una "organización terrorista”. Así, Adem se durmió siendo un profesor y se despertó siendo un terrorista.



Esa palabra ni siquiera le cabe en su mente. “Yo soy un profesor, enseño arte Ebrú, si eso es ser un terrorista entonces sí lo soy”, dice mientras se ríe y nos muestra el cuadro que hizo con la técnica que ya estaba presente en tiempos del Imperio Otomano.

El entramado

Las universidades colombianas aparecen mencionadas junto a otra veintena de universidades, centros o cátedras de todo el mundo. Al conocerse el informe, la embajada de Turquía en Bogotá salió a aclarar la información. Aseguró que los datos divulgados por el diario turco están “expirados”, es decir, ya no corresponden. “La mencionada organización terrorista conocida como Fetö infiltró a muchos centros educativos en diferentes países. En el año 2014 la Universidad Ankara de Turquía y la Universidad Nacional de Colombia firmaron un Convenio de Cooperación Académica y la universidad decidió terminar la actividad del ‘Centro de Estudios de Turquía’”, explicaron por medio de un comunicado.

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Por tanto, la Nacional ya no tendría velas en este entierro. Pero queda la Universidad del Rosario. El claustro terminó en este enredo por el interés que surgió en 2005 de unos empresarios turcos de promover su cultura en la academia. En ese momento, las compañías ofrecieron al claustro financiar dos profesores para que enseñaran el idioma. La Universidad creó el Centro de Estudios de Turquía, abrió el curso de turco y de Ebrú, y promovió viajes históricos a ese país a los que asistieron decenas de estudiantes.

El rector de la institución, José Manuel Restrepo, cuenta que en ese momento acudieron a la embajada de Colombia en Turquía y de Turquía en Colombia, quienes confirmaron que se trataba de prestigiosos empresarios en ese país. Para ese entonces Erdogan no había llegado al poder. Y a medida que se dio su ascenso la clase empresarial comenzó a alejarse de su gobierno. Por cuenta de esos dos profesores que los empresarios financiaron en esos años, y de la que solo queda la clase de turco, la Universidad es hoy señalada de apoyar al terrorismo. 

La embajada de Turquía se acercó al Rosario para pedirle hacer un cambio, pero la universidad ha decidido no cerrar las clases de turco del profesor Oner. “Somos profundamente respetuosos de las personas, de los profesores y de la autonomía universitaria”, le dijo Restrepo a Semana.com.  El claustro acudió a las autoridades judiciales para revisar si el docente tenía una historia delincuencial, pero ni en la Embajada ni en la Fiscalía hay ningún reporte. “No existe ningún manto de duda sobre el profesor”, agrega Restrepo. 

El Rosario no es la única institución del mundo con este problema. Hace unos meses, la Magna Charta Universitatum, que reune 388 rectores de las universidades más reputadas del mundo, escribió una carta (al igual que otras 20 organizaciones educativas del mundo) al presidente Erdogan expresando su preocupación por las violaciones a la libertad de cátedra y a la autonomía universitaria que viven los centros académicos en Turquía. Entre estos denunciaron investigaciones, arrestos, interrogatorios, suspensiones y terminación de puestos de trabajo a profesores turcos. Un ápice de esa persecución llegó hasta las apacibles aulas del claustro en el centro de Bogotá.  

Lea: Purga mediática

Mientras tanto, Adem espera poder seguir dictando clases en el Rosario, tal como lo ha hecho durante su estadía en Colombia, y no ser uno de los tantos profesores que, según él, están siendo perseguidos por Erdogan en todo el mundo.

"Como universidades tenemos el deber de promover la diversidad y la democracia en todas sus dimensiones más universales, eso lo que asegura que una Universidad sea realmente Universidad", explicó Restrepo.

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