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Los riesgos a que se exponen las personas con discapacidad en Transmilenio

Javier Cuéllar, un ciudadano invidente, murió el 8 de agosto tras sufrir una caída de la plataforma de Transmilenio. El caso invita a reflexionar sobre el sistema de seguridad de las estaciones.

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¿Cómo hace una persona ciega, por ejemplo, para orientarse en las plataformas; un manco para sostenerse de los rieles o un sordo para comprender el contenido de los letreros? Funcionarios de distintas organizaciones relacionadas con personas en condiciones especiales hablaron con Semana.com y dieron su opinión profesional al respecto.

Sandra Cortés, del Instituto Nacional para Ciegos (INCI), y María Andrea Fernández, excoordinadora pedagógica en seguridad vial de la Secretaría de Movilidad de Bogotá, piensan que las baldosas táctiles podrían constituir una buena medida de seguridad para personas invidentes y que Transmilenio podría implementarlas.

“Una persona con discapacidad visual, por ejemplo, al entrar en contacto con las baldosas táctiles obtienen una sensación distinta sobre el suelo, que le indica que está próximo a salir de la vía”, explicó María Andrea, señalando que además de los riesgos que la tecnología vial pudiera representar en las estaciones, al ciudadano le corresponde “su cuota de responsabilidad o de cultura ciudadana”.

La directora del Instituto Nacional para Sordos (INSOR), Marcela Cubides, explica que las personas con este tipo de discapacidad tienen un nivel de lectoescritura muy bajo, por lo que los letreros de emergencia u otros semejantes no tienen ninguna utilidad para ellos. “Esto se debe a que los colegios en Colombia no están preparados para la formación lingüística de personas sordas, quienes solamente manejan la lengua de señas”.

Cubidos sugiere como herramienta para las personas sordas la exhibición de videos –o alguna especie de enseña– sobre cómo funcionan los mapas de transmilenio. “Se podrían colocar personas sordas expertas en esta lengua explicando aspectos concernientes al sistema de transporte público”, indicó.

Las personas que tienen limitaciones en sus extremidades superiores también corren riesgo al trasportarse en Transmilenio. “Hay trampas en las puertas de acceso, los conductores se parquean lejos de las plataformas y se han caído personas”, señaló Humberto Eslava, director de la Asociación Colombiana para el Desarrollo de las Personas con Discapacidad.

Asimismo puntualizó que los funcionarios y policías del sistema masivo de transporte deberían estar capacitados y mejorar su actitud para atender a las personas con algún tipo de discapacidad.

En Colombia hay más de 2,5 millones de personas con, al menos, una limitación o discapacidad, según el Censo General del DANE en 2005. Transmilenio debería garantizar a esta población la libertad de locomoción y las reglas de igualdad y seguridad para personas con discapacidad, según lo ratificó la Corte Constitucional en Sentencia T-508 de 2010.

Según la Ley 361 de 1997, el deber lo tienen las empresas públicas y privadas que presten el servicio de transporte, puesto que les corresponde “facilitar, sin costo adicional para el usuario, el desplazamiento de los equipos de ayuda biomédica, sillas de ruedas u otros insumos y de los perros guías acompañantes de las personas con limitación visual”.

Esto, sin embargo, no se ha cumplido del todo: en 2014, Ana Cristina Paz Gil demandó a la Alcaldía Mayor de Bogotá y a Transmilenio porque los buses SITP no contaban con las condiciones necesarias para el acceso y la movilidad de la población discapacitada.

Eslava subrayó que “los SITP son una trampa mortal para personas con discapacidad”. Incluso, “los buses que ya tienen rampas deberían contar con una señalización notoria para que estas personas puedan orientarse”.

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